La opinión de Mario Saavedra: «Fascista, totalitario, tirano y traidor»
Esta semana, el hombre más rico del mundo y uno de los que tienen más capacidad de influencia (gracias a su red social, X) ha insultado al presidente de España. Elon Musk ha llamado a Pedro Sánchez “fascista”, “totalitario”, “tirano”, “traidor”, “sucio” y, en lenguaje emoji, «mierda«.
[–>[–>[–>Otro de los oligarcas tecnológicos que definen nuestra era, el dueño de Telegram, Pavel Durov, también ha cargado contra el socialista. Ha enviado un mensaje a los teléfonos de los usuarios españoles un largo mensaje pidiéndoles que se levantaran contra el Gobierno porque, presuntamente, pretende imponer la censura y el control de la opinión.
[–> [–>[–>¿Por qué están tan enfadados?
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El detonante común parece haber sido el anuncio de Pedro Sánchez de que va a prohibir las redes sociales para menores de 16 años, por el impacto que tienen para la salud mental de los menores y los riesgos que su uso representa.
[–>[–>[–>Pero esto solo no explica la inquina contra Sánchez, porque esa misma medida de limitar el acceso a los menores la han adoptado otros países: Australia (prohibido por ley: edad mínima de 16 años, en vigor), Francia (prohibición para menores de 15 años aprobada en la Asamblea y pendiente de entrada en vigor definitiva), Eslovenia (anunciado la preparación de una ley para prohibir a menores de 15 años) o Turquía (anunciado un borrador legislativo para restringir el acceso de menores).
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Quizá les haya irritado más que el presidente también haya anunciado su intención de hacer penalmente responsables a los dueños de las plataformas. Esto serviría para explicar la ira selectiva de Durov contra Sánchez, pero no la de Musk. El sudafricano no ha insultado a Emmanuel Macron, a pesar de que allí sí se enfrenta a responsabilidades penales: la fiscalía de París ha ordenado registrar las oficinas de X como parte de una investigación por presunto abuso de los algoritmos, extracción fraudulenta de datos y difusión de contenido ilegal (incluidos “deepfakes” sexuales y material de abuso infantil). Musk y la ex CEO Linda Yaccarino han sido citados para declarar.
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[–>Quizá la diferencia más esencial es que Sánchez parece estar buscando el choque abiertamente; o, al menos, no rehuyéndolo. Como en el jiu jitsu, el arte marcial en el que se usa la embestida del contrario para devolver el golpe, el presidente ha respondido a cada insulto en su propia campo, la red X; ha ganado popularidad, viralidad y muchos aplausos.
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Cuando se anunció la regularización de medio millón de inmigrantes en España por iniciativa popular, Musk difundió a sus 234 millones de seguidores el bulo de que se trataba de una medida de “ingeniería electoral”, cuando en realidad la regularización no conlleva nacionalidad ni derecho al voto. Incluso si con los años terminaran obteniéndolo, no está claro en qué sentido votarían los inmigrantes, como demuestra la diáspora venezolana o cubana en Estados Unidos, eminentemente conservadora.
[–>[–>[–>Sánchez respondió a Musk con una frase, en inglés: “Marte puede esperar, la humanidad no”. Tras las nuevas descalificaciones de esta semana por las medidas digitales, el presidente ha tirado de una cita apócrifa del Quijote, esta vez en español: “Deja que los tecno-oligarcas ladren, Sancho, es señal de que cabalgamos”.
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Musk propaga frecuentemente campañas contra los inmigrantes de tintes claramente xenófobos y racistas. Da pábulo a la falsa “teoría del reemplazo”, según la cual hay un plan internacional para sustituir a los europeos blancos por otras razas africanas. Dio amplia difusión a su entrevista a la líder de Alternativa por Alemania, Alice Weidel, en la que se repetían todos los mantras sobre el presunto declive de Europa por culpa de oleadas migratorias (exageradas) desde países africanos. Contribuyó, por ejemplo, a movilizar a decenas de miles de personas para una marcha en Londres contra la inmigración.
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El presidente español y su equipo han visto una oportunidad para fijar el relato oponiéndose públicamente a titanes. Por sus enemigos les conoceréis. Y, de momento, va ganando. Medios internacionales y miles de mensajes en redes sociales en todos los idiomas han aplaudido su valentía para ir a contracorriente, como Don Quijote: inmigración, en positivo; tecno-oligarcas, el enemigo. Ha rematado esta campaña con un artículo de gran repercusión en el diario New York Times, en el que defiende la regularización como una cuestión no solo humanitaria, sino también buena para la economía.
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Sánchez tiene uno de los mayores olfatos políticos de entre los líderes mundiales actuales. Sabe anticipar lo que serán las grandes batallas culturales. Pasó con la guerra en Gaza. Fue el primero en coger una bandera, la de las críticas a Israel, que poco a poco irían adoptando otros. Ahora, ha sabido prever que habrá un choque, tarde o temprano, entre los gobernantes europeos y las tecnológicas estadounidenses, apoyados por la nueva administración estadounidense.
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También ha sabido comprender el fenómeno tecno-político más importante de nuestros tiempos: cuanto más interacción o “engagement”, más propenso es un contenido a hacerse viral. Los algoritmos son en buena medida máquinas engrasadas para promocionar el odio y la ira, y por eso los choques en internet crecen como la espuma. Frases cortas, golpes directos. Luego, los periodistas beben del fenómeno y lo consolidan en artículos de opinión y titulares.
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A Sánchez el choque le puede salir mal. El poder de las redes sociales y de la Administración estadounidense es demasiado formidable. Irresistible. Y van a por los líderes europeos, especialmente los progresistas.
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Se sabe desde el discurso del vicepresidente J.D.Vance en la conferencia de seguridad de Múnich hace casi un año: insultó a las democracias europeas diciendo que impedían la libertad de expresión. En la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos se puso negro sobre blanco que Washington pretende interferir en los procesos electorales europeos (lo escribieron de otra forma), promocionando la agenda de los que llama “patriotas”, es decir, los partidos nacional-populistas: AfD en Alemania, Reagrupamiento Nacional en Francia o Vox en España. La jueza que investiga el caso contra Marine Le Pen ha denunciado presiones desde la Embajada de Estados Unidos en París. Es solo el comienzo.
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@MarioSaavedra
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