Las divisiones de la oposición iraní en el exilio complican las alternativas al régimen teocrático en Teherán
En febrero de 2023 varias figuras de la fragmentada oposición iraní en el exilio se reunieron en Washington para tratar de unificar posturas y formar una coalición política dedicada a preparar una potencial transición en Irán hacia un régimen democrático y secular. Las calles de la República Islámica volvían a ser un hervidero. Meses de masivas protestas bajo el lema «Mujer, Vida y Libertad» habían puesto de nuevo a los ayatolás contra las cuerdas. Ante la nueva ventana de oportunidad, aquella coalición de monárquicos, liberales, izquierdistas y defensores de los derechos humanos como la premio Nobel Shirin Ebadi fue capaz de consensuar un documento de principios con la estrategia a seguir para desbancar al régimen. Pero no fue más que un espejismo. Las disputas internas resurgieron tras la publicación del documento y, menos de dos meses después de que todo comenzara, la coalición se había disuelto.
[–>[–>[–>«Aquello fue una farsa», dice ahora el cineasta y académico iraní Kaveh Abbasian, involucrado en los movimientos estudiantiles de su país y ahora exiliado en el Reino Unido. «Había gente desconocida, grupos cercanos a la inteligencia estadounidense y luego estaba Reza Pahleví, el hijo del shah, que trató de liderar la coalición imponiendo a su gente. Cuando otros se opusieron, Pahleví abandonó el grupo y todo se fue al traste». Aquel episodio sirve para ilustrar las dificultades que ha tenido históricamente la oposición iraní en el exilio para unir a sus distintas facciones y actuar de forma coordinada contra el régimen teocrático. Una aparente necesidad a raíz de las recientes protestas masivas en Irán — reprimidas por las autoridades con miles de muertos — y las amenazas de Donald Trump para intervenir en el país. El Pentágono ha concentrado fuerzas navales en la región, aunque, de momento, la vía de la negociación sigue abierta, como se vio el viernes en Omán.
[–> [–>[–>En esa oposición iraní hay de todo. Desde republicanos a monárquicos, izquierdistas y liberales, nacionalistas o islamistas moderados que fueron en su día parte del régimen. A todo ello habría que añadirle diversas facciones ligadas a las minorías étnicas del país, algunas de ellas separatistas. «La oposición es débil y está muy fragmentada porque no son capaces de consensuar una estrategia o ponerse de acuerdo sobre el modelo de país al que aspiran», asegura Shaghayegh Norouzi, una activista de los derechos de las mujeres exiliada en España. «Cuando te enfrentas a un régimen surgido de una revolución y con una ideología tan fuerte, necesitas tener las ideas claras y una capacidad de movilización que hoy apenas existe».
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Larga historia de represión
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Lo cierto es que ni el shah primero ni los ayatolás después lo pusieron nunca fácil. Después de que las fuerzas islamistas del ayatolá Jomeiní se apropiaran de la revolución de 1979, que acabó con la dictadura prooccidental del shah Reza Pahlaví, la nueva República Islámica se encargó de depurar a todo aquel dispuesto a hacerle sombra. «A principios de los años 80 arrestaron a muchos de los que participaron en la revolución y años después los ejecutaron. Miles de ellos, incluidos los líderes de la mayoría de partidos políticos», explica la activista por los derechos de los presos políticos Shiva Mahbobi, exiliada en Europa tras pasar por las cárceles del régimen cuando era una adolescente. La represión continuó también fuera de Irán, donde fueron asesinados algunos de los activistas políticos que lograron escapar.
[–>[–>[–>Desde entonces cualquier intento de organizar una oposición al régimen dentro de Irán ha sido una misión suicida. Aquellos que lo intentaron, como los reformistas Mir-Hossein Mousaví o Mehdi Karroubi, acabaron en arresto domiciliario. Una dinámica que explica por qué las revueltas populares de los últimos años no han tenido líderes visibles o una estrategia definida. Aún así las masacres han sido la norma. Algunas organizaciones de derechos humanos elevan hasta 30.000 los muertos en esta última movilización, una cifra que no tendría precedentes en la historia moderna del país.
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Lazos con terceros países
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Con tantos intereses en juego, parte de la oposición en el exilio tiene aparentes lazos con los servicios de inteligencia de terceros países, lo que complica un poca más las cosas. Durante años la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK), uno de los grupos más conocidos, operó desde Irak, hasta el punto de alinearse con el régimen de Sadam Hussein durante la guerra Irán-Irak. Islamistas pero con influencias del marxismo revolucionario, el MEK recurrió durante décadas a la lucha armada contra el régimen y acabó siendo declarado por EEUU organización terrorista. «El MEK nunca tuvo una verdadera popularidad entre los iraníes por la brutalidad de sus métodos. La gente no los quiere», dice Mahbobi.
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[–>La debilidad de la mayoría de fuerzas en el exilio ha dejado al hijo del shah como alternativa aparente, a pesar del recuerdo de la brutal represión y la extendida corrupción de sus 40 años de dictadura. «Hace 10 años el hijo del shah no tenía ningún seguimiento, pero se ha beneficiado de una campaña para proyectar su figura y ha acabado llenando el vacío», asegura Norouzi. En esa campaña han sido instrumentales dos canales de televisión que emiten desde el exilio –Iran International y Manoto TV–, ambas opacas respecto a su financiación. Pero también un conglomerado de lobis, laboratorios de ideas y donantes. «Se han gastado mucho dinero en Pahleví y, como resultado, ha acabado convirtiéndose en el altavoz de los deseos y la estrategia del Mossad y la CIA en Irán», asegura Abassian. El diario israelí ‘Haaretz’ publicó recientemente, por ejemplo, que el Gobierno de Netanyahu ha llevado a cabo una campaña digital con cuentas falsas y bots en las redes para realzar la imagen pública del hijo del shah, cuyo padre fue aliado estrecho de Tel Aviv y Washington.
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Todo eso ha hecho que en las recientes protestas se vieran algunos carteles con la efigie de Pahlaví o las banderas del Irán monárquico, pero al mismo tiempo la desconfianza pervive en muchos sectores de la sociedad iraní. Entre los expertos consultados, sin embargo, todos quitan hierro al hecho de que la oposición en el exilio no parezca estar en condiciones para tomar las riendas del país. «Al final no será la oposición la que tumbe al régimen. Si hay un cambio, vendrá desde dentro. Ninguna revolución espera a que haya partidos políticos listos para tomar el poder. No es así como funcionan las cosas», afirma Mahbobi.
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