La comarca oriental llora por Casimiro García, leyenda del Cánicas Atlético Club
La comarca de los Picos de Europa, tanto la vertiente asturiana como la leonesa, lloran por Casimiro García Álvarez, quien falleció esta pasada madrugada, a los 65 años, tras una fulminante enfermedad en el hospital comarcal del Oriente «Francisco Grande Covián», en Arriondas (Parres). La capilla ardiente se encuentra instalada en la sala número 2 del Tanatorio del Oriente, en Cangas de Onís, y su funeral -con sus cenizas- tendrá lugar el jueves, a las cinco de la tarde, en la iglesia parroquial de Oseja de Sajambre (León).
[–>[–>[–>Sajambriego de nacimiento, bien puede considerarse cangués de adopción. Casimiro, natural de Oseja (León), localidad en la que reside junto con su familia, estuvo desde siempre muy vinculado a la ciudad de Cangas de Onís, como la gran mayoría de sus convecinos. Además, defendió con pasión y pundonor los colores del histórico Cánicas AC, en diferentes etapas, llegando a ser uno de los indiscutibles capitanes del equipo regional.
[–> [–>[–>Tercero de siete hermanos, «Casi, el de Oseja», como le conocían sus amigos, cursó estudios en la Escuela Pública de Oseja y, tras la etapa Primaria, los continuó en el Instituto «Rey Pelayo», de Cangas de Onís, hasta 4º de Bachillerato. En ese momento, merced a un conocido de sus padres, contando 14 años, puso rumbo a Santander para formarse en la entonces Escuela de Hostelería Santa Marta, situada en la zona de El Sardinero, considerada como una de las más acreditadas en los 70 del siglo pasado.
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En aquella etapa cántabra, Casimiro García Álvarez jugó durante dos temporadas en el Rayo Cantabria, filial del Racing de Santander. Poco después, Luis Diestro, uno de los responsables de la cantera oviedista, lo llevó al Real Oviedo de Liga Nacional Juvenil, donde coincidió con Viti, Manolín, Castro, etc…., estando como entrenador «Pichi» Naves.
[–>[–>[–>Concluida su etapa juvenil, Casimiro se sintió atraído por el Cánicas AC, en Segunda Regional, dirigido por Manolo Moro. A los 21 años debió incorporarse a filas, concretamente al Regimiento de Artillería Antiaérea, en Manises (Valencia), tras realizar el periodo de instrucción en el CIR de Liria. La fortuna le vino de cara, ya que le eligieron para funciones de conductor con varios oficiales. «Mes allí y quince días en casa. En total fueron trece meses de servicio militar», rememoraba años atrás el sajambriego.
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Una de las muchas anécdotas protagonizadas en la etapa militar tiene relación directa con el fútbol. Corría la temporada 80/81 y el Cánicas AC estaba sumido en fase de ascenso de Segunda a Primera Regional. Casimiro, que tenía ficha en vigor por el equipo de Cangas de Onís, era indispensable para tratar de superar una eliminatoria camino del objetivo de la superior categoría. Pepe Pola, que era el presidente, gestionó a obtención del permiso. Casimiro se desplazó –vía aérea- a jugar el partido, toda vez que el Cánicas AC abonó los billetes de ida y vuelta.
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[–>«Nada más acabar el encuentro, que lo ganamos, Falo Estrada, uno de mis compañeros en aquel equipo, se ofreció a llevarme al aeropuerto de Ranón con el tiempo justo para coger el avión hacia Valencia», recordaba en una entrevista en LA NUEVA ESPAÑA. En 1982 también protagonizó uno de esos «culebrones» del mercado de fichajes, dado el interés del CD Guardo, entonces en Tercera División. Se rumoreó en aquellas fechas que la entidad palentina ofreció 200.000 de las antiguas pesetas y el 50 por ciento de taquilla de un amistoso entre el Guardo y el Cánicas en el campo de «La Camareta» por el traspaso de Casimiro.
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Acabó estampando su rúbrica por el CD Guardo, gracias a una suculenta propuesta: un puesto de trabajo en la Térmica de la localidad palentina y otras 50.000 pesetas al mes por jugar en el equipo. Destacó aquel curso, abriéndosele las puertas de poder fichar por el CF Palencia, en Segunda División, al que entrenaban los ex madridistas Touriño y Pérez García. No alcanzó un acuerdo, tras probar por los del campo de La Balastera, y regresó, sin abandonar el balompié, a Asturias para enrolarse en las filas de la Deportiva Piloñesa, en Regional Preferente, logrando después, con los de La Cueva, a la Tercera División, permaneciendo cuatro campañas consecutivas en la categoría de bronce del futbol español.
[–>[–>[–>Finalizado su periplo deportivo en Infiesto, de los 29 a los 37 años volvió a defender los colores del Cánicas AC, alternando buenos momentos con otros nada halagüeños. Compaginó en esa etapa el futbol aficionado con sus tareas ligadas al sector de la ganadería en el concejo de Sajambre, donde se dedicó a la crianza de ganado de carne, especialmente reses de asturiana de los valles, conocida en el argot como «carreñanas». No hay «feriona» en Corao (Cangas de Onís), a últimos de mayo, a la que «Casi» no acudiera. Y es que tenía una importante cabaña ganadera en la vertiente leonesa del parque nacional de los Picos de Europa.
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