Los pájaros de barro que echan a volar
Lo cantaba «El último de la fila». Hablaba el cantante Manolo del «vértice del tiempo». Pero ahora ya estamos en un «vórtice» en el que nos han metido las tecnologías, que no se sabe si están para sanar y luego ser llevadas a las guerras o si funcionan en las guerras para ser llevadas a sanar. ¿Alguien se preocupa en diseñar drones inteligentes con la Cruz Roja? No.
[–>[–>[–>En las imágenes de drones sobrevolando Ucrania, Gaza o Líbano son los «pájaros» los que llevan la escopetas, es la involución del hombre cazador recolector del que venimos. Además, los drones diseñados con computación cuántica insertan detectores con termovelocímetros de temperatura y movimiento. Programadas las coordenadas han de impactar y sesgar vidas, que ni los puentes tienen calor cuanto menos inercia.
[–> [–>[–>La tecnología primigenia nos catapultó a la evolución a través de esa interacción mano-cerebro con la adaptación del pulgar humano, prensil de herramienta incrementando el volumen cerebral. Este aumento cráneo encefálico no necesariamente conllevó más inteligencia y sinapsis social, cada vez prima la individualidad más y la inteligencia brilla por su ausencia.
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La masa encefálica del «homo sapiens» regresa a donde procede, a la mano para activar drones cuya función es matar a distancia en el anonimato, nada que ver con la quijada de burro que cometió el primer crimen de la Humanidad.
[–>[–>[–>«¿Qué es lo que valgo yo?», se pregunta Manolo García en «Como un burro amarrado a la puerta del baile» de los novios Occidente y Oriente. En los mapas se pierden los dueños del mundo, donde navegan y cabalgan como «jinetes de Apocalipsis» queriendo todos montar el caballo blanco de la conquista, hasta Trump se disfraza de Cristo en su perfil.
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Al final, el burro de Manolo García es el caballo negro del hambre, amarillo del fatalismo imperioso de Putin, la sutil cabalgadura roja de Xi Jinping, el Troya al que España se quiere adentrar. ¡Qué incertidumbre, Señor!
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[–>Unos y otros son jinetes de la ambición por facilitar la materia prima de los drones y el software, que es la infame forma de matar a distancia abocándonos al indeterminismo que apunta Karl Pooper. Porque esas máquinas son una extensión de nuestra naturaleza (hombre máquina) desde bastante antes que Darwin. Es decir, el indeterminismo donde adentran a la Humanidad.
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Hablamos de drones asesinos, de pájaros de barro (acero) que echan a volar. n
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