la sombra de la injerencia electoral se cierne sobre los comicios legislativos y presidenciales de este 2026
«Colombia también está muy enferma y está dirigida por un hombre enfermo al que le gusta hacer cocaína y enviarla a Estados Unidos, y no lo va a hacer por mucho más tiempo«. Donald Trump desafía el lenguaje político. La animadversión del multimillonario hacia Gustavo Petro viene de lejos. Al calor de la captura de Nicolás Maduro le recomendó que se «cuide el trasero». Pero las amenazas exceden a estas alturas las razones ideológicas e inclusive el histórico problema del narcotráfico. Trump, busca ser un factor decisivo en un año electoral en el país sudamericano. Los colombianos deben decidir quién los gobernará a partir de agosto en los comicios del 31 de mayo. En caso de segundo vuelta, volverán a acudir a las urnas el 21 de junio. Pero son las elecciones legislativas del 8 de marzo los que determinarán con qué fuerza parlamentaria contará el futuro jefe de Estado.
[–>[–>[–>El calendario, por lo tanto, ya está contaminado por los sucesos que estremecen a Venezuela. Se espera que el multimillonario republicano lo condicione mucho más en medio de la definición de las candidaturas de los diferentes bloques en pugna. La capacidad de disciplinar a un electorado ha quedado en evidencia en Argentina y Honduras. En el primer caso, Trump auguró el desastre económico y el fin de la asistencia financiera norteamericana si no se votaban los candidatos del presidente Javier Milei al Congreso. La intromisión en las elecciones hondureñas fue también determinante para que el empresario de la construcción Nasry Asfura fuera proclamado ganador en medio de serias dudas sobre la transparencia del escrutinio. Colombia aparece como el próximo escenario donde Trump pondrá a prueba la voluntad de profundizar el dominio político de Estados Unidos en la región.
[–> [–>[–>El Ministerio de Exteriores colombiano denunció la injerencia de EEUU. «Deje de calumniarme señor Trump. Así no se amenaza a un presidente latinoamericano surgido de la lucha por la paz del pueblo de Colombia», dijo por su parte Petro. «Si ustedes bombardean uno solo de estos grupos sin inteligencia suficiente, matarán muchos niños. Si bombardean campesinos, se volverán miles de guerrilleros en las montañas. Y si detienen al presidente que buena parte de mi pueblo quiere y respeta, desatarán al jaguar popular». También comparó lo ocurrido en Caracas con el «bombardeo hitleriano sobre Guernica» que «no se puede olvidar». Recordó por último que nunca había reconocido la victoria de Maduro al considerar que ese proceso no había sido libre. Eso no le ha impedido asegurar que la captura del mandatario venezolano carece de base legal y constituye una grave violación a la soberanía de Venezuela.
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El tono del debate
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Trump tiene sus traductores en Colombia dispuestos a adoptar la línea argumental. «Petro no ha sido un espectador distante. Es un aliado político del narcor égimen», señaló Sofy Casas en la revista Semana. Esa es la línea argumental que los distintos aspirantes de la derecha y la ultraderecha han activado con fuerza de cara a marzo y mayo. La «extracción» de Maduro de su búnker es a estas alturas un tema de la campaña. «Así es como deben terminar todos los tiranos«, dijo el trumpista Abelardo De la Espriella. Vicky Ávila se pronunció con igual entusiasmo. Paloma Valencia, la abanderada del uribismo, criticó por su parte a Petro. «No hay derecho internacional que justifique dictaduras». El centrista Sergio Fajardo evitó nombrar a EEUU pero dijo que lo sucedido vulnera la carta de la ONU. Iván Cepeda, el candidato de la izquierda, advirtió que la «agresión» podría «escalar y derivar en un conflicto armado transnacional». Roy Barreras, quien compite con Cepeda en la primaria de ese sector, habló a su vez de la ruptura del derecho internacional.
[–>[–>[–>«Por primera vez en la historia reciente Colombia tendrá unas elecciones en medio de un conflicto internacional al otro lado de una de sus fronteras. Y es la más grande, la más vibrante, y con el país más entrelazado con la política colombiana. Venezuela ha pesado tanto que tiene término propio en el lenguaje político: castrochavismo«, señaló la revista digital La silla vacía. Luis Duque, quien trabajó en la campaña de Juan Manuel Santos en 2010, dijo a esa publicación que la captura de Maduro no redefine el resultado electoral en Colombia, «pero sí modifica el clima en el que se compite». El estado de ánimo podría favorecer a las opciones más cercanas a Washington, estimó por su parte Sandra Borda, una académica de la Universidad de Los Andes.
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«Entendemos el clamor de una Venezuela que sueña con la libertad, la democracia y una nueva oportunidad sobre la Tierra. Sin embargo, lo ocurrido en la madrugada del sábado 3 de enero de 2026 dista mucho de ser la utopía que la Casa Blanca ha pretendido proyectar», señaló el diario bogotano El Espectador. «Lo advertimos cuando inició la estrategia para derrocar a Maduro: ¿y si mañana se decide que el Gobierno colombiano es aliado de los narcotraficantes y se justifica otra intervención? ¿O si ocurre algo similar en cualquier otro país de la regió?». La pregunta es recurrente en otros analistas. «Lo aconsejable es la prudencia«, pidió El Tiempo.
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