La oposición prolonga dentro y fuera de Rusia la lucha de Navalni dos años después de su asesinato
Fue una oleada sin precedentes desde el arranque de la invasión de Ucrania. En San Petersburgo, en la región de Moscú, en la región de Leningrado, de Tula o incluso en el lejano ‘krai’ de Primorie, en el Extremo Oriente ruso. Entre el 13 y el 22 de diciembre de 2024, ‘Mediazona’, la página web independiente rusa más citada, fundada por Maria Aliokhina y Nadezhda Tolokónnikova, dos de las integrantes del grupo Pussy Riot, contabilizó hasta 34 ataques incendiarios con cócteles molotov y pirotecnia contra cajeros automáticos, oficinas de correos, sedes administrativas y hasta coches de funcionarios de policía.
[–>[–>[–>Pese al nulo impacto mediático de estas acciones y a las largas penas de prisión a las que se arriesgaron sus perpetradores -en la mayoría de casos detenidos por las fuerzas del orden- estos incidentes constituyen una manifestación, aunque violenta, de que el descontento popular por la situación y la guerra lanzada contra el país vecino existe en Rusia. Dos años después del asesinato de Alekséi Navalni, la oposición rusa, tanto dentro como fuera del país, continúa plantando cara a un régimen cimentado en la represión y el terror, y dotado de ingentes recursos. Y lo hace aprendiendo en el camino el arduo oficio del activismo político, e incluso cosechando algunos éxitos, pese a los conflictos y divisiones internas.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>El triunfo más notorio en todo el periodo transcurrido es la formación de la denominada Plataforma para el Diálogo en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE) en Estrasburgo, más de tres años después de la fulminante expulsión de la delegación de la Federación Rusa y la subsiguiente aprobación de una resolución que calificaba al Estado ruso como «terrorista». En esta mencionada tribuna se hallan presentes casi todas las principales organizaciones opositoras del país: el Comité Antiguerra de Rusia, fundado por el empresario Mijaíl Jodorkovski, la Fundación Rusia Libre, cuyo vicepresidente Vladímir Kara-Murzá, fue envenenado en dos ocasiones, el Foro Rusia Libre, encabezado por el exajedrecista Garry Kaspárov, una representación de las minorías étnicas y hasta opositores como Liubov Sobol, con vínculos con el Fondo contra la Corrupción (FBK) del fallecido Navalni.
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«No vamos a dar la espalda a los rusos que defienden la democracia, los derechos humanos y la libertad, y que se oponen a esta guerra: esta plataforma será un lugar para que esta otra Rusia pueda hablar, de forma clara, abierta y sin temor», declaró Theodoros Roussopoulos, presidente de la PACE, en el momento de la bienvenida a la delegación opositora rusa. Su propósito, tal y como especifican sus creadores: apoyar a las fuerzas opositoras, impulsar la democracia, combatir la desinformación y promover un cambio político en Rusia. Con el permiso del presidente, los 15 integrantes de la plataforma podrán asistir a los comités y subcomités de la institución basada en Estrasburgo, además de dirigirse a ellos.
[–>[–>[–>Opositores rusos en la sede del Consejo de Europa en Estrasburgo. / Sotaproject
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La ausencia de representantes ‘oficiales’ de FBK pone sobre el tapete uno de los principales problemas a los que se enfrenta el movimiento disidente ruso: las rivalidades de liderazgo entre los dos principales grupos, líderados respectivamente por Jodorkovski y Yúlia Naválnaya, viuda del bloguero anticorrupción asesinado. «Son los que hacen más ruido, y protagonizan polémicas en las redes sociales», informa a EL PERIÓDICO Egor Kuroptev, fundador del Centro de Comunicaciones Estratégicas EK, un laboratorio de ideas especializado en contrarrestar las políticas del Kremlin y apoyar a gobiernos democráticos. Kuroptev cree que la inmensa mayoría de los «miles y miles de rusos que se oponen al régimen de Putin» se mantienen al margen de esta pugna intestina, e incluso algunos de ellos, en particular los más jóvenes, ni siquiera han oído hablar de los mediatizados opositores instalados en Occidente.
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Andréi Kalitin, reportero de Nóvaya Gazeta, la principal publicación independiente de Rusia, considera que cada una de estas dos ramas de la oposición cuenta con sus puntos fuertes y sus debilidades. Mientras el Comité Antiguerra de Rusia dispone de recursos económicos, «carece de contactos con las élites políticas rusas». FBK y la Fundación Rusia Libre, por su parte, «están más orientadas al Departamento de Estado de EEUU y reciben apoyo de fundaciones y políticos estadounidenses«, valora Kalitin, quien cree que estas diferencias son subsanables si ambas «perciben una posibilidad de cambio real» en Rusia.
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[–>Cambios y madurez
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En España, ‘Los Rusos Libres’, la principal organización opositora, ha experimentado, durante el tiempo transcurrido desde la muerte de Navalni, importantes cambios en su composición y estrategias. Su presidente, Alekséi Nesterenko, afirma que el número de activistas rusos dispuestos a llevar a cabo acciones y protestas se incrementó hace dos años debido el impacto emocional del asesinato de Navalni, aunque admite que se ha reducido posteriormente. En el lado contrario de la balanza, considera que su organización está mucho más consolidada y madura, cuenta con miembros más comprometidos, y está adquiriendo, no solo experiencia, sino también presencia institucional. «Hacemos menos calle y más instituciones; antes manteníamos contactos con políticos a título individual, ahora celebramos encuentros y actos con ellos».
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La posibilidad de un cambio político en Rusia, cuando aún ni siquiera han callado las armas en Ucrania y la ciudadanía rusa no puede asumir e interiorizar el enorme impacto que tendrá el conflicto armado en la economía y la demografía del país, se ve aún muy lejana entre las filas opositoras, debido sobre todo a la descomunal represión política. «Solo por publicar panfletos o difundir posts contra la guerra en Telegram uno puede ser condenado a tres años de cárcel», recuerda Kuroptev. Kalitin considera que cualquier cambio deberá esperar a «la salida de Putin del poder» y deberá contar necesariamente con la complicidad de «los tecnócratas y grandes empresarios» que, según afirma, están «cansados de la guerra» y buscan «normalizar relaciones con Occidente». Solo ellos, continúa el periodista, son capaces de orillar a los veteranos de los servicios secretos que trajo Vladímir Putin cuando llegó al Kremlin en el año 2000 y que han amasado enormes fortunas bajo su mandato, en muchos casos mediante confiscaciones y arbitrariedad.
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