Marsella, el último refugio
Libros como este de Uwe Wittstock («Marsella 1940. Los artistas que huyeron del nazismo». Galaxia Gutenberg) son muy necesarios para hacer justicia a personas que lo dieron todo sacrificando su bienestar y arriesgando su vida para salvar la de miles de inocentes perseguidos por los totalitarismos. Varian Mackey Fry fue una de esas personas. Era un periodista norteamericano, corresponsal en Berlín del Living Age durante el ascenso de Hitler al poder, desde cuyas páginas defendía los derechos humanos y denunciaba el auge del nazismo. A su regreso de Alemania, donde fue testigo de la violencia contra los judíos, escribió en el New York Times varios artículos advirtiendo del baño de sangre que amenazaba a los millones de judíos perseguidos. Su conocimiento de estos hechos y de la situación de políticos e intelectuales contrarios al nazismo, decidió a Fry a volver a Europa durante la guerra para organizar en Marsella una sucursal del Emergency Rescue Commitee (ERC), dedicado a salvar de la persecución nazi a políticos, escritores, artistas e intelectuales perseguidos por sus ideas o por sus orígenes, una organización que contaba con el apoyo y la colaboración de Eleanor Roossevelt. Marsella era el único puerto francés no controlado por los alemanes y allí se refugiaron ciudadanos de los países ocupados por los nazis, soldados ingleses derrotados en Dunquerque que esperaban una salida hacia su país, tropas coloniales de Argelia y de Indochina, fugados de los campos de internamiento, socialistas, comunistas, judíos, españoles huidos del franquismo, italianos enfrentados al fascismo de Mussolini, rusos antiestalinistas… en una mezcolanza caótica que vivía en condiciones miserables. Fry se instaló en aquella ciudad de la Francia no ocupada cuya población pasó en pocos días de tener 900 mil habitantes a acoger a 600 mil más, sin que este refugio les sirviera de mucho a partir del momento en el que el régimen colaboracionista de Vichy aceptó un armisticio con Hitler a cambio de perseguir y detener en la Francia no ocupada a los judíos e izquierdistas refugiados en este territorio. Fry tenía un billete de vuelta fechado tres semanas después de su llegada, pero la situación dramática de los solicitantes de refugio y ayuda hizo que se quedara dos años largos en Marsella, entre 1940 y 1942. Los franceses quisieron expulsarlo, conscientes de la importancia de su labor en la ayuda a los refugiados, y presionaron al gobierno norteamericano y al ERC para que lo obligase a volver a los Estados Unidos. Ante esta situación Fry fundó en Marsella el Centre Americain de Secours (CAS) para evitar que el gobierno lo relacionase con el Commitee.
[–>[–>[–>Arendt, Ernst, Matisse…
[–>[–>[–>
El libro sigue paso a paso las circunstancias, las dificultades, los peligros, los sufrimientos de importantes personalidades de la cultura europea a quienes Fry prestó una ayuda sin la cual probablemente hubiesen caído en manos de los nazis. Muchos de ellos pasaron por los campos franceses de Gurs, de Les Milles, de Saint Nicolas, de los que algunos consiguieron fugarse y otros murieron. La nómina es abrumadora. Heinrich y Golo Mann (hermano e hijo de Thomas Mann). Alma Mahler y su esposo, el escritor Franz Werfel, que protagonizan una huida angustiosa en la que perdieron su equipaje con partituras inéditas de Mahler y Bruckner, recuperadas milagrosamente después de un intento de suicidio de Alma. Hanna Arendt, internada en el campo de Gurs, de donde se fugó para huir a pie con sus hijos y con el original de «Tesis sobre el concepto de historia», que le había confiado Walter Benjamin, que finamente perdió. Anna Seghers, escritora judía y comunista, que tuvo que quemar el manuscrito de su novela «La séptima cruz» antes de que lo localizasen sus perseguidores. Victor Serge, huido con su familia de la Rusia de los zares, revolucionario bolchevique que se enfrentó al comunismo estalinista y se afilió a la socialdemocracia. Peggy Guggenheim y Max Ernst, que consiguieron llevar consigo a los Estados Unidos una maleta con los lienzos de muchos de sus cuadros, y ella su valiosa colección de arte con obras adquiridas por poco dinero a artistas en situación desesperada, como Kandinski, Giacometti o Paul Klee. Por las páginas de este libro también desfilan otros artistas que huían del nazismo: los pintores Matisse y Marc Chagall, el físico Peter Pringsheim, los escritores, André Malraux, Gide y Siegfried Krakauer, el escultor Jacques Lipchitz…
[–> [–>[–>Portada del libro “Marsella 1940”, de Uwe Wittstock. / FDV
[–>[–>[–>
Algunos se suicidaron, como Hasenclever y Walter Benjamin, cuya historia se cuenta aquí con detalle (Pág. 184 y siguientes), siempre con una cartera en la que guardaba un manuscrito «más valioso que mi propia vida», según decía (posiblemente «Libro de los pasajes», en el que venía trabajando desde hacía 13 años). Otros, como Franz Schenberner, murieron durante viajes en trenes de ganado repletos de prisioneros, sin sitio ni para sentarse en el suelo, o de frío, como, el escritor Franz Hessel, traductor al alemán de Balzac, Stendhal y Proust. Uwe Witstock sigue muy de cerca la situación de un perseguido prestigioso, Lion Feuchtwenger, escritor judío, autor de obras muy conocidas en la Europa de los años treinta a quien Fry, después de múltiples avatares, consiguió embarcar en un viejo carguero con otros 200 refugiados con destino a la isla de Martinica, a donde llevó el manuscrito de «El día llegará», que escribía durante su huida.
[–>[–>[–>
Se cuenta aquí también con detalle la creación de la Villa Air Bel, una residencia de 18 habitaciones en la que coincidieron muchos refugiados ilustres (André Bretón y su esposa Jacqueline Lamba, Victor Serge, Max Ernst) que el CAS alquiló en las afueras de Marsella, donde algunos refugiados siguieron escribiendo, pintando, creando. El capítulo final de «Marsella 1940» da cuenta de lo que ocurrió con quienes pudieron salvar sus vidas gracias a Varian Fry.
[–>[–>[–>Finalmente, Fry fue detenido y deportado a los Estados Unidos, a donde llegó después de pasar por Madrid y Lisboa. A su llegada, el ERC no reconoció su valiosa labor y el FBI comenzó a vigilarlo por sus relaciones con socialistas y comunistas. Escribió para The New Republic y publicó su autobiografía, «Surrender on demand», además de dar clases de latín, griego e historia. La larga separación de su mujer, periodista del Atlantic Monthly, terminó en divorcio. Se casó con otra periodista, Annette Riley, con quien tuvo tres hijos, pero las depresiones frecuentes que sufría provocaron una nueva separación. Murió a los 59 años, en 1967, de un ataque cerebral. Francia lo condecoró con la Legión de Honor.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí