Viaje oficial | Putin llega a Pekín para escenificar sus lazos de acero con China tras la visita de Trump
El aterrizaje de Vladímir Putin cuatro días después de que despegara Donald Trump y la reciente romería de líderes europeos confirma a Pekín como la capital de la geopolítica. Viene el mandatario ruso en visita de Estado, con parecida pompa y circunstancia que la que disfrutó el estadounidense, para certificar que la salud del eje Pekín-Moscú no sufre cíclicamente por guerras comerciales, restricciones exportadoras ni desavenencias por Taiwán. «Nuestras relaciones», sentó Putin en la víspera, «han alcanzado unos niveles verdaderamente sin precedentes».
[–>[–>[–>Serán inevitables las morbosas comparaciones. Se refiere repetidamente Trump a Xi Jinping como un buen amigo sin conseguir que este abandone la frialdad diplomática. Xi y Putin se llaman «gran amigo» y «viejo amigo» sin recato y comparten escenas cotidianas con la química que anhela Trump. El tiempo ha solidificado la amistad. Se han visto en 40 ocasiones en las dos décadas en el poder de Putin. Esta será su vigésimoquinta visita a China y los ocho meses desde la última, en los fastos del 80 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, ya parecían muchos. «Es nuestro principal invitado», concedió entonces Xi.
[–> [–>[–>El Kremlin ha avanzado que servirá esta cumbre para que el líder chino le ponga al corriente de lo que habló con Trump. Sus confidencias integran ya la casuística. Putin llamó a Xi poco después de hablar con Washington sobre la guerra de Ucrania y ambos conversaron después de que el líder chino felicitara a Trump por su reelección. Medio siglo atrás consiguió Washington con la histórica visita de Nixon a Pekín uno de sus grandes logros diplomáticos: impedir que las dos potencias comunistas se acercaran. «Creo que puedo desunirlos», avanzó Trump en octubre, y su secretario de Estado, Marco Rubio, repitió que quería «diluir sus lazos». Ese escenario es hoy utópico, por la sintonía sinorusa y la torpeza de la Casa Blanca.
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Rebajar la influencia de Occidente
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Rusia y China se animan mutuamente a conseguir «cambios que el mundo no ha visto en un siglo» y rebajar la influencia de Occidente fortaleciendo organizaciones alternativas a la arquitectura tradicional como los BRICS. A su misión contribuye Trump con muros arancelarios, ataques a la OTAN, pasotismo medioambiental y amenazas a Groenlandia o Canadá. El comercio, la seguridad, el objetivo de un mundo multipolar y la desconfianza hacia Estados Unidos han soldado sus lazos. También en la guerra de Irán han unido sus fuerzas en el Consejo de Seguridad de la ONU para tumbar las sanciones. De ese conflicto han salido reforzadas. China apuntala su papel de potencia responsable y comprometida con la paz, que no crea guerras ni las agrava, sin que el cierre de Ormuz haya comprometido su seguridad energética. Rusia ha encadenado pedidos desde Asia para dar salida a los hidrocarburos que años atrás le compraba Occidente.
[–>[–>[–>También tranquilizó a Pekín si el prolongado conflicto vacía sus reservas de crudo: ahí estará para llenarlas de nuevo. Las exportaciones rusas hacia China han aumentado un 35% en el primer cuatrimestre del año, ha desvelado Yuri Ushakov, asistente de Putin. «Durante la crisis de Oriente Medio, Rusia sigue siendo un estable suministrador y China es un responsable consumidor», añadió. Pekín suma 16 años como principal socio comercial de Moscú y en esta visita, que coincide con el 25 aniversario del Tratado de Amistad Sino-rusa, la cooperación energética ocupará un rol central.
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El pasado año acordaron el envío adicional de 2,5 millones de toneladas métricas anuales a China. El oleoducto Power of Siberia 2, aunque ya firmado, no ha trascendido de los planos y sigue atascado por las negociaciones del precio. El regateo con China tortura a Rusia porque acude a la mesa de negociaciones con manifiesta debilidad: primero, tras su anexión de Crimea; después, con su invasión de Ucrania. Las sanciones de Occidente le privan de alternativas y China aprovecha la oportunidad de mercado para firmar gangas. La crisis de Oriente Medio le da cierto desahogo a Putin por primera vez. China prioriza la diversificación de fuentes y elude la excesiva dependencia de un país, incluso de Rusia, pero los problemas en Oriente Medio podrían matizar su postura.
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