Menos de la mitad de los rendimientos generados en el ciclo de crecimiento español ha llegado al bolsillo de las familias
España ha registrado en los últimos tres o cuatro años unas cifras de crecimiento del PIB y de creación de empleo que no permiten comparar con el resto de países grandes de la Unión Europea y que están a la cabeza al nivel del resto de la Unión Europea. … grandes economías desarrolladas. Un vigoroso crecimiento macroeconómico del que el Gobierno alardea siempre que puede, pero que tiene un lado oscuro, que es su accidentada traducción a la situación financiera real de los hogares, duramente castigados por la inflación y por las dificultades para recuperar el poder adquisitivo perdido.
La última actualización de los datos de la OCDE sobre la renta real per cápita de las familias revela que desde que el PIB y la renta de los hogares españoles tocaron fondo en el segundo trimestre de 2020, como consecuencia de la pandemia, la evolución de la economía y los recursos reales de los que disponen los hogares no han transcurrido precisamente en paralelo.
Las estadísticas de la OCDE toman como base de comparación el primer trimestre de 2007, justo antes del estallido de la gran crisis financiera que sacudió la economía global y hundió tanto a las economías nacionales como a las familiares. España es, por cierto, uno de los países desarrollados en los que Ha costado más recuperar el nivel de renta real que tenían las familias antes de esa crisis, hasta el punto de que no lo hizo de manera consistente hasta 2024, casi dos décadas después.
El caso es que en términos de PIB per cápita, que mide de alguna manera la distribución virtual entre los residentes de un país de los retornos que genera su economía, la economía española ha recuperado nada menos que 29 puntos porcentuales desde lo peor de la pandemia hasta el tercer trimestre de 2025, último dato proporcionado por la serie de la OCDE. Sin embargo, el crecimiento del ingreso familiar real en ese mismo período ha sido notablemente menos dinámico, mejorando sólo 14 puntos. En otras palabras, de la asignación potencial per cápita de los rendimientos generados por el crecimiento económico experimentado en ese período de cinco largos años, sólo el 48% ha revertido en una mejora del ingreso per cápita de los hogares.
Fuerte crecimiento que no se filtra en los ingresos familiares
Mientras que el PIB per cápita ha mejorado 29 puntos tras el final de la pandemia, la renta familiar real sólo ha avanzado 14 puntos
Puesto en cifras, el PIB per cápita de España se desplomó durante la pandemia hasta el 81% del nivel que tenía a principios de 2007, mientras que la renta de los hogares cayó hasta el 91% de lo que era en ese momento. Cinco años después, el PIB per cápita ya está un 10% por encima de lo que estaba en 2017, mientras que los ingresos reales son apenas un 5% más altos.
Los analistas de la OCDE generalmente atribuyen las discrepancias entre los avances del PIB per cápita y el ingreso familiar real a dos factores singulares: mayores cargas fiscales que se imponen a los hogares y que erosionarían su capacidad para cosechar los frutos del crecimiento y la inflación, lo que también afecta a sus ingresos reales.
En Alemania, que ha tenido un crecimiento mucho más contenido desde la pandemia hasta ahora y que de hecho tiene un PIB per cápita inferior al que tenía en el cuarto trimestre de 2019, la renta familiar real ha avanzado tres puntos desde entonces, lo que refleja una estrategia de protección de la renta de los hogares más exitosa que la de otros países como España, Francia o Italia.
En lo que va de 2025, este fenómeno se ha vuelto a percibir y mientras el PIB per cápita ha avanzado 1,1 puntos, la renta de los hogares apenas ha aumentado 0,9 puntos, posiblemente lastrada por una inflación que ha desactivado las ganancias de poder adquisitivo derivadas de las subidas salariales.
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