la importancia de una planificación activa para el resto de la vida
Las personas, las organizaciones y las políticas públicas están llamadas a algo más ambicioso que gestionar jubilaciones: acompañar la construcción activa de la vida después de los 50 con más conciencia del tiempo, más libertad de elección y una responsabilidad mayor hacia lo que aportamos a la sociedad.
[–>[–>[–>Durante mucho tiempo, la vida se concibió como una sucesión de etapas rígidas y claramente delimitadas: primero estudiar, después trabajar y, finalmente, jubilarse. Este modelo, que ofrecía certezas y recorridos previsibles, resulta hoy insuficiente para explicar la complejidad de las trayectorias vitales y laborales contemporáneas. Las etapas ya no funcionan como compartimentos estancos, sino como espacios permeables en los que estudiar, trabajar, aprender y participar socialmente se entrelazan a lo largo de toda la vida.
[–> [–>[–>En la actualidad, es cada vez más común y deseable que los jóvenes estudien y trabajen de manera simultánea, que los adultos continúen formándose durante buena parte de su carrera profesional y que las personas jubiladas mantengan actividades laborales, académicas o comunitarias. Este escenario nos obliga a replantear no solo la organización del trabajo, sino también nuestra manera de comprender el desarrollo personal, el sentido y coherencia de las decisiones que tomamos a lo largo de nuestro curso vital.
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Ya no es la edad la que define nuestro proyecto de vida, sino la conciencia del tiempo que nos queda por vivir.
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Carlos María Alcover es Catedrático de Psicología de los Grupos y Organizaciones de la Universidad Rey Juan Carlos y Patrono de la Fundación AGE (Activos de Gran Experiencia). Tomás Arrieta es Ingeniero, Doctor en Economía y Presidente de la Fundación AGE.[–>[–>[–>–>[–>
El resto de nuestra vida
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Pensar en “el resto de nuestra vida” implica asumir una responsabilidad activa sobre las trayectorias y transiciones futuras, tanto en el ámbito vital como en el laboral. No se trata únicamente de planificar una carrera profesional, sino de reflexionar sobre qué queremos hacer, quiénes queremos ser y cómo deseamos vivir las etapas que aún están por venir (probablemente tres décadas en buena salud). Definir intereses, objetivos y medios se convierte así en un ejercicio coherente y profundo de autoconocimiento y de compromiso con uno mismo y con la sociedad.
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Desde esta perspectiva, la planificación no elimina la incertidumbre ni los factores externos que pueden alterar nuestros planes. Sin embargo, clarificar las trayectorias deseadas incrementa la percepción de control sobre la propia vida y refuerza la responsabilidad personal y capacidad de gestión sobre los sesgos que normalmente condicionan nuestras decisiones. Elegir de manera consciente cómo transitar las etapas medias y finales de la vida contribuye a construir proyectos vitales más coherentes, significativos y alineados con nuestros valores.
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[–> –>[–>Un elemento clave es la importancia de la perspectiva de tiempo futuro. Pensar en los años que quedan por delante, en términos de vida, salud y actividad, permite dejar de concebir el futuro como un espacio vago o idealizado. Lejos de ser una etapa pasiva, los años posteriores a los cincuenta pueden constituir periodos plenos, activos y con un profundo sentido personal y social, siempre que se asuman como parte integral del proyecto de vida.
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Responsabilidad ética
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En este proceso, las organizaciones y los empleadores también tienen una responsabilidad ética. Facilitar la planificación de transiciones laborales, promover modelos de trabajo flexibles y reconocer la diversidad de trayectorias vitales contribuye a una gestión de personas más humana e inclusiva. La jubilación, al igual que el empleo, no debe entenderse como una condición única y homogénea, sino como una etapa diversa, adaptable a las circunstancias y deseos de cada persona.
–>[–>[–>[–>–>[–>Mirar hacia adelante no significa esperar pasivamente la llegada de hitos inevitables, sino decidir activamente hacia dónde queremos ir. Trazar caminos, anticipar transiciones y procurar los medios para alcanzarlas constituye un acto de autonomía e integridad personal. La calidad de vida presente y futura depende, en gran medida, de nuestra capacidad para asumir esta responsabilidad y tomar decisiones informadas y coherentes.
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En definitiva, pensar en el resto de nuestra vida es pensar en términos de trayectorias y transiciones que atraviesan y trascienden las etapas tradicionales. Es una invitación a vivir con conciencia, planificación y compromiso, entendiendo que el futuro no se delega: se construye, y en ello nos jugamos mucho, tanto a nivel personal como colectivo.
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