La enfermera Araceli Carreira, de Avilés, un referente en cuidados que va más allá de la tecnología
Más de tres décadas de profesión, una vida laboral repartida por distintos servicios sanitarios, y una convicción inquebrantable: la técnica salva, pero la cercanía también. Para Araceli Carreira, la enfermería nunca fue una simple salida laboral ni un camino profesional al que llegar por azar. Fue una vocación. Una manera de estar en el mundo y de relacionarse con los demás.
[–>[–>[–>Su historia comenzó oficialmente en 1989, el año en que se graduó, aunque llevaba tiempo preparándose para ello. Había estudiado auxiliar de clínica y técnico de laboratorio, una formación que le permitió adquirir desde el inicio una mirada más amplia sobre el paciente, una forma de entender la salud que iba más allá de los síntomas o de una analítica.
[–> [–>[–>“Siempre tuve una máxima clara: al paciente no se le cuida solo desde la asistencia. Lo emocional es una de las partes más humanas e interesantes de nuestro trabajo”, sostiene.
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Y esa filosofía ha guiado una trayectoria de más de tres décadas marcada por la intensidad, los cambios y el aprendizaje continuo. Desde sus primeros pasos en el HUCA hasta su llegada al Hospital San Agustín en 1991, Araceli Carreira fue recorriendo distintas unidades y acumulando experiencias que terminarían moldeando su forma de entender la profesión.
[–>[–>[–>Pasó por servicios especiales como endoscopias, pruebas de cardiología y respiratorio, urgencias… «Mi vida laboral ha sido un viaje intenso por infinidad de unidades», apunta. Hasta aterrizar en un lugar que le marcaría: la Unidad de Cuidados Intensivos, donde permaneció durante 16 años. Allí entendió que la enfermería es mucho más que procedimientos y protocolos. Es sostener una mano, interpretar silencios y convertirse en refugio en medio del miedo. Aquella etapa dejó recuerdos imborrables.
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Los pacientes y las familias de la UCI ocupan un lugar especial en su memoria. También quienes compartieron con ella jornadas interminables, decisiones difíciles y emociones imposibles de olvidar. Compañeros que con el paso de los años dejaron de ser solo compañeros para convertirse en amigos.
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[–>Tras la UCI llegó una nueva etapa: la coordinación. Un puesto desde el que pudo conocer el funcionamiento interno del hospital y valorar el trabajo silencioso y fundamental que realizan las enfermeras en cada rincón del sistema sanitario.
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Pero fue después, ya como supervisora y enfermera estomaterapeuta, cuando encontró una realidad que la golpeó especialmente. Carreira lo define como «una realidad invisible». Descubrió que muchos pacientes ostomizados recibían el alta y regresaban a casa sintiéndose solos, desorientados y sin apoyo para afrontar una nueva vida llena de cambios y miedos.
[–>[–>[–>Decidió actuar. No fue un camino sencillo. Al principio, la idea de crear una consulta específica encontraba resistencias. Costó convencer. Hubo que demostrar con datos, resultados y mucha insistencia que detrás de aquella propuesta existía una necesidad real. Junto a Laura Hermo, enfermera que hoy trabaja en la consulta de estomaterapia, consiguieron abrir camino. Y el tiempo terminó dándoles la razón.
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Su trabajo no solo ha demostrado ser eficaz desde el punto de vista sanitario, sino que ha supuesto algo todavía más importante: devolver seguridad, dignidad y autonomía a personas que, muchas veces, sentían que habían quedado invisibilizadas.
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Esa batalla continúa hoy en pequeños grandes gestos. Como la reivindicación de aseos adaptados para pacientes ostomizados, espacios que pueden transformar la vida cotidiana de quienes necesitan recuperar independencia y normalidad. O las jornadas de visibilización que impulsan cada año para acercar a la sociedad las necesidades reales de estos pacientes.
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«Enfermera prestosa»
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Hace unos días fue una de las candidatas al reconocimiento de “Enfermera Prestosa”, una iniciativa creada por el Colegio de Enfermería de Asturias para destacar perfiles ejemplares dentro de la profesión. No resultó ganadora, pero para ella el verdadero premio fue otro.
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Porque cuando le preguntan qué significa ser una enfermera prestosa, no habla de premios ni de reconocimientos. Habla de actitud. “Es ir un paso más allá de la técnica. Apostar por la calidad, la formación, enseñar a las nuevas generaciones, cuidar con alegría, mirar al paciente de tú a tú, ser positiva, proponer ideas constantes que generen actividad a favor de los enfermos y de la institución”, precisa.
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En una sanidad cada vez más marcada por la tecnología, las cifras y la gestión, Araceli Carreira sigue defendiendo algo aparentemente sencillo, pero profundamente esencial: que el cuidado excelente nunca está reñido con la cercanía. Y es mejor aún, dice Carreira, «si se hace con una sonrisa como baluarte«. Palabra de enfermera.
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