guía total de estrellas, sistemas de juego y estadísticas
El pistoletazo de salida ya ha llegado. El Mundial de futbol, el primero en la historia con 48 selecciones, el primero disputado en tres países y el primero con formato de liga en la fase de grupos, abre sus puertas con una pregunta que nadie puede responder con certeza: ¿quién levantará el trofeo en Nueva York el 19 de julio?
La respuesta, por primera vez en décadas, admite al menos ocho candidatos reales. Francia, Brasil, Argentina, Inglaterra, Portugal, Alemania, Marruecos y una España que llega como campeona de Europa y con el fútbol más brillante del planeta. Ninguna selección parte con una ventaja tan clara como para zanjar el debate antes de empezar, y esa incertidumbre es, precisamente, lo que convierte este torneo en el más abierto que se recuerda.
EL ESPAÑOL analiza a cada una de las grandes favoritas: sus bazas, sus puntos débiles y las razones por las que pueden, o no, llegar hasta el final.
España llega al Mundial como una de las grandes favoritas por presente, profundidad y una identidad reconocible: domina desde la pelota, pero ya no vive solo de ella.
Campeona de Europa en 2024, aterriza en el Grupo H junto a Uruguay, Arabia Saudí y Cabo Verde, un cruce exigente por el peso competitivo uruguayo y la obligación de mandar desde el primer día.
La estrella: Lamine Yamal
Lamine Yamal es la diferencia que cambia el techo de España. No es solo un extremo de desborde: es un generador de ventajas.
Atrae rivales, fija al lateral, libera el carril interior para Pedri y convierte cada recepción abierta en una amenaza real. Su peso es táctico y emocional: España juega mejor cuando él recibe con campo por delante.
El seleccionador: Luis de la Fuente
Luis de la Fuente ha conseguido que España mantenga su cultura de pase sin caer en la posesión decorativa.
Su equipo junta paciencia, presión tras pérdida, extremos profundos y una estructura cada vez más vertical. No ha roto con la tradición, la ha actualizado: menos circulación estéril, más agresividad para llegar al área y recuperar rápido cuando pierde.
La pizarra:
España llega al Mundial 2026 como el equipo mejor construido tácticamente del planeta.
De la Fuente ha perfeccionado un sistema 4-3-3 asimétrico que en fase ofensiva se convierte en un 3-2-5, con Marcos Llorente internándose por la derecha y Cucurella proyectándose por la izquierda, liberando bandas para Lamine Yamal y Nico Williams.
El eje vertebral es Rodri, que actúa como tercer central en salida, acompañado en este once por Zubimendi mientras Pedri conecta los dos tercios del campo con su inteligencia posicional.
Cubarsí y Laporte forman una pareja central de alto nivel técnico, y arriba, Oyarzabal actúa como falso delantero que arrastra líneas para que los extremos penetren con libertad.
Se quedó a un paso Francia de volver a bordar otra estrella en el pasado Mundial. Siempre aspirante a lo máximo y con Kylian Mbappé como gran líder, la selección gala vuelve a aparecer en todas las quinielas.
Encuadrada en el grupo en el Grupo I junto a Senegal, Irak y Noruega, se espera que Francia sume tres victorias y pase a las eliminatorias como primera de grupo.
La estrella: Kylian Mbappé
Quizás no ha tenido su temporada más brillante en el Real Madrid, pero aún así ha sido el máximo goleador y ha dejado su sello prácticamente en cada partido.
Mbappé es todavía más líder en una Francia que no se entiende sin su figura. Tiene vía libre para hacer lo que quiera en el campo, ha dejado atrás sus molestias y sus goles serán fundamentales para el éxito del equipo de Deschamps.
El seleccionador: Didier Deschamps
Desde 2012 lleva ocupando el cargo de seleccionador Didier Deschamps. El seleccionador ha dejado su sello propio en los bleus Campeón del mundo en 2018, subcampeón en 2022, campeón de la Nations League y subcampeón de Europa en 2016.
Esta será la última gran cita de Deschamps, que ya ha anunciado que se marcha de la selección una vez que finalice el Mundial.
