Los expertos se felicitan del descenso de consumo de alcohol entre menores, pero advierten del aumento de los tranquilizantes, y prácticas aún más peligrosas: «Están muy expuestos»
La «Encuesta sobre uso de drogas en enseñanzas secundarias en España (Estudes)” correspondiente a 2025 arroja resultados ambivalentes, según los expertos. Por un lado, sigue bajando el consumo de alcohol entre los menores, quizá por razones generacionales, pero se está incrementando el de otras sustancias, igual de peligrosas o más, como los tranquilizantes, o incluso los psicoestimulantes para uso recreativo, habiéndose detectado incluso un pequeño tráfico de estos fármacos. Los menores están expuestos a prácticas muy peligrosas, debido a un acceso sin control a los móviles inteligentes.
[–>[–>[–>«Es cierto que se reduce el consumo de alcohol, pero sigue siendo muy elevado», cree la psicóloga clínica Teresa Bobes Bascarán. «Hay ciertos hábitos que han cambiado. Para muchos jóvenes, el ocio es quedarse en casa jugando a la play station, pendientes de las redes sociales, lo que trae otros problemas, como la adicción a las apuestas online«, advierte.
[–> [–>[–>Teresa Bobes Bascarán. / LNE
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Para la psiquiatra de menores y adolescentes Elisa Seijo, «los datos de la encuesta son globalmente positivos y confirman que las nuevas generaciones consumen menos sustancias que hace una década, lo cual es bueno. Lo que hay que leer un poco entre líneas es que los problemas no están resueltos, que el inicio en los consumos sigue siendo precoz y que el consumo de alcohol y cannabis mantiene un patrón de riesgo sobre todo en perfiles vulnerables».
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El pediatra Venancio Martínez considera que «determinados hábitos negativos se reducen, pero aumentan, por ejemplo, los juegos de azar a través de internet y crece el consumo de sustancias como las benzodiacepinas, sustancias que pueden creardependenciaa». Según Martínez, incluso se ha detectado «un tráfico entre adolescentes de fármacos para el THD, como el metilfenidato, un psicoestimulante del sistema nervioso central que usan para salir de noche. Se contrarresta luego con las benzodiacepinas, como el trankimazin o el lexatin«.
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Venancio Martínez. / Ángel González
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El pediatra, con consulta en Gijón, resalta que se está detectando un comportamiento diferenciado entre niños y niñas. «Los niños tienden a beber menos y ellas a beber más. Quizá porque se puso el centro de atención en el consumo en niños, al considerarlo más peligroso. Se llega peor a ellas», cree.
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«Los comportamientos sociales se van igualando. Como en el inicio de las relaciones sexuales. Ahora la promiscuidad (tener cinco parejas o más al año) es más frecuente en las niñas», añade Venancio Martínez.
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[–>Por otro lado, «ha disminuido el consumo de tabaco tradicional, pero no los vapers. Uno de cada dos adolescentes aseguran haberlos usado. Por tanto, los resultados de la encuesta Estudes son una alegría a medias«, cree Bobes Bascarán.
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Como en otras ediciones de la encuesta, el de 2025 refleja que las jóvenes se han incorporado con fuerza al consumo de sustancias. «Están a la cabeza del consumo de tabaco, alcohol y también, lo que es más preocupante, hipnosedantes (ansiolíticos o tranquilizantes como el lexatin, diazepan, lorazepan, tranquimazin, orfidal), lo que supone un problema grave, por el aumento de tentativas de suicidio, principalmente con estas sustancias, y porque da idea de la sobreprescripción que existe», cree Teresa Bobes.
[–>[–>[–>«Digamos que, a mayor facilidad de acceso, mayor consumo. Las drogas legalizadas son las que más se consumen. Si la única máquina de tabaco estuviese en el monte Naranco, el consumo de tabaco bajaría drásticamente. El encarecimiento del tabaco y otras medidas han conseguido que el consumo se reduzca el 10 por ciento. Las tabacaleras, para compensarlo, invierte en el cigarrillo electrónico, en una estrategia dirigida a ganarse a los adolescentes, que piensan que se trata de un producto divertido e inocuo, pero no es cierto», añade Bobes.
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Elisa Seijo Zazo. / Miki López
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La psiquiatra Elisa Seijo también cree que «el punto principal es la medicalización del malestar con los hipnosedantes, lo que también hace que se haya incrementado mucho el consumo de hipnosedantes en adolescentes. Es cierto que gran parte de este consumo además es sin receta«.
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Para Seijo, «esto sí que nos debería hacer recapacitar un poco sobre todos los problemas de salud mental en los adolescentes. Se requiere una intervención estructural y no solo puntual. Parece que estamos todo el rato en una crisis, pero esto ya lleva un tiempo y se están consumiendo estos hipnosedantes de una manera muy indiscriminada y con poco control«.
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Esta problemática de la salud mental de los adolescentes creció a partir de la pandemia, que, para la psicóloga Bobes, «fue un catalizador de lo que ya estaba pasando. Se produjo un empatallamiento de los adolescentes y muchos no ha salido de ahí. Las pantallas se han convertido en un sustituto de los padres, y se utilizan para aprender a lidiar con las emociones, las frustraciones. Si aprendernos a regularnos por las pantallas, habrá un déficit de regulación. Para ello necesitamos a otras personas».
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El ocio sedentario trajo otros problemas, como la obesidad y la menor coordinación, consecuencias cognitivas o incluso déficit de autoestima, «porque el adolescente al que se deja solo en su habitación puede pensar que no es importante para nadie».
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Dada esa burbuja en la que viven tantos adolescentes, no es raro el incremento de las apuestas online, que ofrecen inmediatez, anonimato y una vía de escape para anestesiar dolores emocionales, ansiedad o la monotonía de su realidad cotidiana.
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La reflexión final del pediatra Venancio Martínez no puede ser más negativa: «¿Quién debe llevar la iniciativa para luchar contra estos consumos? ¿Los padres y el sistema educativo? ¿Hay que intervenir sobre el modelo social, un modelo social disparatadamente consumista que está poniendo delante de los menores prácticas peligrosas?».
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Martínez ya fue muy crítico con la idea de acercar a los menores la «cultura sidrera«. Ahora remarca que los menores acceden a móviles inteligentes antes de la primera comunión, lo que resulta «un disparate, porque los padres no saben cómo controlar el acceso de sus hijos a contenidos peligrosos».
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El panorama es aterrador. «Hay menores que se inician en los trastornos alimentarios a través de internet. Las autolesiones que estamos viendo en las consultas las aprenden en páginas de internet. El ‘happy slapping’, que consiste en agredir a una persona, mejor si es vulnerable, para grabarlo y difundirlo en las redes, está en aumento. En mi consulta tengo a dos niños de 11 años, uno que difundió imágenes de menores, y otro que fue víctima de una red digital de pedófilos. Hay una patología de las pantallas y del narcisismo«.
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