La machosfera es un bluf
El periodista Louis Theroux ya apuntaba maneras cuando en los años 90 empezó a colaborar con Michael Moore en su serie «TV Nation». Por ese camino, el del documental, se ha adentrado en caminos tortuosos y, asomándose a los abismos, ha retratado y confrontado a supremacistas blancos, cienciélogos, bandas criminales, pedófilos, nazis, sionistas y otras especies similares.
[–>[–>[–>Su incursión más reciente, al menos de la que hay noticia pública, es la que ha hecho en la machosfera, ese espacio virtual en el que, a través de internet y de las redes sociales, en podcats y cuentas de Instagram, se difunden e intercambian discursos misóginos.
[–> [–>[–>«Dentro de la machosfera», el documental que le ha producido Netflix y que desde el mes de febrero está disponible en la plataforma, podría dar miedo, pero no lo da. La machosfera, la comunidad de la píldora roja como gustan autodenominarse sus miembros, da más verguenza ajena que otra cosa.
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Louis Theroux empieza con sus indagaciones en Marbella. Allí reside uno de los ídolos de la comunidad de machitos, un tipo que anda huido de la justicia británica que le busca por su implicación en un par de accidentes de tráfico.
[–>[–>[–>En España su existencia es más rutinaria de lo que podría esperarse: muchas horas de gimnasio y una continua obsesión por generar contenido para difundir en sus redes sociales. En un par de ocasiones, el asunto se le va de las manos, con episodios violentos que responden más a esa necesidad de dar espectáculo que a convicciones ideológicas.
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Poco más o menos, lo mismo que los otros dos protagonistas del documental. Mucha impostura, fijación con las cifras –con cuántas mujeres se han acostado, cuántos coches tienen, a cuántos millones asciende su patrimonio…– y poco fundamento. Sus vidas familiares –con novias, esposas e hijas y uno de ellos con su madre– son más convencionales de lo que intentan hacer creer. Sus parejas son menos dóciles y parecen menos satisfechas de los que ellos proclaman.
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[–>En el fondo, esa es la conclusión a la que una llega al acabar de ver el documental de Louis Theroux, todo lo que hay es negocio fácil. La ideología que debería sostener el andamiaje con el que se presentan no es consistente, no resiste ni el más mínimo cuestionamiento. Los argumentos en los que se asienta están llenos de contradicciones y el éxito que promete es simplón. A pesar de su obscenidad, la machosfera que Louis Theroux destapa es poco más que una engañifa para incautos.
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