Interior renueva su estrategia contra un cibercrimen récord en España: 488.426 delitos registrados en 2025
Las usurpaciones de identidad, violaciones de cuentas de correo, tráfico de datos robados, asaltos a cuentas bancarias online, odio al diferente, inducción de menores al suicidio o a la prostitución… crecen de nuevo en España, tras un breve respiro en 2024. El cibercrimen llega ya las 488.426 infracciones penales cuantificadas en 2025.
[–>[–>[–>El descenso estadístico que se había anotado en 2024 fue coyuntural, y continúa la tendencia natural al alza del uso de internet como territorio para delinquir. Las nuevas cifras están en la base del nuevo Plan Estratégico Integral sobre Cibercriminalidad, Ciberseguridad y Desinformación del Ministerio del Interior. El plan ha sido aprobado por la secretaria de Estado de Seguridad, Aina Calvo, en una instrucción, la 3/2026, firmada el pasado 14 de mayo, y publicado esta semana en la intranet de la Oficina de Coordinación de Ciberseguridad para ponerla al alcance de los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
[–> [–>[–>La estrategia -remitida a los directores generales de la Policía, Francisco Pardo, y la Guardia Civil, Mercedes González, entre otros altos cargos de la Seguridad del Estado- habla de reforzar medios y esfuerzos ante un problema de seguridad nacional, “en un mundo en el que cada vez son más difusas las fronteras entre la cibercriminalidad convencional, de motivación tradicionalmente económica, y otras amenazas procedentes del ciberespacio, como el hacktivismo o los ataques a los sistemas de información de entidades críticas, cuyo objetivo es la quiebra de la seguridad pública y la confianza en el sistema”.
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Cifra negra
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El informe de Interior considera, una vez más, que existe una “cifra negra” u oculta, asociada a estafas, contenidos de abuso sexual infantil, acoso sexual online o delitos de odio cuyas víctimas no acuden a las fuerzas de seguridad.
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El fraude informático es el delito mayoritario de esta franja, con 429.677 casos que alcanzan también el pico más alto de la serie histórica. A muchas distancia, los delitos de falsificación informática, amenazas y coacciones y el acceso e interceptación ilícita de contenidos privados.
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El informe hace una reserva específica para expresar preocupación por “la doble victimización que sufren los particulares a los que, tras ser estafados, los delincuentes aprovechan sus datos para cometer otros fraudes”. Estas víctimas reaprovechadas -y por tanto revictimizadas– por las redes criminales, “en ocasiones pueden llegar incluso a ser encausadas en procesos penales como posibles autoras de esos otros fraudes, hasta que se puede determinar que sus datos de identidad fueron usurpados”.
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[–>Entre las tendencias de los delitos online, el smishing, o fraude en el que la víctima pica en un mensaje de texto, es señalado como el tipo de phising (pesca de víctimas) más común. La Secretaría de Estado de Interior advierte de que es un “fenómeno en alza”, el vishing, o engaño simulando el delincuente ser alguien de confianza de la víctima, entrando en el campo de la suplantación de identidad.
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Los redactores del informe refrendan la tendencia, observada antes por otras entidades de vigilancia pública de la ciberseguridad, a que redes criminales contraten los servicios de otras redes criminales para obtener datos robados o herramientas para estafar o asaltar u ocultar el rastro. Se llama CaaS, respondiendo a las siglas inglesas Crime as a Service, o crimen como servicio, que mutiplica la potencia y los efectos de la ciberdelincuencia previo pago con criptomoneda.
[–>[–>[–>Odio online
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Los delitos de odio constituyen la franja más gruesa de la «cifra negra», los ataques no denunciados, esa fenomenología violenta y delicuencial que queda en la sombra. Ataques por motivos de orientación sexual, identidad de género, discapacidad, raza o religión (entre otros) circulan ya por internet y redes sociales en un 10,99% de todos los casos.
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La mayoría de las personas que han denunciado haber sufrido delitos de odio en internet, un 67,4%, ha sufrido amenazas en línea en al menos cinco ocasiones
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El informe en el que se basa la instrucción de la Secretaría de Estados de Interior señala un aumento -seguramente coyuntural- del antisemitismo, con un 57,1% de subida en las denuncias, y una característica diferencial de este tipo de delitos: la mayoría de las personas afectadas, un 67,4%, ha sufrido amenazas en línea en al menos cinco ocasiones.
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Conectado con el odio cibernético, el uso del ciberespacio por terroristas y extremistas violentos. Los detenidos por delitos de propaganda terrorista en línea han pasado entre 2023 y 2025 de 45 a 78. La Secretaría de Estado se propone “mejorar la detección precoz de los procesos de radicalización e intervenir de forma más decidida en entornos digitales”.
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Esos entornos por los que se mueven los contenidos terroristas son cada vez más variados: plataformas en línea, redes sociales, aplicaciones de mensajería cifrada y, campo ancho de expansión, los foros de videojuegos y metaversos.
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La estrategia de Interior observa tres elementos comunes entre extremistas yihadistas y extremistas laicos o no adscritos al rigorismo musulmán: la fascinación por la violencia, el rechazo a las autoridades y el odio al colectivo LGBTQ+.
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Atacar a los niños
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Interior se plantea como objetivo el uso de software de descifrado, e incluso desarrollar herramientas propias para penetrar en el secreto de las comunicaciones de las redes criminales.
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El descifrado tiene una utilidad estratégica de seguridad en la lucha contra el tráfico de un contenido especialmente dañino de la criminalidad ciber: la pornografía infantil y el abuso de niños en línea, principalmente, pero también bajo nuevas modalidades derivadas del empleo criminal de la inteligencia artificial o de mecanismos para la conversación clandestina con menores sin que lo adviertan sus tutores o sus padres.
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La estrategia de Interior se propone pelear contra la difusión de contenido de abuso sexual infantil obtenido mediante una agresión directa al menor, o creando imágenes eróticas virtuales de niños y niñas -que las fuerzas de seguridad llaman “imágenes sintéticas”- o infantilizando fotos reales de adultos, o desnudando con IA fotos reales de menores.
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Estos dos últimos métodos son puerta para el ciberacoso, el engaño, el tráfico o la inducción online a menores para que se prostituyan.
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La estrategia de Interior advierte, textualmente, de “otra de las múltiples amenazas para los menores en ese entorno digital”, especialmente dañina, que es “la incitación y promoción de conductas autolesivas para la comisión del suicidio o fomentando los trastornos de la conducta alimentaria”.
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