Maldito frentismo
Es lamentable para España que en un momento crucial la polarización extrema haya impedido alcanzar al menos algunos acuerdos mínimos sobre la regularización de los emigrantes. La oposición a esta medida, levantada desde algunas autonomías y con los primeros ecos en los tribunales, está dando lugar a una precipitación en su ejecución que puede arruinar la aplicación de un Decreto fundamentado y prudente, como se desprende de su lectura (que nadie parece haber llevado a cabo). ¿De quién es la culpa por la falta de comprensión? Quizás de todos ellos, pero el caldo de cultivo es un populismo demagógico y simplificador, que parece haber tomado la rueda de la opinión. Si necesitamos emigrantes para que el país funcione, si están entre nosotros desempeñando, por cierto, los peores trabajos, al menos seamos prácticos, ya que el humanitarismo, cristiano o no, parece haber desaparecido.
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