Las ínsulas barataria del siglo XXI
Se subsumen, cual Carnaval en Don Quijote, voces dejando entrever que el futuro de España ha de ser un confederado de naciones, países o principados. De fondo está «la seguridad» como el principio activo. El primer artículo de la carta fundacional de la OTAN, emitida en Washington el 4 de abril de 1949, lo conculcan de manera reiterada en todas las guerras provocadas desde entonces. Actualmente, en Ucrania, Gaza e Irán se dispara y luego se pregunta.
[–>[–>[–>España podrá ser republicana, pero difícilmente confederada, por la simple razón de que el propio Estado peninsular–insular no tiene claro en qué posición multilateral se pone. El ejemplo es el artículo 8 del Tratado NATO. Se hace manitas con China y deja que Irán timbre sus misiles como quien manda una carta con sello del gobernante «amigo».
[–> [–>[–>Quienes viven de la política durante décadas con sueldos públicos de primer orden, a diferencia de la hambruna que pasaban Sancho y Quijano, desean catapultarse a la altura de Salvador Illa: de Madrid a Cataluña como president; Iceta, a la Unesco como pago; y a la señora Celaá, a la Santa Sede. Todas son ínsulas de contraprestación.
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La apuesta por la confederación española la usan y abusan en dos fueros contra España tal que los «duques» en Cervantes, políticos que llevan cuarenta años a mesa puesta deseosos de seguir medrando. Ni el mismo Sancho quiso ser gobernador, tras ponerle un vigilante (médico) para frenar las mordidas y sus comilonas desistió.
[–>[–>[–>¿Cómo no van a tener ansia viva por la independencia sin que nadie les controle? España tiene difícil llegar a ser confederada por la simple relación adversativa de quienes se postulan a ser estado (con minúscula), país o nación, renegando de la paternidad histórica que les da identidad: odian lo español. Quitan la bandera nacional o multan por hablar castellano, teniendo la más alta relación paccionada (autonomía) cuanto más si para entrar en esos «estados confederados» te van a pedir pasaporte, que lo pedirán.
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Luego, no hay confederación de referencia que lleve a una emancipación cuando lo que se promueven son muros de Berlín ante la masiva afluencia de españoles de nuevo cuño y voto, a los que tienen potestad de admitir o echar, según hablen o no su idiolecto por imposición. Estas «naciones» tendrán las competencias en emigración y para más inri son las fronteras con Europa, o sea, nos dejarán pasar o no a Francia.
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[–>España, en particular los afines y disidentes al propio Sánchez, está henchida de varones que ansían su ínsula de Barataria, escuderos que algunos se quedaron por el camino con la «Maritornes» de turno, con los molinos de viento de mordidas, superando la literatura cervantina. ¿Más confederados de lo que estamos es a lo que se aspira?
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Apostar por una España en confederación es optimismo etnológico, sin tener claro el papel de España en Europa y la OTAN vamos de la ceca a la meca, de China a Irán y de emisarios a Nueva York sin que se entere Trump, como al reino de Candaya en la novela de Cervantes.
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