La caída de Maduro da acceso a Estados Unidos a armas sofisticadas de fabricación rusa
Con la detención de Nicolás Maduro, Rusia ha perdido en Venezuela un aliado con el que había establecido una sólida alianza en los últimos dos decenios. Pero el suceso podría acarrear también consecuencias económicas y militares para el Kremlin, más allá de las políticas. En caso de que finalmente se instale en Caracas un Gobierno favorable a EEUU, el Ejército y los expertos norteamericanos tendrían acceso a armamento sofisticado de fabricación rusa que las autoridades del país caribeño han venido importando en los últimos años. Y el Estado ruso podría perder miles de millones de dólares en deuda acumulada con el país caribeño desde 2006 si los nuevos gobernantes deciden no asumirla, advierten publicaciones especializadas.
[–>[–>[–>La web ‘Defence Express’ ha publicado un listado del armamento «cuyo examen detenido será indudablemente del interés del Pentágono», situando en primer lugar a los avanzados sistemas antiaéreos S-300 VM, dos batallones de los cuales fueron adquiridos a la empresa rusa Almaz -Antei por el Ejército venezolano en 2013. La revista ‘Ejércitos’ los describe como uno de los sistemas «más versátles y disponibles para la exportación por parte de la Federación Rusa» ya que tiene un «abanico de objetivos a abatir más amplio» que otros de la misma familia. Sin embargo, su prestigio militar ha quedado en entredicho tras la incursión exitosa de los helicópteros estadounidenses en el cielo de Caracas, un fracaso atribuido por la publicación cubana ‘Cubitanow’ a «falta de mantenimiento, repuestos y entrenamiento operativo».
[–> [–>[–>En fecha más reciente, concretamente en el año recién acabado, Venezuela también ha importado un número indeterminado de baterías antiaéreas Pantsir y Buk M-2, este último diseñado para interceptar aeronaves, helicópteros y misiles de crucero, según la web ‘Galaxia Militar’. Este sistema había sido desplegado en lugares como la base La Carlota, y también fue destruido, según un vídeo difundido por la televisión estatal venezolana. Se da la circunstancia de que una batería de la misma familia perteneciente al Ejército ruso fue la responsable del derribo en 2014 en los cielos del este de Ucrania de un Boeing 777 perteneciente a Malaysia Airlines.
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Otras armas que, según ‘Defence Express’, suscitarían la curiosidad de los expertos militares estadounidenses serían los cazas Sujói SU-MKV, que fueron adquiridos por las Fuerzas Aéreas de Venezuela en 2006 y son descritos por las webs especializadas como aviones «bimotor y biplaza» especializados en «interceptación aérea, interceptación naval y patrullaje». Y los misiles de medio alcance aire-aire guiado por radar activo R-77, considerados por la publicación como «los más avanzados» de Rusia dentro de su sector. Por encima de tipologías armamentísticas, lo que sí parece claro es que un nuevo Gobierno venezolano apoyado por EEUU, según ‘Defence Express’, «inevitablemente reemplazará con equipamiento estadounidense el armamento de fabricación rusa», presionando a Caracas «hacia una transición hacia armamento estadounidense».
[–>[–>[–>El revés experimentado por Rusia también tiene una variante económica. Venezuela acumula una deuda externa de entre 160.000 y 170.000 millones de dólares y sus principales creditores bilaterales son precisamente Rusia y China. Aunque es difícil identificar las entidades y países tenedores de esa deuda, Reuters asegura que entre 2006 y 2017, Rusia ha desembolsado un total de 17.000 millones de dólares en préstamos e inversiones a Venezuela y a la petrolera estatal PDVSA. De acuerdo con el portal escandinavo ‘Dagens.com’, ahora que «la influencia de Moscú se ha evaporado», las propiedades «que estaban garantizadas mediante la lealtad y acuerdos apoyados por la producción de petróleo son vulnerables a una renegociación o una directa confiscación por unas nuevas autoridades apoyadas por Washington».
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En noviembre de 2017, Venezuela tuvo que reestructurar 3.170 millones de dólares, con pagos a realizar en una decena de años e incluso denominados a veces en rublos. Todos estos acuerdos están ahora en el aire, concluye la publicación Dagens.com, y lo sucedido en el país caribeño demuestra al Kremlin cuál es «el coste de vincular la deuda a los regímenes y no a las instituciones».
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