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La transición en Venezuela será lenta y estará llena de riesgos

La transición en Venezuela será lenta y estará llena de riesgos
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  • Publishedenero 8, 2026




la transición a democracia en venezuela No será fácil. No conviene apresurarse. El fenómeno de la transición de un régimen autoritario a uno democrático está bien estudiado y la conclusión es que es tremendamente incierto. Guillermo O’Donnell y Philippe C. Schmitter, en su obra Transiciones desde un gobierno autoritario (1994), afirman que la transición es un momento de anormalidad donde las reglas del juego no están definidas y nada garantiza un buen resultado. Es un auténtico campo minado porque los actores políticos deciden entre apostar por el consenso para la democracia o defender a toda costa sus dogmas particulares.

La estructura del régimen que cae es fundamental en el cambio. Adam Day, Dirk Druet y Luise Quaritsch, en «Cuando caen los dictadores» (2020), distinguen entre un sistema colonizado por el partido del dictador y uno que se basa únicamente en la figura de un individuo y no en las instituciones. El caso de Venezuela corresponde al primer tipo, que requiere no sólo derrocar al tirano sino también democratizar la administración. Esto es más fácil donde existen prácticas públicas democráticas. Juan José Linz lo señaló en «Transiciones a la democracia» (1982): es la «redemocratización», que ocurre en sociedades que previamente gozaron de democracia, como Venezuela hasta la llegada de Chávez, y que se benefician de tener una memoria colectiva del funcionamiento institucional no dictatorial.

En estas transiciones, el comportamiento no sólo de la elite política, como señaló Linz, sino también de la sociedad civil es importante; es decir, gente corriente. Esto define una transición con violencia más o menos contenida, como ocurrió en España, proveniente de fuerzas de seguridad oficiales y paramilitares, de organizaciones terroristas o de simples ajustes de cuentas. Es importante, por tanto, lo que Víctor Pérez Díaz llamó «El retorno de la sociedad civil» (1987), y O’Donnell y Schmitter llaman la «resurrección de la sociedad civil». El fenómeno se refiere a grupos políticos y sociales que resurgen en la vida pública. La clave es si lo hacen con moderación o con violencia.

El éxito de una transición de una dictadura a la democracia depende también de la victoria de lo que O’Donnell y Schmitter llaman «suave» sobre lo «duro» dentro del bloque de potencia. Mientras los últimos -se decía el búnker de la Transición española- luchan por perpetuar el régimen dictatorial o alguna de sus características, los «blandos» colaboran con el cambio y buscan sumarse a la nueva situación. La transición suele comenzar cuando los “blandos” prevalecen y permiten la reforma de la dictadura, que comienza con un proceso de liberalización que amplía los derechos individuales y colectivos para dar paso a la democratización. Es el proceso de “ley a ley” que se llevó a cabo Torcuato Fernández-Miranda.

En el proceso es esencial que exista consenso. Gennadii Iakovlev, en «Condiciones previas para una transición acordada desde un gobierno autoritario» (2023), afirma que las negociaciones exitosas requieren que la oposición a la dictadura tenga una fuerte capacidad organizativa para acordar el tránsito con los “blandos”. Lo habitual es que la parte reformista de la dictadura caída esté mejor organizada y tenga más visibilidad y poder, por lo que los opositores deben estar sólidamente unidos. En esto es evidente que el oponente María Corina Machado Tiene un elemento fundamental de fortaleza en la sociedad civil. En estos casos, para evitar episodios de violencia, afirma Iakovlev, es importante el papel de los sindicatos o de la Iglesia para calmar o mediar.

La violencia juega un papel complejo en las transiciones. Alexander W. Schwarz, Florian P. Kühn y Julia Eichenberg en «Violencia, cambio y continuidad en tiempos de transición» (2024) advierten que gran parte de la violencia surge de acciones inesperadas, como manifestaciones o huelgas, que terminan en enfrentamientos por la intervención de las fuerzas represivas del Estado o entre grupos rivales. Por eso es importante contener a los «blandos» y a los opositores.

En el caso de Venezuela, es interesante la responsabilidad que puede generar ser uno de los mayores productores de petróleo del mundo. Jean Lachapelle y Sebastian Hellmeier en «Caminos hacia la democracia tras la ruptura autoritaria» (2022) señalan que esta riqueza natural puede ser el soporte económico que consolide la nueva legitimidad social en la transición del autoritarismo a la democracia.

La transición necesita que los principales actores políticos piensen que no hay alternativa a la democracia, como expresó Linz, y que el juego electoral es la única forma de obtener el poder. Adam Day, Dirk Druet y Luise Quaritsch advierten de la alta probabilidad de una recaída autoritaria -un golpe de Estado como el 23-F en España- cuando las instituciones aún no son sólidas o la nueva legitimidad aún no está consolidada. Esto hace imprescindible el control o la complicidad de las Fuerzas Armadas en la transición, que es hoy el mayor problema de Venezuela.



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