Impacto y olvido
Impresiona pensar en la cantidad de hitos políticos que han marcado el panorama internacional, donde sobresalen con fuerza la reconfiguración geopolítica global y el cambio de paradigma en las relaciones internacionales impulsado por la Administración Trump.
[–>[–>[–>Pero más allá de los conflictos y sus devastadoras consecuencias, quisiera detenerme en una cuestión: cómo lo vivimos quienes estamos al otro lado de la tragedia y qué capacidad tenemos de mantener nuestro compromiso con ella. Porque una cosa es observarlo desde la comodidad del bienestar que nos otorga el mundo occidental y otra, muy distinta, sufrirlo en primera persona.
[–> [–>[–>Digamos que empatizamos, nos solidarizamos y nos involucramos; pero desde la fugacidad de un tiempo doblegado por la instantaneidad en un mundo que duele. Un dolor que se ve reducido a un momento, a veces a un like. La dictadura de la pantalla y de las redes sociales actúan como un binomio que devora la actualidad de los acontecimientos políticos sin compasión. Recuerdo, por ejemplo, la explosión de solidaridad con el pueblo ucraniano cuando Rusia invadió Ucrania en febrero de 2022. Hoy, más de cuatro años después, la guerra aún no ha terminado y las pantallas hace tiempo que miran hacia otros lugares. Ocurre lo mismo al fijar la vista en el pueblo palestino; un sufrimiento histórico recrudecido con extrema crueldad en los últimos años y del que casi no se habla ya. Pero sigue ahí, como un ruido de fondo habitando entre ruinas. El algoritmo los ha debido sepultar.
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De alguna forma, hemos asumido que el compromiso con un mundo mejor se reivindica en un momento puntual, con cada caso concreto. Como si pasáramos de pantalla. El drama migratorio es un buen ejemplo de ello. Hace unos días naufragó una embarcación que se dirigía a Canarias procedente de Gambia. Hay más de ciento cuarenta personas desaparecidas. Sobrecoge pensar en el abismo de todas esas vidas engullidas por el agua mientras al otro lado quizá republiquemos la noticia antes de deslizarnos hacia otros contenidos. Pienso en todo ello y no puedo evitar preguntarme si el verdadero peligro de este tiempo es la crueldad de quienes ejecutan las tragedias o la ligereza con la que dejamos que mueran en el olvido. Porque solo desde el compromiso sostenido puede emerger un mundo más humano.
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