La agresión racista a un enfermero de un hospital de Gran Canaria
David, enfermero del Hospital Universitario Insular de Gran Canaria, tuvo que presentarse el sábado en su puesto de trabajo para atender a un paciente que, el lunes de la misma semana, lo había agredido. El incidente ocurrió hace una semana y cuenta con el agravante de tratarse «del primer caso con componente racista», asegura el Sindicato de Enfermería Satse. «Esclavo», «negro de mierda» o «vuélvete en patera» son sólo algunos de los improperios que recuerda la víctima. David no es el único que se ha enfrentado a esta realidad.
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David -cuyo apellido prefiere mantener en el anonimato- relata que el incidente comenzó con la discusión entre el agresor y su compañero de habitación. El primero comenzó a increpar al otro paciente «con una actitud agresiva», lo que generó que el ambiente se fuera caldeando cada vez más. En esta tesitura, una compañera de David se vio obligada a intervenir. El paciente -explica David- la insultó y agredió verbalmente.
[–> [–>[–>Al ver que la situación estaba fuera de control, David medió para ayudar a su compañera y calmar la situación: «De forma tranquila, le dije que tenía que bajar el tono. Ante esto, comenzó a proferir amenazas e insultos y le hizo el gesto de cortarle el cuello al otro paciente», recuerda. El enfermero decidió llamar a seguridad, momento en el que el acompañante del agresor intentó golpearle haciendo uso de una muleta -no llegó a impactar porque la agarró su compañera- y lo empujó fuera de la habitación mientras le gritaba diversos insultos racistas.
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Reincidencia
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«Esto es una planta de hospitalización, no un hotel. Creó una situación de estrés para todos y me puso a mi en el centro», argumenta David que, además, añade que no se trataba del primer incidente que protagonizó el agresor: «Había constancia de que este hombre, tres días atrás, había agredido verbalmente a otra compañera».
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A pesar de esta situación, «la falta de consecuencias» deriva en que los profesionales están obligados a acudir a su puesto de trabajo en un contexto que les supone un enorme estrés: «Tengo que ir a trabajar con una persona que me ha llamado esclavo». Los sanitarios se sienten desprotegidos y este incidente no se trata de un caso aislado. «Esto pasa mucho. Hace un par de semanas, una compañera sufrió una situación en la que le estuvieron intimidando y le gritaron. Cada vez hay menos respeto y más violencia».
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Líneas de actuación
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David no se siente «ni apoyado ni amparado» por su centro hospitalario, y pone el foco en que las líneas de actuación «tienen que ir en otra dirección». El enfermero revela que no ha recibido noticias «ni de la dirección médica ni de la de enfermería» y critica que la forma con la que se encaran las agresiones es «muy lenta y demasiado burocrática». «Lo único que quiero, al igual que mis compañeros, es hacer mi labor lo mejor que pueda en un ambiente de seguridad», sentencia.
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[–>Juan Trenzado, secretario provincial de SATSE, cataloga el protocolo actual del Servicio Canario de Salud (SCS) de «absolutamente ineficaz» al contar con un compañero al que «lo agreden un lunes y el sábado vuelve a encontrarse con el foco de la agresión» lo que «lo expone a un potencial nuevo caso». En su opinión, la raíz del problema radica en la «normalización de estos hechos» como algo «inherente a la profesión», y puso de ejemplo «las declaraciones de la consejera, en las que catalogaba las agresiones como inevitables».
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Sistema tensionado
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Trenzado señala a la administración «porque da la impresión de que no ha tomado conciencia de la gravedad de los hechos». Respecto al auge de casos, «sin querer usarlo como justificación», teoriza que «podría venir por la tensión que existe en el sistema de salud», en las que las plantas de hospitalización y los servicios de urgencias «están bajo mínimos» y generan un «caldo de cultivo para situaciones de todo tipo».
[–>[–>[–>Por su parte, desde el Hospital Insular afirman que desde que se comunicaron los hechos «se ha puesto a disposición del profesional el protocolo de comunicación de agresión», en el que se le han trasladado «los pasos a seguir, según se establece en el Plan de Prevención de las Agresiones a los Trabajadores del SCS». Una idea parece ser común para todas las partes: cualquier tipo de agresión, sea cual sea el contexto, no tiene cabida en una sociedad propia del siglo XXI.
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