Mari, la utillera de 71 años que pone guapo al Langreo: «Estamos un poco pachuchos, pero vamos a salir adelante»
En el fútbol hay personas igual o más importantes que las que saltan cada semana al césped. Figuras muchas veces en la sombra, de las que no hacen ruido, pero que son claves para sobrevivir y para el correcto funcionamiento de los clubes en su día a día. Y entre las figuras masculinas, que siempre han estado en primer plano en este deporte, las mujeres también pueden llegar a tener un nombre propio. Un buen ejemplo es María Abel Rosario, Mari, a quien conoce todo aquel que ha pasado por Ganzábal. Pablo Pérez, jugador del equipo langreano, lo resume en una frase: «Mari es como la abuela de todos. Es una figura muy importante para el club, tenerla es un regalo para el Langreo, y siempre nos cuida mucho».
[–>[–>[–>La langreana lleva un tercio de su vida –concretamente, 24 años– acudiendo a diario al feudo del Unión. Allí trabaja como lavandera, pero también como utillera. Su marido, conocido como Quirós, estuvo treinta años en el club, hasta su fallecimiento, en 2018. Y ella, que asumió algunas de sus funciones, sigue recordándolo a diario. «Siempre ha estado presente, y esto me sirve para honrarlo», expresa.
[–> [–>[–>Toda una vida dedicada al Langreo
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La langreana entró en el club con 47 años y a sus 71 sigue al pie del cañón. Y su pasión por el Unión va mucho más allá. «Soy del equipo a muerte, significa mucho para mí», expresa. Su padre, Graciano, fue uno de los primeros socios del club, y su hijo, Javier, también lo es. «Lo mamó con su padre y conmigo desde pequeño». Por ello, el momento que vive el equipo, ahogado por las deudas, lo hace todo más difícil. «Estamos un poco pachuchos, pero todo el pueblo está volcado y vamos a salir adelante», confía orgullosa. Mari, que admite que no se esperaba esta respuesta, también ha aportado su granito de arena, y su deseo no es otro que lograr la salvación y acabar la temporada. «Vamos a sufrir, pero no me imagino que este equipo pueda desaparecer. De una manera u otra saldremos. Tengo mucha confianza y además nos vamos a salvar», afirma.
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Mari, en Ganzábal / Juan Plaza
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Mari recuerda como si fuera ayer sus primeros pasos en el club, que fueron en el campo antiguo. «Había que ir con madreñes porque había agujeros con ratones y de todo», repasa. Y desde entonces repite a diario el mismo procedimiento. «Yo pongo a lavar la ropa por la noche y por la mañana la seco para que cuando ellos lleguen de tarde esté todo colocado y preparado. Hago religiosamente todos los días lo mismo», explica. Y cada tarea la realiza con cariño. «De tarde suelo ir a las tres para que cuando ellos lleguen ya esté, y les preparo el café», destaca. La langreana es la encargada del primer equipo, pero también de las categorías inferiores. «Los sábados ya voy a las siete y media de la mañana porque hay entrenamiento», y los fines de semana se lleva el táper a Ganzábal porque hay mucho trabajo. Aunque, eso sí, la peor época del año es el invierno. «Es más complicado porque llueve, ponen más capas y tengo que lavar mucha ropa, pero ya estoy acostumbrada. Para mí es una rutina».
[–>[–>[–>«Es una persona que se merece salir en los buenos momentos del equipo»
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Los futbolistas son los que más agradecen diariamente su dedicación. Lo sabe bien el extécnico del Unión, Pablo Acebal, quien coincidió con Mari en su época como futbolista y también como entrenador. «En todos los equipos, pero más en categorías como la del Langreo, los clubes sobreviven gracias a personas que no salen en la foto», comienza. «Los jugadores y entrenadores son la punta del iceberg, pero la base son los trabajadores anónimos que no fallan y que te hacen el día más fácil arrimando el hombro», indica. Sobre Mari solo tiene palabras de agradecimiento. «Ella es un buen ejemplo, es una persona que se merece salir en todos y cada uno de los buenos momentos que tiene el equipo».
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Para ella, su trabajo «es vida y salud». «Me presta mucho estar con ellos y lo que hago. Me entretengo y hay muy buen grupo. Para mí es como mi segunda familia», destaca, aunque lo que más le gusta es el recuerdo que se llevan de ella, incluso cuando ya no forman parte del Langreo. «Unos van y otros vienen, ya sabes cómo es el fútbol, pero todos los que vienen a Ganzábal siempre vienen a verme. Eso me presta por la vida y es lo que cuenta, es lo más importante». Personas como ella son las que sostienen a los más humildes.
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