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la herida abierta de la Operación Reconquista del servicio de inteligencia del franquismo en su fase final

la herida abierta de la Operación Reconquista del servicio de inteligencia del franquismo en su fase final
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  • Publishedmayo 15, 2026



La Operación Reconquista no fue improvisada. Mientras miles de seguidores de Carlos Hugo de Borbón ascendían desarmados al monte navarro, elementos de extrema derecha ocupaban posiciones estratégicas. Entre ellos, mercenarios internacionales con nombre y apellido: Jean Pierre Cherid, Stefano delle Chiaie. Detrás, según testimonios, está la coordinación de la SECED, el servicio de inteligencia del régimen en su fase de reconversión.

Carlos Catalán fue un joven carlista que subió a la montaña con los mismos ideales que se habían convertido Montejurra en una reivindicación del socialismo y la autogestión del pueblo: «Yo tenía 27 años y el día de Montejurra fue una mezcla de celebración religiosa, porque esta provenía de un vía crucis que se hacía en honor a los muertos. A partir del año 39, evolucionó progresivamente hacia un acto de afirmación antidictadura; no fue de un día para otro, pero en esos años fue una de las manifestaciones semi-toleradas por el régimen. Con el ambiente agradable de todos los años de celebración, la gente almorzaba y bebía vino en botella antes de que comiencen los actos», recuerda Carlos Catalán.

La fiesta se detuvo al oír los clarínes y tambores de una tropa accediendo a la explanada del Monasterio de Iratxe. Son los ultraderechistas españoles e internacionales liderados por Sixto de Borbón. «Había italianos, había ustahas croatas, había gente de la triple A, gente de la Guardia Nacional, gente de Ordine Nuovo, gente de Fuerza Nueva, de la extrema derecha española y se rumoreaba que iban a intentar boicotear y apoderarse del evento por cualquier medio», dice el testigo de las dos muertes de ese día.

«Y lo más importante de todo es que la Guardia Civil presente vio a civiles armados luciendo sus armas y provocándonos retándonos y no hicieron nada», añade Catalán, quien concluye que «fue una operación meticulosamente planificada por las alcantarillas del Estadocon conocimiento del Ministro del Interior, que era el señor Fraga».

Lo que presenció lo convenció de que El camino democrático quedó cegado por la violencia.lo que le empujó hacia la lucha armada en ETA. Años más tarde protagonizaría uno de los primeros procesos de reinserción, renunciando a las armas. Nos atiende en su casa y habla sin reservas: «Me equivoqué de camino», dice hoy, «pero lo que vi en Montejurra me empujó hacia él». Su trayectoria refleja lo que esos acontecimientos produjeron más allá de los muertos: una generación que perdió la fe en las instituciones antes de que se estableciera la democracia.

José Mari Esparza nos recibe al pie del mismo Montejurra donde, 50 años antes, intentó mantener con vida a Ricardo García Pellejero. Un simpatizante del sindicato Comisiones Obreras, todavía ilegal, es el hombre que, en una icónica fotografía, aparece practicando el boca a boca en la cumbre mientras los disparos aún retumbaban.

Habla con la memoria intacta: «Y de repente, desde lo alto donde estaba, comencé a ver ráfagas de ametralladora; había un niño en el suelo que tenía dificultad para respirar. Y luego yo hacía poco había hecho un curso de salvamento y, como vi que no podía respirar, al parecer no tenía nada, No sé si se había desplomado, o quéy comencé a hacer respiración artificial.»

La masacre había comenzado minutos antes, en la explanada del Monasterio de Iratxe A pocos kilómetros de la cumbre. El ultraderechista García-Verde, oficial retirado del ejército, había disparado dos tiros a quemarropa contra Aniano Jiménez Santos.

La documentación que implica a altos funcionarios del Estado

Sobre la mesa, dos carpetas de cartón azul, sujetas con gomas, José Lázaro Ibáñez, exsecretario general del Partido Carlista, difunde informes, comunicaciones internas y actas originales que el gobernador civil de Navarra conservó en su día y que, tras su muerte, su hijo decidió legar al partido carlista. Ese día, José Lázaro se encontraba a menos de dos metros de Aniano Jiménez cuando le dispararon. «No son copias ni interpretaciones», afirma: son papeles de epoca que respaldan lo que dicen los testigos.

Los documentos implican al Ministerio del Interior, dirigido por Manuel Fragay el liderazgo de seguridad del gobierno de Arias Navarrobajo el jefe de Estado de Juan Carlos I.

El legado de Montejurra

En su casa, los hermanos de Ricardo García Pellejero mantienen viva la memoria que el tiempo no desgasta desde hace décadas. Nos recibieron con fotografías, cartas y franqueza: «A todos los que capturaban los dejaban en ridículo y luego los liberaban. ¡Amnistía!».

En 2003, una resolución de la Audiencia Nacional reconoció que las muertes de Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos fueron un acto de terrorismo. Es un reconocimiento judicial que no admite matices: Lo que pasó en Montejurra no fue una trifulca, fue un delito con nombre legal.

Para Manuel Martorell, historiador y periodista, saber exactamente hasta dónde llega la responsabilidad institucional es algo que estos documentos sugieren, pero no agotan: «Ese mismo Estado que firmó aquella resolución mantiene los archivos SECED clasificados que permitiría establecer toda la cadena de responsabilidades. El reconocimiento existe. «La verdad completa, todavía no».

La Transición española no fue el proceso idílico que construyó el relato oficial. Lo que pasó después es tan revelador como lo que pasó en la montaña. Los perpetradores no fueron llevados ante la justicia. No desaparecieron. Reaparecieron. Varios de los ultraderechistas que actuaron ese día reaparecieron años después en las estructuras del Batallón Vasco Español y los GAL. Para los testigos con los que hemos hablado, esta continuidad no fue una coincidencia.

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*Puedes ver el programa completo de laSexta Columna ‘Sangre en la montaña: el crimen del Estado de Montejurra’ en atresplayer.



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