La polarización toca techo
Las elecciones andaluzas no han traído un terremoto político, pero sí dejan varias lecturas interesantes. La primera es que la polarización toca techo en los extremos. Las opciones que basan su discurso en el enfado permanente o la búsqueda constante de culpables no consiguen ampliar de forma significativa su espacio electoral.
[–>[–>[–>La marca propia de Moreno, que sabe navegar en la derecha sin ceder espacio a Vox, también sale airosa, desplazándose hacia el centro y dejando al PSOE poco margen para reconstruir una alternativa competitiva. Feijóo y parte de la dirección nacional harían bien en extraer alguna conclusión: no parece imprescindible recurrir al populismo fácil, al tono vulgar o a la sobreactuación para ganar elecciones.
[–> [–>[–>Pedro Sánchez ha demostrado una enorme capacidad de supervivencia en la política estatal, pero esa habilidad no está encontrando traducción en el ámbito autonómico. El desembarco de primeras figuras de la Moncloa no logra activar electorados ni reconstruir estructuras territoriales debilitadas. En cambio, el Gobierno central se mantiene en pie a pesar de los innumerables ataques, así que quizás es momento de escuchar a las estructuras regionales del partido y tejer o zurcir las redes autonómicas. En juego está la democracia tranquila, la convivencia con normas, la discrepancia respetuosa, la verdad contrastada.
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También la izquierda amable consigue buenos resultados sin alzar la voz ni el tono. Adelante Andalucía ha conseguido sus escaños sin alzar la voz, sin usar el miedo de los que vendrán ni mirar a nadie moralmente por encima. Una sorpresa agradable.
[–>[–>[–>Sería bueno que todo ello significase el inicio del retorno a una política de debate y desacuerdo, pero el mundo no marca ese camino y, de momento, la mentira y la desinformación siguen generando beneficios electorales. Es difícil ganar cuando las reglas del juego han cambiado y tú sigues con las antiguas, pero parece que no todo está perdido. Con un PP como el de Moreno y una izquierda como la de AA (y un PSOE como en otros lados), la discrepancia volvería a ser eso, diferencia democrática.
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