Guerra en Irán, ética política, trabajo sucio y decisiones financieras
El Gobierno español se ha mostrado crítico con la guerra iniciada por EEUU e Israel. En términos ideológicos, el planteamiento del Ejecutivo de Pedro Sánchez es coherente. Alinearse con la posición de la ONU ante las guerras resulta lógico. Pero la ética parece en horas bajas y la ética política choca todavía más con intereses que poco tienen que ver con la ideología. La guerra de Irán es una guerra fundamentalmente económica, pero con hidras culturales importantes. Irán es un régimen detestable, algo evidente tras los miles de muertos por la represión de las protestas de los últimos meses. EEUU e Irán han protagonizado el trabajo sucio de atacar a Irán. Sin equidistancias, ni uno ni otros cumplen con estándares éticos suficientes para muchos. Hace algunos años hay que recordar que economistas como Xavier Sala-i-Martin o Santiago Niño Becerra abogaban para que grandes economistas y directivos tomasen las riendas de la política. Tomen nota lo que ocurre cuando hombres como Donald Trump asumen el poder y toman decisiones en nombre de todos. La ética de los negocios tiene poco de lo primero en favor de lo segundo.
[–>[–>[–>Sectores afectados
[–>[–>[–>
El ataque contra Irán protagonizado por Israel y EEUU causa una crisis petrolera, pero que afecta principalmente a Asia, Japón, Corea del Sur e India, que dependen del suministro que llega a través del estrecho de Ormuz. La dependencia estadounidense se calcula en apenas el 2% del suministro petrolero total. Las consecuencias económicas de la guerra son todavía difíciles de calcular, pero la lógica apunta a efectos directos en el mercado energético y de este se derivan encarecimientos en cascada. La misma lógica lleva a pensar que los sectores más electrointensivos o más intensivos en el consumo de gas, como las grandes industrias (química, acero y cerámica), podrían verse más afectados por la subida inicial del coste de la electricidad y de la energía, hasta el sector del transporte o de la logística, por el impacto que podría tener sobre ellos el alza de los combustibles. Pero ningún sector puede salvarse del alza de costes si la guerra se prolonga más allá de las cinco semanas. Las últimas informaciones apuntan a que existirá un despliegue especial en el estrecho de Ormuz para facilitar el transporte de crudo. El objetivo es minimizar los efectos económicos de la guerra en el caso de que esta se prolongue más de lo previsto.
[–> [–>[–>Atentos al dólar
[–>[–>[–>
Felipe Mendoza, analista de mercados EBC Financial Group, describe con el estilo propio de los profesionales que asesoran a los inversores la situación actual y lo que hay que esperar en la bolsa: «El escenario base para las próximas sesiones se inclina hacia una consolidación de la volatilidad estructural, con un sesgo hacia el debilitamiento progresivo de los activos de riesgo. Una vez asimilado el efecto inicial, el mercado transitará de la reacción emocional a la revisión de la duración del conflicto y una evaluación crítica de la capacidad operativa de los estados del Golfo para garantizar la continuidad del suministro energético. En este contexto, el liderazgo del dólar estadounidense se sigue reafirmando como el activo de refugio en las divisas; bajo la premisa de liquidez frente al incremento en los costes de transacción globales y el endurecimiento de las condiciones financieras».
[–>[–>[–>
Costes petroleros
[–>[–>[–>
Joan Escuer, profesor de geología en la Universidad Carlemany, aporta conocimiento en el ámbito de las explotaciones petrolíferas. Escuer explica que la guerra de Irán recorta la producción y «altera la jerarquía petrolera a nivel mundial». En su opinión, «con la posible parálisis de los «supercampos» del golfo Pérsico, la presión se traslada hacia las lutitas del pérmico en Estados Unidos, cuya explotación mediante fracturación hidráulica es geológicamente más efímera, ambientalmente cuestionable y costosa que el flujo natural procedente de los anticlinales persas y árabes. El mundo puede verse obligado a depender de yacimientos de menor calidad y mayor complejidad técnica, lo que establece un suelo de precios estructuralmente más alto debido a la dificultad de extraer cada barril fuera del paraíso geológico de Oriente Próximo. Si el conflicto se dilata lo suficiente, la crisis global está servida con precios que pueden llegar superar los 130 dólares el barril».
[–>[–>[–>Duración de la guerra
[–>[–>[–>
Sobre cuánto durará la guerra en Irán, nadie es capaz de asegurar plazos. Mientras Trump ha apuntado a cinco semanas, como consecuencia de una previsible erosión de las capacidades militares del contrincante, Irán apuesta por una estrategia que no por ser divulgada deja de ser menos amenazante. El Ministerio de Defensa de Irán ha explicado este martes que el despliegue de armamento se llevará a cabo «por etapas» y de forma «proporcional» al nivel de las amenazas en el marco de la operación lanzada por Estados Unidos e Israel contra el país asiático.»Nuestras previsiones de defensa muestran que la capacidad de Irán para continuar sus operaciones y resistir es varias veces mayor que la estimación del enemigo», dijo un portavoz iraní. No se sabe si existe en realidad un «error de cálculo» cometido por Estados Unidos e Israel o es que Irán se abona lógicamente a la propaganda tras registrar al menos 800 muertos, según las estimaciones de Luna Roja.
[–>[–>[–>
Sin gran ‘crash’
[–>[–>[–>
Ante esta compleja coyuntura bélica internacional en Irán, sin olvidar a Ucrania y Gaza, los analistas siguen evaluando sus previsiones en entorno de incertidumbre (con pocas certezas). Pero empieza a ganar peso la idea de que el mercado actual es capaz de manera poco explicable de asumir las circunstancias sin gran ‘crash’. Se diría que las decisiones financieras ya están curadas de espantos y que el ánimo de buscar ganancias se superpone a los sustos de gran calado que supone una guerra en la zona de los grandes proveedores de petróleo del mundo.
[–>[–>[–>
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí