Los interminables 20 minutos de claxon que denunciaban la maldad de las alimañas de ETA
Fue un crimen especialmente atroz porque, además, demostró la cobardía que muchos vascos sentían hacia ETA. YEl cuerpo del guardia civil Antonio Ramírez Gallardo, ametrallado por terroristas, se desplomó sobre el volante de su coche y tocó la bocina durante interminables 20 minutos, sin que nadie acudiera a socorrerle. Junto a él, su novia, Hortensia, también moría desangrada.
Los pistoleros le habían disparado como “advertencia a los familiares de los guardias”. Era la primera vez que las esposas o novias de los agentes eran blanco de ataques por parte de la banda mafiosa. Más tarde vendrían más, incluidos niños. Ahora, los asesinos están en proceso de blanquear sus fechorías mientras sus víctimas permanecen en las tumbas.
Día de Reyes, 1979. Antonio Ramírez Gallardo tenía veinticuatro años. Su novia, Hortensia González, de veinte años. Era guardia civil y estaba destinado en la localidad de Ordicia.
La pareja salió a divertirse la noche del viernes al sábado y acudió a la discoteca “Domingo” de Beasain, donde permaneció hasta poco después de las dos de la madrugada. En ese momento abandonaron el local, se subieron al coche del agente, un Renault 5 naranja, para dirigirse a sus domicilios. Apenas habían recorrido doscientos metros cuando se detuvieron en una señal de alto en el cruce de las calles Jardines y José María Iturrioz. En ese momento, con el vehículo detenido, dos terroristas se apostaron en los laterales del vehículo y ametrallaron a los dos ocupantes, que murieron en el acto.
Tras el ataque, el cuerpo de Antonio Ramírez, alcanzado por ocho disparos, se desplomó sobre la bocina, que estuvo sonando durante más de veinte minutos, pues en ese tiempo nadie acudió a socorrer a las víctimas. Su novia, con otros diez impactos, ocupaba el asiento del pasajero.
Luego de casi media hora, tres jóvenes que pasaban por el lugar se acercaron al vehículo. Uno de ellos tenía conocimientos de primeros auxilios e intentó ayudar a las víctimas, pero estos no reaccionaron. Subieron a Antonio y Hortensia a dos coches y los llevaron a la clínica San Miguel, en el mismo pueblo. Cuando llegaron, los médicos sólo pudieron certificar su muerte.
Los autores del doble crimen huyeron en un coche que habían dejado cerca del lugar del ataque y en el que esperaba una tercera persona al volante. El coche había sido robado una hora antes a una pareja de jóvenes que se encontraban amarrados cerca de Beasain.
ETA militar asumió la autoría del crimen dos días después del suceso, señalando que el atentado pretendía servir de «alerta a todos los enemigos de Euskadi y personalmente a sus familiares». Era la primera vez que ETA dirigía sus ataques contra una mujer vinculada personalmente a miembros de las fuerzas del orden público. No fue un accidente, ni una víctima no buscada, ya que los etarras dispararon diez tiros contra Hortensia González, dos más que contra Antonio Ramírez Gallardo.
El guardia civil Antonio Ramírez era natural de Tarifa (Cádiz) y llevaba tres años destinado en el puesto de Villafranca de Ordizia. Hortensia, una estudiante de veinte años, era gaditana, del pueblo de San Roque, como su novio. Ambos se habían conocido cuando Hortensia iba de vacaciones a casa de una hermana que estaba casada con otro guardia civil, destinada en el Grupo de Tráfico, y que vivía en la casa cuartel de Ordizia, como Antonio Ramírez. Así había conocido a Antonio, el compañero de su cuñado.
El asesinato de Hortensia causó una fuerte conmoción. A su funeral en San Roque asistieron unas doce mil personas. (con información de Vidas Rotas).
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