la tecnología con sello asturiano que convierte la basura en materia prima (y sin contaminar)
Asturias lleva años buscando qué hacer con la parte de la basura que no se recicla. El combustible sólido recuperado, el CSR que sale de los residuos urbanos después de su clasificación, se ha convertido en un problema de difícil encaje: ocupa, cuesta, genera polémica y obliga a decidir si se traslada, se quema, se almacena o se busca una alternativa. En medio de ese debate, una empresa asturiana instalada en Olloniego plantea una vía distinta: no enterrar el residuo ni quemarlo, sino transformarlo.
[–>[–>[–>El proyecto consiste en desarrollar una planta capaz de tratar residuos en circuito cerrado, sin emisiones a la atmósfera y sin generar nuevos residuos. Pero la novedad inmediata no está todavía en esa instalación completa, pendiente de financiación, sino en la parte final del proceso, que la empresa ya tiene montada: una tecnología para separar gases, limpiar metano y convertir el dióxido de carbono (CO₂) en productos con valor industrial.
[–> [–>[–>Detrás de esta tecnología está el físico ucraniano Arian Mamayenko, que se ha unido en esta aventura con los asturianos Miguel Ángel Martínez San Miguel, Ángel Fernández Fernández y Xosé Bermeyu García. Todos ellos conforman Ciencia y Energía en Estado Puro, CYEEP. El equipo lo completa el húngaro Lazar Potasnyik, director ejecutivo de la empresa Int-Energía KFT.
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Su planteamiento parte del biogás y consiste en aprovechar el CO₂ que se genera cuando se tratan determinados residuos orgánicos. “Cuando una planta de biogás purifica el metano para inyectarlo a una red de gas natural, ¿qué hace? Lo que no es metano, el CO₂ en particular, lo tira a la atmósfera. ¿Qué hacemos nosotros? Purificamos el metano y ese CO₂ lo convertimos en carbonatos”, resume Bermeyu.
[–>[–>[–>El CO₂ deja de ser un sobrante
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Ahí está el primer negocio que la empresa quiere abrir desde Asturias. Su sistema de separación de gases, denominado SEGADDA, permite obtener metano más limpio y, al mismo tiempo, transformar el CO₂ en carbonatos. Esos carbonatos pueden tener distintos usos: vidrio, cerámica, alimentación, agricultura o incluso baterías, según el tipo de producto que se quiera obtener.
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La compañía lo explica con una idea sencilla: el CO₂ deja de ser algo que sobra y pasa a ser una materia prima. “Queremos carbonato potásico para la industria del vidrio, aquí tenéis carbonato potásico; queremos carbonato de litio para la fabricación de baterías eléctricas, toma carbonato de litio”, detalla Mamayenko.
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[–>La planta demostrativa ya está instalada en la nave de la empresa en el polígono de Olloniego. Tiene capacidad para procesar más de cien metros cúbicos por hora y cuenta con un pequeño digestor anaerobio para producir biogás, además de gasómetros para almacenarlo. No es todavía la gran planta de tratamiento de residuos que CYEEP quiere construir, pero sí es la parte del proceso que la empresa considera lista para salir al mercado.
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“Eso es parte de toda la planta, la parte final, la parte de los gases que generamos con la basura; cuando generamos la basura, los limpiamos con esto”, explican.
[–>[–>[–>Su objetivo ahora es captar el interés de empresas. Y, según sus responsables, ya han empezado a conseguirlo. La compañía asegura que ha mantenido contactos con firmas de renombre nacional e internacional y confía en cerrar sus primeros contratos en los próximos meses.
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De la bolsa negra al gas
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El paso siguiente es más ambicioso y conecta directamente con el debate sobre la basura que no se recicla, muy presente en los últimos meses en Asturias, que aún tiene pendiente decidir qué hace con su CSR. CYEEP trabaja en una tecnología llamada PGMCC, basada en gasificación rápida por plasma. Dicho de forma sencilla: los residuos se secan, se trituran y entran en un reactor donde se someten a temperaturas muy altas. Allí no se queman como en una incineradora, sino que se descomponen hasta generar gases y materiales que después pueden aprovecharse.
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La empresa insiste en que el sistema no tiene chimenea ni tubo de escape. Su objetivo es que todo lo que entra salga convertido en algo útil: combustibles como metano, hidrógeno o metanol; carbonatos de uso industrial o agronómico; y una escoria vitrificada que puede emplearse como material para construcción o aislamiento.
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Arian Mamayenko explica cómo funciona su tecnología. / A. G.-O.
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“Transformamos cualquier mezcla de residuos municipales en combustibles, carbonatos y escoria vitrificada. Cualquiera”, insiste Bermeyu. Pero añaden una precisión importante: no pretenden sustituir al reciclaje, sino actuar sobre lo que queda fuera de él. “Nosotros lo que ellos no reciclan lo podemos transformar”, puntualiza Martínez.
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En esa categoría entran la bolsa negra, parte de los residuos municipales, determinados lodos, restos industriales, residuos agrícolas, biomasa o incluso desechos hospitalarios. Para la empresa, el sistema puede ser especialmente útil en territorios que no saben qué hacer con las fracciones de rechazo.
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La compañía plantea el proceso como una alternativa a llevar los residuos de un sitio a otro o a quemarlos. Primero, se prepara el material. Después, el plasma rompe su estructura. De esa transformación sale un gas de síntesis. A partir de ahí, el sistema puede orientarse hacia el producto que interese: metano, si se quiere gas renovable; hidrógeno, si ese es el objetivo; o metanol, en otros casos. Lo que no se convierte en gas acaba como escoria vitrificada.
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La parte de separación de gases, la que ya tienen instalada, entraría al final de ese recorrido. Serviría para limpiar el gas obtenido y capturar el CO₂, convirtiéndolo de nuevo en carbonatos. Por eso CYEEP la considera una pieza clave: puede venderse ya al sector del biogás y, al mismo tiempo, será necesaria cuando la planta completa de residuos esté en funcionamiento.
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Una planta piloto pendiente de financiación
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Estos innovadores aseguran que la ingeniería de la planta integral está desarrollada, pero necesita dar el salto a una instalación piloto. Esa planta, calculada en unos tres millones de euros, serviría para demostrar el proceso completo con residuos reales, hacer pruebas para clientes y formar al personal que tendría que operar futuras instalaciones industriales.
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El plazo que manejan es de nueve meses desde que se cierre la financiación. Mientras tanto, la estrategia pasa por empezar con lo que ya está hecho: la separación de gases.
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La compañía nació en 2022 y trabaja apoyada en la asturiana Metaplasma y la húngara Int-Energía KFT, titulares de la patente de la tecnología. Sus responsables defienden que Asturias puede ser el punto de partida de un desarrollo industrial con recorrido internacional. “Apostamos por Asturias”, sostienen.
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