La pizarra:
Francia cuenta con una de las delanteras más temibles de todo el Mundial. Mbappé, el Balón de Oro Dembélé, Olise y Barcola forman un cuarteto de ensueño que asusta a cualquier equipo.
Con la ausencia de Camavinga en la lista, Tchouaméni parece el único fijo en el centro del campo, mientras que en defensa Francia cuenta con uno de los mejores centrales del momento como es Saliba. Un equipo intenso, con un gran físico y con detalles de gigante calidad en la delantera que aspira una vez más a lo máximo al igual que en Qatar.
La campeona del mundo va a tener la presión extra de tener que defender su corona tras el gran éxito de Qatar. Scaloni apuesta por un núcleo duro continuista en una cita marcada por ser la última Mundial de Leo Messi.
La Albiceleste quedó encuadrada en el Grupo J junto a Argelia, Austria y Jordania, por lo que todo lo que no fueran tres victorias y el primer puesto sería una sorpresa para Argentina.
La estrella: Leo Messi
No hay duda de que todos los focos los sigue acaparando Leo Messi en esta selección. El astro argentino está ante su última cita con un Mundial, así que pondrá todo su énfasis en este último baile.
A sus 38 años, Messi sigue diferencial en su selección. Con la espinita de ganar un Mundial ya superada, la asociación de Leo en el ataque con otros jugadores de calidad como Julián o Nico González será clave.
El seleccionador: Lionel Scaloni
Lionel Scaloni lleva desde 2018 en el cargo y con él Argentina ha encontrado toda la estabilidad que necesitaba en el banquillo.
El técnico fue uno de los grandes artífices del pasado Mundial y además ha llevado a la Albiceleste a ganar dos Copas de América durante su liderazgo en el banquillo.
La pizarra:
Argentina hace una apuesta continuista con respecto al pasado Mundial en el que se proclamó campeona. El núcleo duro del equipo sigue siendo el mismo, y gran parte del equipo titular será el mismo que disputó la final ante Francia hace cuatro años.
Con ‘Dibu‘ Martínez en la portería, Nahuel, Romero, Otamendi y Tagliafico volverán a formar la defensa. El centro del campo volverá a ser cosa de De Paul y MacAllister, mientras que la buena temporada de Enzo le garantiza un puesto. Arriba. Messi y Julián parecen fijos, y la otra plaza de ataque rotará entre jugadores como Nico González, Nico Paz o Lautaro.
Portugal llega al Mundial como una amenaza silenciosa: no monopoliza el foco mediático, pero acumula talento, experiencia y variantes para competir contra cualquiera. Es una selección más madura, menos dependiente de nombres y más estructurada colectivamente.
Quedó encuadrada en el Grupo F junto a México, Corea del Sur y Ghana, un grupo incómodo por ritmo y perfiles, que exigirá a Portugal imponer control sin perder solidez ante equipos físicamente intensos.
La estrella: Cristiano Ronaldo
Cristiano Ronaldo sigue siendo el gran referente, aunque su rol ha evolucionado. Ya no necesita monopolizar el juego para ser decisivo: selecciona mejor sus momentos y aparece donde más daño hace, en el área.
Su impacto es doble: competitivo y emocional. Portugal juega con otra convicción cuando él está en el campo, y su relación con los jóvenes -más dinámicos y verticales- le permite optimizar sus recursos. Menos volumen, más precisión.
El seleccionador: Roberto Martínez
Roberto Martínez ha construido una Portugal más equilibrada, capaz de alternar dominio con repliegue sin perder identidad. Su trabajo ha sido ordenar el talento ofensivo sin romper la estructura.
Ha dotado al equipo de flexibilidad táctica, potenciando la convivencia entre perfiles creativos y jugadores de ida y vuelta. Portugal ya no es solo un equipo de inspiración: es un bloque que entiende cuándo acelerar y cuándo controlar.
La pizarra:
Portugal parte de un 4-2-3-1 muy claro, con Diogo Costa en portería, Dalot y Nuno Mendes como laterales profundos y Ruben Dias con Inácio como pareja de centrales. La doble base la forman Vitinha y Bruno Fernandes, dos interiores con funciones distintas: uno da continuidad y el otro acelera.
