Isidro Fernández Rozada: hijo predilecto de Asturias
Cada 8 de septiembre, cuando celebramos el Día de Asturias y de la Santina de Covadonga, nuestra tierra se mira a sí misma y reconoce a quienes han dedicado su vida a servirla, sean de una ideología o de otra. Este año el Principado propone el título de Hijo Predilecto de Asturias a Isidro Fernández Rozada. Para muchos será el reconocimiento a una trayectoria política larga y honesta. Para mí, además, es el homenaje a un amigo de toda la vida.
[–>[–>[–>Isidro nació en La Cerezal y bajó a vivir a Blimea, donde yo he nacido, y donde nos conocemos desde hace más de setenta años. Allí empezamos a compartir vida cuando aún no sabíamos lo que nos depararía el futuro. La amistad que nació entonces ha resistido el paso del tiempo, las distancias y las responsabilidades. Él ha vivido siempre en Asturias; yo llevo más de medio siglo residiendo en Zaragoza. Pero la amistad verdadera no entiende de kilómetros.
[–> [–>[–>Quienes conocen a Isidro saben que su vida pública ha estado marcada por una dedicación constante a Asturias. Durante muchos años fue presidente del Partido Popular de Asturias y representó a nuestra Comunidad en el Senado durante cinco legislaturas. También fue diputado en el Congreso de los Diputados de España otras tres legislaturas más, donde tuve el privilegio de compartir escaño con Isidro, él como diputado del PP por Asturias; yo, como diputado del PP por Zaragoza. Aquella experiencia me permitió comprobar aún más de cerca algo que ya sabía desde niño: su capacidad de trabajo, su serenidad y su profundo respeto por las instituciones.
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Isidro ha recorrido Asturias de norte a sur y de este a oeste. Su temperamento inquieto le llevó a conocer sus pueblos, sus gentes y sus preocupaciones. No lo ha hecho desde la distancia de su despacho, sino desde la cercanía de quien escucha, pregunta y vuelve una y otra vez a los mismos lugares. Ama profundamente esta tierra y se siente parte de ella en cada valle, en cada puerto de montaña y en cada conversación con sus paisanos, y en la mayoría de las ocasiones, en aquella época, acompañado de Manuel Fraga en defensa del proyecto político de Alianza Popular.
[–>[–>[–>Pero si algo define a Isidro, más allá de los cargos que ha ocupado, es su condición humana.
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Es generoso, y, sobre todo, leal con sus amigos. Yo he tenido la fortuna de comprobarlo durante toda una vida. También he compartido momentos entrañables con su familia: con su esposa Carmen, siempre discreta y cercana, y con sus hijos Javi e Isidro, a quienes tengo ungran cariño desde que eran niños.
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[–>Por eso este reconocimiento tiene un valor especial. Es justo que Asturias premie a quien tanto ha trabajado por ella. Y también es justo reconocer el gesto del Gobierno del Principado, presidido por Adrián Barbón, al conceder esta distinción a un político del Partido Popular, lo que hace más meritorio este privilegio. En tiempos en que la política a veces se vuelve áspera, conviene recordar que los adversarios no son enemigos. Isidro siempre lo entendió así. Defendió con firmeza sus ideas, pero lo hizo con educación y respeto hacia quienes pensaban distinto, siempre tendiendo puentes. Esta es quizá, uno de los mejores legados que deja su trayectoria: la convicción de que la política debe de ser un servicio, no un campo de batalla.
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Para mí, sin embargo, este reconocimiento tiene también un significado íntimo. Cuando escucho el nombre de Isidro no pienso primero en el senador ni en el diputado. Pienso en el amigo con el que crecí en Blimea, el muchacho con el que compartí juegos, conversaciones y sueños cuando la vida apenas comenzaba. Asturias le nombra Hijo Predilecto. Y quienes hemos tenido la suerte de conocerlo desde siempre sabemos que, en realidad, lo ha sido toda su vida. Porque Isidro nunca ha dejado de ser, por encima de todo, un buen asturiano y una buena persona.
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