Hay mucho más dinero en el mundo del arte que en el literario
En 1984, Thomas Bernhard publicó ‘Tala’, considerada por el crítico Marcel Reich-Ranicki una de las 20 obras maestras de la literatura alemana. En ella, el autor austriaco despliega una diatriba, formal y estilísticamente brillante, contra el mundo artístico de la Viena de entonces. Más de cuatro décadas después, aquel libro cayó en manos de Zoe Dubno (Nueva York, 1995), aspirante entonces a escritora.
[–>[–>[–>Su lectura la volvió loca: eso que Bernhard contaba, lo que describía, le resultaba más que familiar, era su mundo, todo lo había vivido, las relaciones interesadas, de poder. Y decidió escribir su propia ‘Tala’. Así nació ‘Felicidad y amor’ (Alba Editorial), un libro extraordinario que dialoga con el del autor de ‘Extinción’ mostrando los llamativos paralelismos entre aquella época y la actual, pues hay cosas, escenas, que nunca cambian.
[–> [–>[–>La protagonista de la novela es una joven neoyorquina que, tras haber huido del elitista ambiente cultural de su ciudad natal, regresa para asistir al funeral de una amiga que ha muerto de sobredosis. Allí, durante una cena en memoria de la fallecida, se reencuentra con la gente de la que escapó y, sentada en la esquina de un sofá, destripa quiénes son realmente, a qué se dedican.
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Un debut deslumbrante (un solo párrafo fragmentado, desde una perspectiva fija y con un único narrador) que acaba de llegar a las librerías españolas y del que su autora habló hace unos días con el suplemento ‘ABRIL’ desde su apartamento en Nueva York.
[–>[–>[–>Siendo esta su primera novela, es curioso que se decantara por un tema tan particular como el mundo artístico y el literario, sus egos…
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La gente siempre te dice: escribe sobre lo que sabes. Y cuando leí ‘Tala’, con el que la novela dialoga, pensé: conozco tan bien este mundo… Y pensé que era una forma fantástica de plasmar mi forma de vida, la gente que conozco, los problemas que tengo, cosas muy universales.
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[–>Al ser su debut en la ficción y estar escrita en primera persona, la pregunta es casi inevitable: ¿que tiene la protagonista de usted?
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Definitivamente, no soy yo. A veces hasta discrepo con la narradora, otras coincido. La principal diferencia entre la narradora y yo es que no creo que yo pudiera mantener una amistad tan duradera y profunda con gente que no me agradara.
[–>[–>[–>En ese sentido, la industria suele arrastrar a las escritoras a arquetipos: la literaria, la sensación debutante… Pero usted parece escribir contra esa categorización.
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Oh, gracias. Nosotras, como escritoras, no pensamos tanto en esas categorizaciones como los lectores, los críticos, las editoriales y la gente que intenta comprender dónde encaja esto en lo que sea. Cuando estaba escribiendo el libro, simplemente lo escribía, no pensaba en cómo lo recibiría la gente. De hecho, ahora que estoy trabajando en mi segundo libro pienso que no quiero que me metan en ninguna caja, quiero hacer algo diferente. Algunas de mis amigas novelistas han visto cómo sus libros se han convertido en parte de toda una conversación sobre las mujeres en la escritura, pero son cosas que se les han impuesto. Así que yo estoy muy agradecida de que mi libro no se haya visto envuelto en eso. Bernhard es famoso por ser un hombre, ¿verdad? A los hombres les encanta, porque es un misántropo, un cascarrabias, o lo que sea. Pero para mí, cuando lo leí, casi no tenía género, y eso es lo que también me gusta de mi narradora: aunque es mujer, podría ser un hombre.
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Perfectamente.
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Es cierto que hay muchas escritoras que ahora mismo son muy populares escribiendo sobre sexo, lo que significa ser mujer y demás, pero a mí me interesan otras cosas.
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¿Y por qué se inspiró en ese libro de Bernhard, ‘Tala’, una novela ambientada en la escena musical y teatral de Austria en los 80?
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Descubrí ‘Tala’ cuando conocí a mi novio. Me dijo que lo que estaba escribiendo era muy estilo Bernhard y me recomendó que leyera esa novela. Recuerdo que cuando la leí pensé: es una locura que esto sea de los 80 en Austria, porque conozco a toda esa gente. Durante un tiempo, no volví a pensar en ello, pero luego empecé un máster de ficción y acabé trabajando con John Keene, un escritor increíble. Fue él quien me animó a escribir mi ‘Tala’ particular. Empecé a escribir y lo escribí todo muy rápido, fue como… ¡Guau, puedo escribirlo! Y pensé: ¡Ay, esto es increíble! ¿Quién dijo que había que escribir libros al estilo de Jane Austen o Dickens?, ¿qué hace que sea más válido copiar ese estilo y no el de Bernhard? Así que lo hice.