Por delante, Bernardo Silva aparece entre líneas para conectar, mientras Pedro Neto y Joao Neves, según la altura de la línea, dan dinamismo y llegada desde los costados y la segunda línea. Cristiano queda como referencia más alta, atacando el área y fijando centrales.
La clave está en que Portugal junta muchos futbolistas capaces de recibir por dentro, pero sin perder salida por fuera. Es un equipo que puede controlar con pausa y, al mismo tiempo, castigar con mucha facilidad cuando encuentra espacio cerca del área.
Eterna candidata a ganar un Mundial que se le resiste desde 1966, aunque no suele cumplir con las expectativas. Es por ello que LA FA decidió apostar por un entrenador contrastado en la élite como Tuchel.
Los ‘Three Lions’, encuadrados en el Grupo L, se citarán en la fase de grupos ante Croacia, Ghana y Panamá. Todos ellos rivales muy asequibles, incluso la selección balcánica, que no ha conseguido renovarse.
La estrella: Harry Kane
Muchos son los nombres propios a tener en cuenta en el combinado inglés: Bellingham, Rice, Saka…, pero hay uno que destaca sobre el resto: Harry Kane.
Con goles, asistencias y liderazgo. Su capacidad para fijar a los centrales y permitir así que se generen espacios para sus compañeros, además de su olfato goleador le convierten en uno de los mejores jugadores del torneo.
El seleccionador: Thomas Tuchel
Dos finales de la Eurocopa perdidas de forma consecutiva acabaron con el ‘reinado’ de Southgate. Thomas Tuchel será el encargado de cortar una ‘sequía’ que dura ya 60 años. El comienzo promete: se metieron en el Mundial ganando todos los partidos de la fase de clasificación (8) y sin conceder ni un sólo gol.
El alemán ha creado un equipo que está por encima de las individualidades y en sus convocatorias ya ha demostrado que no se casa con nadie.
La pizarra:
Inglaterra se dibuja en 4-2-3-1. Sus planes se cimentan sobre un doble pivote formado por Rice y Elliot Anderson que ha dotado al equipo de un gran equilibrio. Tuchel ha recuperado a Bellingham como media punta, donde el inglés realizó su mejor temporada en el Real Madrid.
En las bandas, dos puñales: Saka y Rashford. El primero es uno de los grandes baluartes del fútbol inglés: polivalencia, velocidad y desborde; mientras que el segundo destaca por sus cambios de ritmo. Los dos extremos acaparan gran protagonismo con los espacios que genera Kane.
Brasil no llega como favorita indiscutible, pero sí como una candidata de máximo peligro: tiene jerarquía, delanteros decisivos y un seleccionador ganador.
La Canarinha quedó encuadrada en el Grupo C con Marruecos, Haití y Escocia, un grupo con debut exigente ante una selección marroquí muy competitiva y margen para crecer durante la primera fase.
La estrella: Vinicius Jr.
Vinicius Jr. es el jugador que puede convertir a Brasil en campeón. Su reto es trasladar a la selección el impacto que tiene en el Real Madrid: atacar espacios, condicionar defensas y decidir eliminatorias.
Con Ancelotti, que conoce sus virtudes, Brasil puede darle un ecosistema más favorable: menos aislamiento, más apoyos y más ataques con campo abierto.
El seleccionador: Carlo Ancelotti
Carlo Ancelotti representa una ruptura histórica y una apuesta por el pragmatismo competitivo. Brasil incorporó a un técnico de élite mundial para ordenar una generación con talento, pero irregular en las Eliminatorias.
Su plan apunta a proteger mejor al equipo, potenciar a Vinicius y Raphinha cerca del área y simplificar la toma de decisiones en los metros finales
La pizarra:
Ancelotti ha construido una Brasil que abandona el romanticismo del joga bonito para adoptar una estructura europea basada en la posesión y la eficacia táctica.
El sistema 4-3-3 de la Canarinha tiene en Casemiro y Bruno Guimarães el doble ancla que protege la salida de balón, mientras Luiz Henrique actúa como mediapunta con libertad vertical.
Las bandas son los grandes activos ofensivos: Raphinha y Vinicius Jr. son hoy dos de los mejores extremos del mundo, y el sistema les otorga la anchura necesaria para desbordar con velocidad.
