MIE, LIMÓN & VINAGRE | Mette-Marit de Noruega: La princesa (com)prometida
El cuento de hadas de la plebeya Mette-Marit Tjessem Høiby (Kristiansand, 1973) es ya oficialmente una novela rusa. O una bola de nieve que baja por la ladera a toda velocidad para estrellarse contra el palacio real de Oslo. La vuelta a la actualidad con más revelaciones de su turbia relación con el pederasta más famoso del mundo, Jeffrey Epstein, una mala salud desde hace años, y el encarcelamiento de su primogénito Marius Borg acusado de múltiples delitos sexuales, han puesto en solfa su futuro como reina consorte de Noruega.
[–>[–>[–>La opinión pública ha asistido atónita a la visita del príncipe heredero Haakon a la prisión para interesarse por el estado del joven de 29 años que ha criado como a un hijo, y que afronta desde la semana pasada un juicio por 38 cargos, entre ellos varias violaciones. La misma ciudadanía ha leído un comunicado firmado por la progenitora de esa ‘perla’, en el que lamenta su propia “falta de criterio” por mantener una amistad con Epstein cuando ya había sido condenado por planificar una red de abusos contra menores en la que participaba la flor y nata del poder planetario. De forma insólita, pues no se prodigan las críticas a la monarquía en voz alta, incluso el primer ministro Jonas Gahr Store reprochó tal conducta. Así no es difícil de creer que más de la mitad de la población del país escandinavo no desee verla en el trono, según las encuestas.
[–> [–>[–>Madre de familia numerosa y comadre de un depredador de niñas. Han acabado por reivindicarse quienes no daban un duro porque la historia de amor de Haakon y Mette-Marit tuviera algún encaje en la institución de la corona noruega. Una joven sin estudios con antecedentes penales por una detención en la India, novia de un hombre encarcelado por tráfico de drogas y que acudió a un programa de citas en la televisión estando embarazada de él. Enamorado hasta las trancas, el primero en la línea sucesoria logró finalmente el apoyo de sus padres, los reyes Harald y Sonia, y la desposó en 2001. Juntos han tenido dos hijos, Ingrid y Sverre Magnus y han capeado multitud de temporales. Algunos motivados por el descarriado Marius, que en el proceso que afronta ha justificado en la sobreexposición a la prensa sus problemas con la ley. Otros por la enfermedad de la princesa, una fibrosis pulmonar que probablemente exigirá un trasplante y que la obliga a aparcar su agenda oficial.
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Ahora mismo, por la relación de ella con el hiperactivo corruptor Epstein, de cuyos tejemanejes se han desclasificado sucesivas hornadas de documentación. Mette-Marit ya pidió perdón en 2019 por su peligrosa amistad con el magnate que se suicidó en la cárcel, que la casa real describió como superficial. Lo ha vuelto a hacer ahora, cuando ha trascendido la existencia de cientos de mensajes entre ambos durante años. En ellos se lanzan elogios, comparten lecturas (Lolita de Nabokov) y críticas a otros royals, flirtean y se aconsejan en cuestiones amorosas. “París es bueno para el adulterio”, le dice ella, cuando el financiero anhela una nueva pareja. Y sigue: “Todavía estoy intentando superar el shock de que estés buscando esposa”. Según los nuevos papeles de Epstein, Mette-Marit le visitó en al menos tres ocasiones, le tenía al corriente de toda su vida y no le abandonó tras la sentencia condenatoria. “Es simplemente vergonzoso”, admitió la princesa en su reciente misiva de autoinculpación.
[–>[–>[–>No cuenta con un gran margen de maniobra el suegro de la princesa en situación comprometida. Harald V cumple 89 años este mes, con escasos visos de jubilarse. Salvo que Haakon decidiera sacrificar su matrimonio y suceder al padre como un rey divorciado, las opciones son ciertamente peliagudas para el actual monarca. Su hija mayor, Marta Luisa, se casó con el chamán estadounidense Durek Verrett, que dice ser la reencarnación de un faraón egipcio. La pareja vendió su rocambolesca boda para hacer un documental en el que ambos criticaron a la familia real, pero ni esos ingresos sirvieron para pagar a los proveedores del convite, que han mostrado las facturas pendientes en las revistas del corazón. Queda la segunda en la línea al trono, Ingrid Alexandra, de 22 años y estudiante en Australia, como candidata improbable. La hija de Haakon y Mette-Marit se ha quejado en las redes sociales del escrutinio a la familia. “No se trata solo de Marius, mamá, papá o Magnus. Son ataques personales que podrían dirigirse a cualquiera”, dice. “Me estoy volviendo loca. ¿Cuándo será suficiente?” Desde luego, la falta de criterio también se hereda.
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