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El escritor Zue Dubno. / Caroline Tompkins
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Son muy llamativos los paralelismos entre esa época, la década de los 80 en Austria, y la actual, ¿no?
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Sí. Bernhard tiene una obra increíble, no sé cómo se titula en alemán, creo que en inglés está traducida como ‘Histrionismo’ [‘Histrionics: Three Plays’]donde dice que hoy en Austria viven aún más nazis que durante la guerra. Eso fue en los años 80 o 90, y pensé que era muy audaz y muy cierto. Y pensé que había un paralelo extremo con la era actual. El mundo del arte, sobre todo en Estados Unidos, pero en general en todas partes, es un lugar loco, lleno de explotación, de gente que… Es muy raro encontrar un multimillonario ético que se haya ganado la vida haciendo cosas sin molestar a los demás.
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¿Y ese mundo, el del arte, es muy diferente del mundo literario?
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Totalmente. En el mundo literario hay benefactores que financian revistas y cosas así, pero nadie te va a pagar un millón de dólares por tu novela. Hay mucho más dinero en el mundo del arte que en el literario, así que las relaciones son menos explotadoras. Al menos, esa es mi experiencia.
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Nadie te va a pagar un millón de dólares por tu novela. Hay mucho más dinero en el mundo del arte que en el literario, así que las relaciones son menos explotadoras
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Hay alas completas de museos estadounidenses muy importantes que llevan los nombres de personas vinculadas a cosas bastante cuestionables. Es decir, el arte, que debería centrarse en la belleza, en la imaginación, también se ha vuelto inseparable de la política y del poder. ¿Qué opina al respecto?
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Es interesante el paralelismo con Bernhard, porque él es muy crítico con el arte estatal, con quienes reciben dinero del Gobierno austriaco. Aunque es curioso, porque en EEUU han desmantelado el arte estatal, el Fondo Nacional para las Humanidades ha quedado reducido casi a cero. Trump se ha autoproclamado el principal comisario de arte del país. No hay nada, nada, lo único que queda son multimillonarios que gobiernen el mundo del arte. Es extraño. Y creo que en el mundo del arte hay mucha gente que se tapa los oídos y los ojos y dice: Nos importa el arte, así que tenemos que aceptar este dinero y hacer esto y fingir que es virtuoso y bueno porque si no todo el castillo de naipes se derrumba. No voy a juzgarlos si creen que vale la pena y quieren invertir su tiempo y su vida lavando el dinero de multimillonarios que quieren sentirse más éticos. Pero no van a lograr que gente como yo les diga que lo que hacen está bien y que les aplauda.
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¿Y qué cree que el mundo cultural puede hacer al respecto?
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No lo sé. Deberíamos tener un mundo mucho más justo en el que no debería haber multimillonarios. Si la gente quiere ser artista, debería poder serlo y no debería tener que aparentar con gente tan rica, porque esa gente no debería existir. Esa es mi opinión. Pero, por desgracia, yo no tengo ninguna responsabilidad.
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Seth Price, el artista, escribió una vez que la única manera de ser amado por una escena es permanecer fuera de ella. ¿Está de acuerdo con él?
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Adoro a Seth Price. Sí, estoy totalmente de acuerdo con él. Si quieres ser amado por esa gente, tienes que mantenerte un poco apartado. Tiene toda la razón, y es básicamente uno de los puntos de mi libro.
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En EEUU han desmantelado el arte estatal, el Fondo Nacional para las Humanidades ha quedado recudido casi a cero. Trump se ha autoproclamado el principal curador de arte del país
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Leyéndola, me acordé de Cookie Mueller y eso que escribió en los 70: «Nunca en la historia tanta gente ha sido tan famosa por hacer tan poco». Algo muy actual, también.