Matheus Cunha ejerce de nueve falso, cayendo al espacio y conectando con los extremos, en un esquema sin delantero centro puro que obliga a los rivales a decidir entre cerrar el centro o cubrir las bandas.
Para Alemania, este Mundial supone una oportunidad de redención. Tras varios torneos decepcionantes, con eliminaciones tempranas en 2018 y 2022, el equipo alemán encara esta edición con un proyecto renovado, mezcla de juventud, jerarquía y una obligación histórica que siempre les acompaña: competir para ganar.
La estrella: Jamal Musiala
Una vez terminada la generación de oro, Die Mannschaft no ha parado de generar talento y ahí destaca Musiala.
El jugador del Bayern, con una mezcla única de habilidad técnica, regate y visión de juego es clave en el ataque alemán.
El seleccionador: Julian Nagelsmann
No termina el que va a ser el seleccionador más joven del Mundial es completar un proceso de regeneración que lleva años estancado.
Es por ello que ya suenan incluso nombres por si en Estados Unidos, México y Canadá se consume el último batacazo tras caer en los cuartos de final de ‘su’ Eurocopa.
La pizarra:
Nagelsmann emplea un 4-2-3-1 priorizando la posesión e intentando ser un equipo muy vertical. Defiende con Kimmich, Rüdiger, Schlotterbeck y Raum; mientras que Pavlovic y Goretzka recuperan alto en el doble pivote.
Havertz, Musica y Wirtz crean para abastecer a Woltemade. Sin duda, el mejor ‘9’ que han generado desde que Klose decidiese colgar las botas en 2016.
Versátil, la selección alemana con el sello de Nagelsmann adapta distintas formaciones en función de sus rivales, manteniendo contundencia pese a vulnerabilidad en las contras.
Marruecos ya no es una sorpresa, sino una selección instalada en la élite competitiva. Su gran valor sigue siendo el orden, la solidaridad defensiva y la capacidad para convertir partidos largos en escenarios incómodos para el rival.
En el Mundial 2026 llega con más experiencia, más recursos ofensivos y una idea más madura. Si antes su fuerza estaba sobre todo en resistir, ahora también quiere mandar por momentos con balón.
La estrella: Brahim Díaz
Brahim Díaz es el jugador que puede darle a Marruecos una capa extra de creatividad. Tiene pausa, regate corto y la capacidad de romper una defensa desde la recepción entre líneas.
Su importancia va más allá del talento: es quien puede transformar una selección muy ordenada en un equipo con más imaginación en los últimos metros. Si Brahim entra en ritmo, Marruecos gana una vía de gol distinta y mucho más difícil de prever.
El seleccionador: Mohamed Ouahbi
Mohamed Ouahbi llega al Mundial con una responsabilidad enorme: recoger el testigo de Regragui y mantener a Marruecos en la élite competitiva. Su nombramiento supone una transición hacia una idea más fresca, pero sin romper la base de orden, disciplina y solidaridad que ha hecho fuerte a la selección.
Ouahbi hereda un equipo con mucha madurez competitiva y con la exigencia de seguir creciendo sin perder identidad. Su reto es conservar la fiabilidad defensiva de Marruecos y, al mismo tiempo, dar más continuidad y fluidez a un ataque que ahora tiene más talento para producir desde la posesión.
La pizarra:
Marruecos se dibuja en un 4-1-4-1 que puede convertirse en 4-3-3 según la altura de Brahim y la participación de los interiores. Bono sostiene la portería, Hakimi y Mazraoui dan profundidad por fuera y Aguerd con El Yamiq aportan altura y protección.
Amrabat actúa como ancla por delante de la defensa, permitiendo que Brahim reciba entre líneas y que los jugadores de banda ataquen con más libertad. El equipo también gana amenaza con un delantero de área como En-Nesyri, capaz de fijar y atacar centros.
La gran virtud de Marruecos sigue siendo la estructura: líneas juntas, ayudas permanentes y muy poca concesión al rival. La diferencia respecto a otras versiones anteriores está en que ahora tiene más recursos para dañar sin perder su identidad.
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