La experiencia con la gente ha sido siempre buena, fenomenal
El emblemático establecimiento La Perdiz, en Grado, dice adiós tras cuatro décadas en manos de la misma titular del negocio, Manolita Espolita Fernández. Se prejubila y la cafetería a cuyo frente ha pasado gran parte de su vida ya ha cerrado sus puertas. De todos estos años solo habla en positivo. Se queda con la relación con la gente y la satisfacción por la fidelidad de la clientela. «Hay personas que venían hace 40 años, cuando empezamos, que se convirtieron en padres o abuelos, y siguió viniendo la familia. La relación con la gente aquí siempre ha sido muy buena, la experiencia ha sido fenomenal», explica.
[–>[–>[–>Cuando Espolita se hizo cargo del negocio, en la calle Asturias, corría el año 1986. Antes de ella, había estado abierto con los primeros dueños. «Esto fue de José Poblador, que lo tuvo unos siete u ocho años antes que nosotros», recuerda. Este primer titular lo vendió a un empresario local, Vidal Fernández, que lo alquiló, momento en que lo cogió quien lo ha mantenido abierto durante cuatro décadas. Aunque al principio «éramos cuatro, mi hermano, la novia en aquel momento, y mi marido y yo que éramos novios».
[–> [–>[–>Casada con Demetrio Areces Suárez, ellos fueron una de las muchas parejas que cortejaron en La Perdiz antes de imaginar que acabarían siendo sus futuros responsables. «Parábamos aquí, como la mayoría de la gente. Lo que había en aquel momento era esta cafetería, el Maijeco, el Exprés y Las Palmeras. Cuando nosotros éramos jóvenes yo creo que era lo que había…», rememora.
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Entonces, en su juventud, les ofrecieron el negocio y hasta hoy. El establecimiento ha sido casi como su casa en todos estos años. Y, aunque ha decidido adelantar unos meses la jubilación, Espolita reconoce que lo echará de menos.
[–>[–>[–>Exterior de la cafetería La Perdiz, en la calle Asturias. / P. T.
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De las personas que trabajaron en La Perdiz recuerda con gran cariño a Manolo, que actualmente regenta la cafetería La Avenida, en El Casal, y que estuvo trabajando con ella 22 años. Y de las épocas complicadas la de la pandemia y también la crisis de 2008. Pero en su memoria queda lo bueno, porque siempre estuvo «encantada con la gente».
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Resta ahora por saber si la historia de La Perdiz sigue adelante con otros titulares que quieran hacerse cargo de esta cafetería que ha marcado una época y ha sido una referencia para varias generaciones de moscones. Clientes que quedan, de momento, sin su lugar de siempre para el café, el vermú, un tentempié, la tertulia de la tarde o el encuentro habitual con los amigos. Ofertas para continuar con el negocio hay y habrá que ver si alguna se concreta para seguir dando vida a un negocio que ya se echa en falta.
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