Hipócrita se escribe con h
En una Historia que está ensuciada por la hipocresía, una de las más ofensivas es la de dedicar un monumento «al soldado desconocido». Porque «desconocido» era sin duda para el gobernante desalmado que le había enviado a la guerra, pero para su madre ¡vaya si era conocido! De ella, de esa madre, no quedan en los libros de historia más que el reguero de sus lágrimas.
[–>[–>[–>El malvado sabio que fue don Francisco de Quevedo sostuvo que «la calle más larga que existe es la de la hipocresía, tan larga que cada uno tiene en ella su cuarto». Hoy hubiera dicho su «duplex» o su «adosado».
[–> [–>[–>Su número es infinitus, estamos a la espera de que se convoque el día del «Orgullo hipócrita» y recorran en carrozas, por nuestras ciudades, los hipocritones de todos los sexos y todas las sensibilidades existentes entonando sus consignas y convocando el concurso para otorgar el título de «Hipócritón Premium» que ganaría quien fuera más vicioso en la traición y más refinado en la vileza. Es decir, aquellos cuyas palabras estuvieran mejor aderezadas de embustes y mejor alicatadas de venenos.
[–>[–>[–>
Es el momento de constituir la Asociación «Hipócritas sin fronteras», naturalmente «con ánimo de lucro». De lucro, de provecho y de enriquecimiento porque de eso se trata, aquí está el busilis de toda la hipocresía.
[–>[–>[–>Y también de prohibir los matrimonios mixtos, es decir, aquellos que puedan unir a un hipocritón con trienios con una mujer inocente, recatada y sensible. Con ello se trata de preservar la pureza de la condición hipocritona, de suerte que, en la casa de maternidad, se pueda decir a la madre recién parida: «Señora, ha tenido usted a un hipócrita fetén, sin aditivos ni conservantes».
[–>[–>[–>
Urge hacer colectas para encargar a los escultores inspirados el monumento al «hipócrita conocido». O una estatua en la que se inmortalice a un hipocritón, no a caballo como comparecían los antiguos, sino en un SUV, «crossover», «hatchback», híbrido enchufable o microhíbrido, a ser posible con pila de combustible e inyección directa.
[–>[–>
[–>Porque tan peregrinas denominaciones tienen hoy lo que en épocas más aflictivas llamábamos «coche». Éramos más pobres, la economía se desplazaba con modales de reptil sin prisas y no «iba como un tiro». Preciso era, de aquella, ahorrar palabras y minimizar esfuerzos.
[–>[–>[–>
Ahora, cuando el gobierno ha anunciado la publicación cada seis meses de un «ranking» del (h) odio, debería animarse a publicar otro de los hipócritas, un catálogo de panzones y malcosidos.
[–>[–>[–>Pero, ojo, y aqui viene lo más importante. Intentará el tal gobierno que «hipócrita» se escriba sin h, como está haciendo con los jueguitos del (h) odio. Una maniobra de despiste. O, mejor, de ocultación, cuyo objeto sería crear una palabra con la que blanquear lo que de hipocritona tiene el alma del empoderado plurinacional, del progresista medrado y trepador, del individuo de la banda del Renault, sepulturero de la Constitución, con cara de no haber roto un plato por estar instalado siempre en el lado correcto y suculento de la historieta.
[–>[–>[–>
Toca defenderse y proclamar que «hipócrita» se escribe con h. Con h de hediondo.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí