La opinión de Toño Bernardo sobre la situación azul y el frente ruso: Orden 227
En verano no existía en todo el planeta fútbol otra afición más ilusionada que la nuestra. El oviedismo no caminaba, levitaba. Sonreíamos a escondidas cuando nadie nos miraba. Nos acostábamos de noche y no contábamos ovejas. Planificábamos viajes a estadios que tanto habíamos echado de menos.
[–>[–>[–>Todos los astros se habían alineado para hacernos felices. Ascenso del Oviedo, del Vetusta y del Femenino en el año de nuestro centenario. Por fin el fútbol nos estaba devolviendo lo que anteriormente nos había arrebatado. ¡Cazorla iba a jugar en Primera con el Oviedo y nosotros lo íbamos a disfrutar! ¿Ponerle su nombre a una plaza de la ciudad y al palco presidencial del Tartiere? Menudeces para lo que de verdad se merecía el capitán.
[–> [–>[–>El oviedismo se desabrochó la camisa y, a pecho descubierto, permitió a los dirigentes del club que nos exprimiesen hasta la última gota de sangre azul que nos quedaba. Todo nos parecía bien. Porteros rumanos, «estrellas» de la liga serbia, tercer delantero del Levante en Segunda o pensionistas de la Liga mexicana. ¿Qué más daba? Estábamos en Primera y quienes lo habían conseguido gozaban de toda nuestra confianza. Si había que proyectar la imagen de un fichaje proveniente de la Liga húngara en medio del Campoamor, se proyectaba y todos le venerábamos, como los niños de Fátima a la Virgen.
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Nosotros, que en nuestro foro interno siempre nos hemos considerado de Primera, un club histórico de la Liga española, tuvimos que padecer 24 temporadas alejados del que internamente consideramos nuestro lugar en el mundo: la Primera División. Hagan memoria, por favor, y recuerden lo que sintieron al ver al Oviedo saltar al césped en Villarreal, con el ambientazo del regreso frente al Madrid o tras vencer a la Real. No había nadie en el mundo más feliz que los oviedistas. Nuestra dicha era sincera y emocionada, en absoluto impostada. Seis meses después, nos vemos colistas, a una distancia considerable de los puestos de salvación y con una fractura social muy intensa frente al Grupo Pachuca, a los que no hace tanto, habíamos elevado a los altares de nuestra particular religión azul.
[–>[–>[–>Somos así. Pasamos del amor al odio en un santiamén. Para lo bueno y para lo malo esta afición es sumamente pasional e intensa. De la ilusión desbordada del verano hemos llegado al hundimiento total de la actualidad. Ojo, yo el primero. Mi Adn oviedista comparte secuencia y genomas con el de la mayoría del oviedismo. De embriagarme con una gestión que nos catapultó a Primera y nos convirtió en los reyes del fútbol regional, a no soportar la toma de decisiones deportivas calamitosas que se han tomado, unidas a una gestión económica y humana que me inunda el cerebro de dudas cara al futuro.
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Es humillante asumirlo, pero confiaba tanto en que íbamos a fichar bien y pronto en enero, que me pasé el mes actualizando continuamente las redes sociales a la espera del anuncio de un fichaje ilusionante que nunca llegó. He de reconocer que en una ocasión se me saltó el corazón al ver a Peláez firmando un contrato con el que creía que era un prometedor delantero balcánico, solución a nuestros problemas. Todo se desmoronó al comprobar hundido que era la quinta foto del año con Cepi. ¡Hasta tenía parecido con aquel Alain que tuvimos de delantero en Segunda B!
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[–>Pero de verdad pienso que no todo está perdido. Lo tenemos muy difícil, evidentemente sí, pero con lo que nos ha costado llegar hasta aquí sería muy triste que cualquier ámbito de este club, incluida la afición, bajase ya los brazos y no ofreciese resistencia y coraje frente a los retos que nos quedan por afrontar de aquí a final de temporada. Con lo que hemos pasado, con los disgustos que nos hemos tragado desde el 2001 hasta hoy en día, la actual situación clasificatoria no es nada a lo que no nos podamos enfrentar y, por supuesto, revertir.
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Los amantes de la historia bélica recordarán la famosa Orden 227 de Stalin. Aquella por la cual se prohibía tajantemente dar un paso atrás, a militar o civil, en la defensa de Stalingrado, a riesgo de ser ejecutado si se contradecía. A ellos, que lo tenían todo perdido, les salió bien. Crean, no abandonen, luchen, que en el mundo del fútbol se han visto remontadas mucho más improbables y quizás nos toque esta vez. La plantilla y el cuerpo técnico lo están intentando y no se les puede reprochar falta de compromiso. Que no sea porque el oviedismo no los haya acompañado con convicción. En principio, yo no estaré en la retaguardia ejecutando a quienes prefieran desertar, pero por si acaso no tienten a la suerte. Tengo a bien conocer a mucha gente dispuesta a todo, y más por el Oviedo.
[–>[–>[–>No quiero concluir esta columna sin agradecer de corazón a la peña azul Herrero su invitación para participar en el acto conmemorativo de los 40 años de su existencia. Se dice rápido, pero con todo lo que ha padecido el Oviedo desde 1986 es más que meritorio haber seguido siempre ahí, sin desfallecer y con la cabeza bien alta. Cuenten con la gente de la Herrero, con su presidente Alberto a la cabeza, para defender a hierro lo conseguido. No les verán huir.
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