La red de comunicación vesicular
Si cada célula tiene todas las características para considerarla un ser vivo (en el clásico modelo nace, crece, se reproduce y muere), al formar parte de organismos pluricelulares su subsistencia y la del conjunto dependen de que haya mecanismos de comunicación y control. Tradicionalmente se atribuyen estas funciones al sistema endocrino y nervioso. El primero, más lento pues depende del circulatorio, tiene menos especificidad y precisión. Es más antiguo. El nervioso, rápido como la luz, alcanza gran exactitud en sus acciones. Parecería que ellos dos bastarían. Y es una configuración que nos facilita un entendimiento racional de los organismos complejos. Pero hay mucho más en esa interlocución entre células que vuelve a demostrar cuánto dependemos de lo que me atrevo a denominar el paradigma científico para explicarnos cómo son los seres vivos. Por ejemplo, en la época de los autómatas, cuando Descartes consideraba a los animales como tales, todo era mecánica: los músculos como poleas que movían las palancas, el corazón como una bomba, iguales que las que se fabricaban para mover el agua. Humane corpore fabrica era el título del famoso libro del anatomista Vesalio. Y cuando se descubrió que también en el interior de nuestras células se producía una combustión, como en las máquinas de vapor, se aplicó esa física a la comprensión de la fisiología. Tenía que llegar la informática y los sistemas de control para que miráramos el cuerpo como una computadora que maneja información: cuando sube el azúcar se descarga insulina…
[–>[–>[–>Lo que no entra en el modelo se desprecia. Así se hacía con unas vesículas que arroja a la sangre el músculo ejercitado. Bastan unos minutos de bicicleta para que aparezcan cientos de minúsculos globos. Se pensaba que transportaban detritus, substancias de desecho que el músculo producía en su exigido metabolismo. Pero no: contienen proteínas y fragmentos de ARN y más cosas. Son mensajeros que van a modificar la actuación de otras células, quizá alejadas. Esto puede explicar muchos beneficios del ejercicio físico aunque es un área en la que andamos todavía a tientas. Parece que uno de los órganos diana es el cerebro. Si a ratones sedentarios se les inyecta vesículas obtenidas de ratones activos, se observa cómo generan neuronas nuevas en una zona del cerebro llamado hipocampo, lugar donde reside en parte el aprendizaje y la memoria. Quizá eso explique los supuestos beneficios del ejercicio físico sobre el cerebro: la mejora de la atención, la memoria, el estado de ánimo…. La hipótesis más frecuente se basaba en la neuroplasticidad: los cambios en las conexiones neuronales provocadas por las demandas realizadas por el ejercicio. La cosa sería así: el músculo, que se contrajo gracias a una orden del cerebro conducida por el sistema nervioso periférico, ahora le transporta la información de la actividad realizada y él, el cerebro, responde reconfigurándose para poder afrontar mejor las nuevas demandas. Puede ser así, pero la posibilidad de que se complemente con una comunicación por el torrente sanguíneo mediante moléculas que informan de lo que hizo el músculo es muy atractiva. Porque abre un campo de interconexiones que nos adentra en ese mundo que nos interesa: somos un todo íntimamente comunicado. Lo que hacen los músculos repercute en todo los otros órganos.
[–> [–>[–>Los seres vivos se adaptan a la demanda. Se atribuye al ejercicio físico los beneficios sobre el sistema cardiovascular y metabólico como consecuencia de las modificaciones que se hacen para poder responder a las exigencias con más facilidad: un corazón más fuerte, un sistema endocrino más resistente etc. Una respuesta casi mecánica. Es muy interesante aprender que hay algo más, una red molecular que enciende las interacciones entre los músculos y el resto de los órganos y sistemas. Las proteínas, que son productos de ADN, no solo nos construyen además nos regulan. Y esas que segrega el músculo actúan sobre el corazón y los vasos sanguíneos fortaleciéndolos. Otras, especializadas en el páncreas, viajan a ese órgano donde ayudan a regular la secreción de insulina. Quizá sean responsables en buena parte del beneficio del ejercicio para evitar o controlar la diabetes. Lo normal es considerar que la demanda de energía que se produce con el trabajo físico obligue al organismo a gastar progresivamente su almacén de grasa. Hoy se especula con que las vesículas son también mensajeros para la movilización de esas reservas.
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Me he concentrado en la emisión de vesículas por las células musculares.
[–>[–>[–>Realmente lo hacen casi todas. Sus funciones, con las dudas que hay alrededor de ellas, son múltiples. Por ejemplo, tienen que ver con la inmunidad. Otras, secretadas por el tejido mesenquimatoso, ayudan a repararlo. Este tejido forma los cartílagos, ligamentos, tendones entre muchos otros. En general contienen pocas células y pocos vasos sanguíneos pues nada hay que alimentar. Eso les condena a tener escasa capacidad regeneradora. Pero si realmente esas vesículas actúan sobre ligamentos y tendones, nos puede explicar los beneficios que se observan con el ejercicio cuando sufren lesiones. Permanecer activo a lo largo de los años cada día se ve más como una garantía de salud y bienestar.
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