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Totalmente. Quizás ese sea el temperamento de los artistas, ser celosos, maliciosos y quisquillosos con nuestros amigos y con nuestros supuestos enemigos. Pero creo que existe una percepción, sobre todo en Instagram y cosas así, que lo empeora. Antes, si alguien era un fracasado y otro triunfaba, no tenías por qué enterarte, no estabas tan al tanto de las carreras, de los apartamentos, de la ropa y las vacaciones de los demás. Ahora te lo restriegan todo por la cara constantemente y, si eres celoso, no tienes escapatoria. Ahora creo que es aún más cierto lo que dijo Cookie Mueller, porque vemos a gente tener mucho éxito haciendo muy poco. Hace poco discutía con un amigo que decía de alguien que conocemos que era un cobarde por no publicar y mantener sus escritos en secreto. ¿Por qué no había conseguido un contrato editorial todavía? ¿Por qué no se lo había mostrado a ningún agente? ¿Por qué no había dejado que nadie lo leyera? Y yo pensaba: No creo que sea un cobarde, simplemente no tiene tantas ganas de ser leído. Soy muy properdedores. De hecho, en muchos sentidos yo soy una perdedora. El hecho de que tenga un libro que ha tenido éxito, que se ha publicado y se está traduciendo a otros idiomas me parece increíble porque no soy una persona muy funcional. Solo quiero divertirme y hacer lo que me apetece. Para mí, la vida artística era muy atractiva porque nunca quise que nadie me controlara, nunca quise tener que hacer lo que otros querían. De adolescente trabajé en oficinas y pensaba: me voy a suicidar, no entiendo cómo toda esta gente puede hacerlo. Por ahora, vivo con muy poco dinero, tengo la mejor vida posible de mi vida.
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Volviendo a la novela, no sé si está de acuerdo, pero leerla es sentir, ¿cómo decirlo?, que no hay nada de malo en la contradicción.
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Estoy totalmente de acuerdo. Últimamente la gente ha perdido la capacidad de leer ficción debido a la presencia tan importante del autor en nuestras vidas. La cantidad de fotos glamurosas que he tenido que hacerme para promocionar mi libro me parece increíble. Lo que me encanta de Bernhard es que no te muestra nada de sí mismo y dice cosas contradictorias todo el tiempo, cambia de opinión en la misma página. Cuando has decidido que toda ficción es un ensayo de opinión del autor, es difícil convivir con esas contradicciones. Pero es que la vida es contradictoria, mírame a los ojos y dime que no vives de una manera completamente contradictoria.
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Totalmente. Me gustaría hablar de la estructura de la novela, un solo párrafo, fragmentado, desde una perspectiva fija con un único narrador… ¿Cómo logró escribirla?
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Bueno, al principio lo escribí con bastante facilidad porque solo escribes el párrafo. Lo realmente difícil fue la edición. Es muy fácil escribir si te diviertes escribiendo, simplemente lo escribes. Lo que quiero decir es que me fascinan los autores que escriben como Jane Austen, eso sí que es escribir. Eso no es lo que yo hago. Jane Austen crea escenas donde suceden cosas específicas. Creo que es mucho más difícil combinar esas escenas de forma que generen tensión narrativa. En mi libro, la voz hace gran parte del trabajo.
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Hacer cosas que estén en contacto con la naturaleza, que sean placenteras y no requieran mucho esfuerzo es un buen antídoto frente a la desafección
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Hemos hablado de la contradicción, pero en la novela también se percibe un descontento generalizado. ¿Tiene alguna solución?
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Es muy importante tener relaciones con personas que no sean transaccionales. El mundo del arte es muy extraño y el mundo de la literatura también, pero tu trabajo no consiste en socializar tanto, es necesario tener relaciones reales más allá de eso. Me encanta tener aficiones interesantes, acabo de aprender a hacer cerámica, y creo que hacer cosas que estén en contacto con la naturaleza, que sean placenteras y no requieran mucho esfuerzo puede ser un buen antídoto frente a ese tipo de desafección, al menos en mi caso. He dejado de salir con gente que odio, y eso me ha ayudado mucho.
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También a la narradora, se da cuenta de que toda esa gente ya no tiene poder sobre ella.
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Totalmente. Es algo que tienes que aprender. Hay algo en darles a otros poder sobre tu vida y sobre ti mismo que te llevará a la ruina, creo.
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La última: ¿cómo se alcanza el equilibrio entre ser el centro de atención y la reflexión crítica, la quietud que reclama la escritura?
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No lo sé. Hay algo de foco de atención, pero se concentra en un mes. Aunque la verdad es que fue bastante difícil para mí, estaba un poco paranoica, la atención que recibía era pequeña, pero me resultaba inmanejable. Por fortuna, la gente no lee mucho, así que, siendo novelista, no es que te vayan a parar por la calle. Para mí, es más bien la conciencia de que alguien leerá lo que he escrito, así que, ¿qué tipo de versión de mí quiero presentar en la ficción? Por suerte, la ficción te permite un poco de artificio tras el que esconderte. Pero creo que se trata de escribir y decir: soy solo yo escribiendo esto, nadie lo va a leer jamás, no importa cómo se perciba. Eso es lo difícil, eso es lo más difícil.
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Felicidad y amor
Zoe Dubno
Traducción de María Serrano
Alba Editorial
208 páginas
19,50 euros
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Puedes consultar la fuente de este artículo aquí