La gente no se da cuenta de que el Angliru es verdaderamente peligroso
La borrasca Oriana dejó en Asturias algo más que una nueva imagen invernal. Descargó nieve a cotas algo más bajas de lo habitual, tiñendo de blanco carreteras que, por precaución, ya estaban cerradas antes de los primeros copos. Los temporales reviven una escena que se repite cada año en algunos puntos de la montaña asturiana: señales ignoradas, conductores confiados y llamadas al 112. Y ahí, en los últimos tiempos, el Angliru es el rey.
[–>[–>[–>A 1.570 metros de altitud, es una de las cumbres más icónicas de Asturias. De sus vistas panorámicas solo se puede disfrutar durante tres de las cuatro estaciones del año. Al menos, en teoría. A la altura de Viapará, un cartel lo anuncia de forma clara: «Angliru, cerrado». Debajo, una señal de prohibido el paso. De poco sirve: cada temporada invernal son varios los coches que se saltan el perímetro y acaban teniendo que llamar a emergencias. Bien lo sabe Roberto Álvarez, alcalde de Riosa: «La gente no se da cuenta de que este puerto es verdaderamente peligroso en invierno, más aún con temporal».
[–> [–>[–>[–>[–>[–>En el imaginario popular queda aquella anécdota de «los mayorinos del Angliru«, un grupo de cinco amigos que intentaron subir, sin éxito, en mitad de un temporal en enero de 2018. Quedaron atrapados en la carretera, «en playeros y sin poder bajar». Cuando uno de los chavales se puso a explicar al 112 la situación, y que circulaban en un todoterreno 4×4, la respuesta del supervisor que atendió la llamada de emergencia fue tan breve como elocuente: «4×4… 16«. Quizás sea el resumen perfecto de una historia que, a ojos del alcalde Álvarez, «se banalizó». «El Angliru en invierno no es ninguna tontería», sentencia el alcalde.
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Casi 1.600 metros de altitud, curva contra curva y pendientes de hasta el 24%. Ninguno de los coches que se salta la prohibición cuando baja la temperatura o azota una ventisca suele pasar de la primera curva. «Desde aquí puedes pensar que la nieve está muy alta, pero el problema viene con las placas de hielo que se forman y que hacen que cualquier vehículo, sea el que sea, resbale», explica.
[–>[–>[–>Falta de medios
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El problema de los imprudentes se agrava aún más en los ayuntamientos pequeños. «Nosotros no tenemos Policía Local y los medios son limitados; lo único que podemos hacer es poner este cartel e intentar concienciar a la gente», señala Álvarez, mirando el gran rótulo azul. «Cuando alguien se ve atrapado en la carretera suele llamar al 112, y ellos me llaman a mí para comprobar el estado de la vía y valorar el tipo de intervención», aclara. «Hay veces que no hace falta que entre un rescatador, pero cuando hay que subir a por un coche se juegan la vida por la imprudencia de otros», lamenta.
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En diciembre, Álvarez recibió dos llamadas de vehículos atrapados en menos de 24 horas. El primero era un todoterreno. «Se deslizó y quedó justo en la ladera; intentamos sacarlo con un tractor, pero hasta el tractor resbalaba», comenta. No fue hasta el día siguiente, echando mucha sal sobre el asfalto y esperando a que calentara el día, cuando consiguieron retirarlo.
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[–>No habían pasado ni doce horas cuando el teléfono del alcalde volvió a sonar. «Era una pareja ucraniana con una niña; subieron sin problema, pero al bajar el coche se deslizaba sin control por el hielo, aunque iban muy despacio», relata. Álvarez se acercó hasta allí y les recomendó que la madre y la hija bajaran andando: «Por si pasaba algo, que solo fuese una persona en el coche». Abajo los esperaba la Guardia Civil. Alegaron que desconocían el idioma. «Pero para eso está la señal de prohibido, que es universal. Les caería receta, supongo», bromea el alcalde, que insiste en que los puertos de montaña no son cosa menor.
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Y lo sabe porque en su memoria quedó grabado un suceso en la Nochevieja de 1998. «Yo vivía aquí cerca y regentaba un bar; nos dijeron que había habido un accidente y me acerqué», recuerda. «Era un Opel Frontera. Intentó subir y llegó hasta la cuesta Les Cabanes; allí encontró una placa de hielo y se despeñó perdiendo la vida», rememora, plenamente consciente de los desafíos de la carretera.
[–>[–>[–>Porque el Angliru no entiende de valentías improvisadas ni de coches con tracción total que prometen imposibles. La nieve no negocia y el hielo no perdona. En temporales como «Oriana«, y a lo largo de todo el invierno, el Ayuntamiento solo puede poner la señal, clara y que no puede dar lugar a confusión alguna, de «prohibido el paso». Pero si alguien la ignora… es altamente probable que la montaña le gane la partida.
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