La derechista Laura Fernández es la próxima presidenta de Costa Rica
Esta vez las encuestas no se equivocaron: Laura Fernández gobernará Costa Rica. Su desempeño en las elecciones presidenciales estuvo acorde a las previsiones. Al escrutarse casi el 35% de los votos, la abanderada oficial estaba cerca de los 49 puntos. Para evitar un segundo turno se necesita pasar la barrera del 40%. Álvaro Ramos Chaves, de Liberación Nacional, quedaba a una distancia de 16 puntos. De esta manera el Partido Pueblo Soberano (PPS) del presidente conservador Rodrigo Chaves se garantizaba su continuidad.
[–>[–>[–>Fernández se propone imponer su propio estilo personal, más ladeado hacia la derecha y en el marco de un proceso de «bukelización» de Centroamérica que debe incluir a Honduras, donde su flamante mandatario, Nasry Asfura, asumió la semana pasada la jefatura del Ejecutivo enarbolando la bandera de la seguridad que flamea desde hace años en El Salvador. No fue casual que Nayib Bukele saliera a celebrar de inmediato la novedad en las urnas. «Acabo de felicitar vía telefónica a la presidenta electa de Costa Rica, Laura Fernández. Le deseo el mayor de los éxitos en su Gobierno y todo lo mejor para el querido pueblo hermano de Costa Rica».
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Cerca de 3,7 millones de ciudadanos sufragaron para decidir también la conformación de la futura Asamblea Legislativa. Se vislumbra una mayoría a favor de la política de «mano dura» de Fernández contra «los desgraciados«, como denomina a una delincuencia. El PPS considera que las garantías individuales son obstáculos que impiden el control del narcotráfico. La crisis de seguridad ha permitido a la derecha presentarse como la única alternativa para reducir una tasa récord de 17 asesinatos por cada 100.000 habitantes. El narcotráfico le ha cambiado el rostro a ese país. Costa Rica pasó a formar parte del engranaje de exportación de drogas hacia Estados Unidos y Europa a partir del surgimiento del llamado Cartel del Caribe Sur.
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El programa de la vencedora de la contienda del domingo apunta a profundizar la demolición de uno de los puntales de la institucionalidad costarricense: el pacifismo y las libertades civiles. La amargura de Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz en 1987, antes de conocerse los resultados provisorios, da testimonio de los cambios que se avecinan. El hombre que gobernó ese país entre 1986-1990 y 2006-2010 advirtió sobre la tentación de Fernández de mirarse en el espejo de su homólogo salvadoreño. «La esencia de la democracia es la distribución del poder».
[–>[–>[–>Fernández se propone finalizar la construcción de una mega cárcel de máxima seguridad, inspirada en el Centro de Confinamiento del Terrorismo de Bukele. Este nuevo penal, llamado Centro de Alta Contención del Crimen Organizado (Cacco) podrá encerrar a 5100 reclusos. Pero además, la politóloga, de 39 años, contempla, como lo ha hecho el ecuatoriano Daniel Noboa, implementar estados de excepción en zonas conflictivas y un aumento sustancial de las penas.
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Chaves, el actual mandatario, apostó a Fernández sobre la base de una evidencia: la popularidad en sectores sociales postergados y, a la vez, la elite política y económica. El PIB costarricense creció un 4,5% en 2025, impulsado por las zonas francas y el consumo interno. La pobreza es del orden del 15,2%, según cifras oficiales. La desigualdad y el alto costo de vida no solo alimentan el malestar social: es la fuente de la que se nutre el narcotráfico que, a la vez, abrió la puerta al giro represivo.
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[–>La segunda presidencia del PPS tiene ahora con Fernández un objetivo que promete controversias: una reforma constitucional para otorgar más poder al Ejecutivo.
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