La historia de la escultura encargada por Magnus Blikstad para la tumba de su hijo en el cementerio de El Sucu en Gijón
Hace 150 años que el cementerio municipal de El Sucu, en Ceares / Ciares, entró en servicio. El recinto se concibió inicialmente como lugar de enterramiento para fieles de la Iglesia católica, algo que no tardó en plantear una discrepancia con la realidad gijonesa: el importante número de vecinos y vecinas de diferente confesión religiosa llegados durante la segunda mitad del siglo XIX. Como toda ciudad de los muertos, el cementerio tenía que ser forzosamente reflejo de la ciudad de los vivos.
[–>[–>[–>En ese mismo año de 1876 falleció el empresario Luis Truan Lugeon, originario de Suiza y de religión calvinista, lo que obligó a habilitar para su enterramiento un espacio anexo al este del recinto principal. Ese fue el germen del que primero pasó a denominarse el cementerio protestante y que actualmente conocemos como el cementerio civil de El Sucu.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>En 1897 una meningitis puso fin a la corta vida de un niño llamado Haakon Napoleon, de tan sólo 4 años de edad. Era el tercer hijo del empresario maderero noruego Magnus Blikstad y de su esposa Anne Olava Kulø, vecinos de Gijón desde 1888 y de religión luterana.
[–>[–>[–>
Las primeras décadas de funcionamiento de este camposanto resultan documentalmente imprecisas, ya que no hay más datos de los allí inhumados que los que nos cuentan sus tumbas o las reseñas necrológicas publicadas en la prensa local. La gestión del recinto recaía en la práctica en el vicecónsul inglés de turno y, por ello, en el Archivo Municipal apenas existen datos hasta iniciado el siglo XX.
[–>[–>[–>No sabemos por tanto si este gijonés de apellidos nórdicos fue el primer niñín en enterrarse en este lugar, pero sí podemos afirmar que fue el que tuvo la tumba más hermosa.
[–>[–>[–>
Apenas un año después de su pérdida, sus padres encargaron al escultor Arturo Sordo el monumento funerario que hoy podemos ver. Una obra de composición sobria, muy acorde con los modelos propios del arte funerario del momento, ejecutada en su parte arquitectónica por la marmolería ovetense Montousse Hermanos.
[–>[–>
[–>Un cierre en cantería y metal y un pedestal para la figura
[–>[–>[–>
La sepultura quedó delimitada por un cierre bajo realizado en cantería y metal teniendo como elemento principal un pedestal sobre el que se emplazó la figura de un ángel junto a una cruz. Quizás sus facciones sean un retrato del pequeño Haakon.
[–>[–>[–>
Es esta una de las primeras obras del escultor Arturo Sordo Álvarez, autor de varios monumentos conmemorativos en Asturias entre los que sobresale el dedicado al poeta Teodoro Cuesta emplazado en Mieres del Camín. Hasta ahora sólo se conocía una única obra funeraria suya, el panteón de Francisco Valdés en Muros del Nalón que, curiosamente, cuenta con una copia también en Mieres encargada por Inocencio Muñiz.
[–>[–>[–>La escultura en la tumba de Sucu del hijo de Magnus Blikstad. / H. B.
[–>[–>[–>
Respecto a la marmolería Montousse sabemos, gracias la tesis doctoral «Arte funerario en la Cornisa Cantábrica», de Carmen Bermejo, que fue fundada por dos hermanos franceses que se instalaron en Oviedo a finales del siglo XIX. Uno era ingeniero y llegó a Asturias para participar en el montaje de un puente de la firma Eiffel el otro, formado como escultor, le acompañó logrando su obra una favorable acogida. Su empresa alcanzó una notable reputación, estando en activo hasta la década de 1930.
[–>[–>[–>
Todo lo narrado no aparecería hoy aquí si no fuese por otro óbito, el del propio Magnus Blikstad, acaecido hace un siglo. Sobre su destacada labor empresarial y filantrópica dará cuenta Luismi Piñera en estas mismas páginas, dentro de la sección Crónicas Gijonesas, próximamente.
[–>[–>[–>
En 1926, tras conocerse la noticia en Gijón con varios días de retraso, ya que Blikstad y su familia habían vuelto a Noruega décadas atrás, el Ateneo Obrero organizó una serie de actos conmemorativos en recuerdo de quien había sido durante años su mayor benefactor. El primero de ellos fue una ofrenda floral ante la tumba de su hijo Haakon, atendiendo a que ese año Blikstad ya no iba a poder dejarle unas flores siguiendo la tradición que mantenía durante las visitas anuales que realizaba a la ciudad.
[–>[–>[–>
En 2025, con este centenario a la vista, trasladar aquel pasado al presente constituyó todo un reto debido a que en el actual cementerio civil no figuraba el apellido Blikstad en ninguna tumba.
[–>[–>[–>
«A nuestro querido hijo»
[–>[–>[–>
Siguiendo una primera pista crucial, una fotografía del acto ateneista de 1926, fue posible constatar cuál era el sepulcro en cuestión y comprobar que había sido vandalizado tiempo atrás y su placa identificativa arrancada. En el pedestal sólo quedaba una frase que, al estar esculpida en él, no había podido borrarse: «A nuestro querido hijo». Sobre él sigue la escultura del ángel, con un ala rota pero con su rostro indemne.
[–>[–>[–>
La pregunta que surgió al momento no podía ser otra: ¿quién puede robar el nombre de la tumba de un niño? La respuesta no era difícil: la barbarie. Durante el inicio de la dictadura franquista los cementerios civiles fueron lugar libre para el expolio, cuando no objetivo certero fruto de la disposición gubernamental que determinó eliminar de los mismos los símbolos masónicos que existiesen en sus tumbas.
[–>[–>[–>

Magnus Blikstad. / LNE
[–>[–>[–>
Esto último no tenía relación con la tumba de Haakon, probablemente el motivo no fue otro que la sustracción de las partes metálicas de latón o bronce que contenía sabiendo que no iba a mediar denuncia ya que quien podía ser su defensor, el Ateneo Obrero, había sido arrasado y disuelto tras la ocupación de Gijón en el otoño de 1937.
[–>[–>[–>
Atados los cabos esenciales para la identificación de esta sepultura, quedaba también el reto de intentar determinar su autoría. Pudo culminarse este objetivo primero mediante un trabajo de campo que permitió localizar la firma de los marmolistas en ella, seguido de otro hemerográfico que sacó a la luz la identidad de su escultor.
[–>[–>[–>
Así relatada la secuencia parece simple, pero llegar a este resultado implicó varios meses de pesquisas al alimón entre el actual Cronista Oficial de Gijón, Luismi Piñera, y quien esto escribe.
[–>[–>[–>
Finalmente, hoy el Ateneo Obrero, con el respaldo del Ayuntamiento, puede no sólo repetir el homenaje en recuerdo de Magnus Blikstad Hauff hecho hace un siglo si no también contribuir a poner fin a esta «damnatio memoriae» aplicada al sepulcro de su hijo. Una placa identificando tanto su origen como su autoría, hasta ahora inédita, pondrá fin al anonimato forzado de la tumba del angelín con el ala rota.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí