La Enmienda 25, el instrumento para destituir a Trump por su «maldad y locura» que esgrimen demócratas y algunos republicanos
Más de 70 legisladores demócratas de Estados Unidos han reclamado la salida de Donald Trump de la Casa Blanca después de que el presidente amenazara con destruir «toda una civilización» en Irán si Teherán no cedía en plena escalada militar. La oleada de reproches, que se extendió con rapidez por el Capitolio, ha abierto un nuevo frente político en Washington: la exigencia de una destitución mediante la Enmienda 25, el mecanismo constitucional que permite apartar al presidente si se considera que no está en condiciones de ejercer el cargo.
[–>[–>[–>Pero las críticas ya no se limitan al bloque demócrata. Si el vicepresidente JD Vance ya había mostrado el escepticismo respecto a la guerra en Irán del bloque conservador no intervencionista, los últimos acontecimientos han evidenciado esas brechas. La excongresista Marjorie Taylor Greene, antigua aliada del presidente venida a ferviente crítica, pidió directamente la Enmienda 25 (en mayúsculas, en redes sociales, al estilo del propio Trump). Lo hizo alegando «maldad y locura» por parte del presidente.
[–> [–>[–>La senadora republicana Lisa Murkowski calificó la amenaza de Trump como una afrenta a los ideales que EEUU dice defender. «Este tipo de retórica supone una afrenta a los ideales que nuestra nación ha tratado de defender y promover en todo el mundo durante casi 250 años. Socava nuestro papel tradicional como faro mundial de la libertad y pone en peligro directo a los estadounidenses tanto en el extranjero como en nuestro propio país», afirmó Murkowski.
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También han manifestado sus recelos ante la permanencia de Trump en la Casa Blanca prominentes figuras del espacio MAGA como los influyentes comentaristas Tucker Carlson, Alex Jones y Candace Owens.
[–>[–>[–>Vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance / Beata Zawrzel/ Europa Press
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Frente demócrata
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Los demócratas han tratado de mostrarse como un bloque común. La congresista Alexandria Ocasio-Cortez denunció que el mensaje de Trump equivalía a una amenaza de genocidio y sostuvo que merecía su destitución. La expresidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, defendió que el mandatario debe ser apartado «de una forma u otra» si el gabinete no actúa.
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Los líderes demócratas en ambas cámaras también se pronunciaron, aunque de forma más diplomática. El líder demócrata en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, reclamó que el Congreso vuelva a reunirse para frenar lo que definió como una «guerra temeraria» en Oriente Próximo. Desde el Senado, Chuck Schumer, evitó pedir expresamente la destitución, pero sí endureció el tono y advirtió de que amenazar con destruir infraestructuras de las que dependen decenas de millones de civiles podría constituir un crimen de guerra.
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[–>Proceso activado
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Fue un paso más allá el veterano congresista demócrata John Larson, al presentar ante la Cámara de Representantes una resolución con artículos argumentando la destitución de Donald Trump, al que acusa de «usurpación sistemática del poder de guerra del Congreso y de cometer asesinato, crímenes de guerra y piratería». Este sería el primer paso formal con tal que la Cámara abra el procedimiento para intentar apartarlo del cargo.
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Si prosperase el procedimiento que invoca la Enmienda 25, reservada para situaciones en las que el presidente no puede ejercer sus funciones por incapacidad física o mental, el resultado sería la transferencia temporal del poder ejecutivo al vicepresidente, sin destituir al mandatario. Esto es diferente de los intentos de destitución (llamado ‘impeachment’, en inglés) a los que Trump se ha enfrentado anteriormente como consecuencia de delitos graves o mala conducta, y de los que salió airoso.
[–>[–>[–>Presión pese al alto al fuego
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El anuncio de una tregua temporal de dos semanas entre Washington y Teherán en la madrugada del miércoles no sirvió para apaciguar a los críticos. La congresista demócrata Melanie Stansbury insistió en la vigencia de la petición: «Que un presidente anuncie que ha acordado un alto el fuego de dos semanas momentos antes de amenazar con cometer crímenes de guerra no significa que de repente esté capacitado para gobernar».
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En el Partido Demócrata se ha instalado la idea de que la marcha atrás de última hora no borra la gravedad de la amenaza previa, sino que agrava las dudas sobre la estabilidad política y mental del presidente. Por eso, el debate ya no gira únicamente en torno a la legalidad de sus decisiones militares, sino también a la aptitud del presidente para seguir en el Despacho Oval y al coste institucional de su retórica.
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Lealtad pese al escepticismo
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La salida de Trump sigue siendo, en todo caso, muy improbable. Para activar la Enmienda 25 sería imprescindible el apoyo del vicepresidente JD Vance y de la mayoría del gabinete, algo que hoy no parece cercano. Vance, que ha sido históricamente escéptico con las intervenciones militares prolongadas de EEUU en el exterior en general, y en particular en el caso de Irán, es también uno de los hombres leales del presidente.
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Durante la escalada con Irán, Vance ha mantenido un perfil bajo y cauteloso. Sin embargo, Trump ha canalizado el escepticismo de su vicepresidente y le ha convertido en una presencia ‘centrista’ en el conflicto, confiriéndole un papel de interlocutor con intermediarios de Pakistán para negociar una salida.
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Las voces disidentes republicanas todavía no bastan para poner en peligro real a Trump, pero sí ilustran el alcance de la conmoción: incluso parte de su propio espacio político empieza a temer que la retórica de la Casa Blanca empuje a EEUU a un punto de no retorno.
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