Moncloa reactiva el comodín internacional
Pedro Sánchez es especialista en aprovechar los imprevistos para «coger oxígeno», como admiten quienes le conocen. El golpe militar de Estados Unidos en Venezuela ha activado una operación política en el Palacio de la Moncloa para convertir la agenda exterior española en un elemento de enfrentamiento interno con el que escapar de la difícil situación interna.
Como ya informó este periódico, el Ejecutivo lleva semanas ultimando una serie de medidas y anuncios, especialmente en vivienda y transporte, encaminados a movilizar a la parroquia socialista, y a toda la izquierda en general, para intentar atajar la severa crisis reputacional que sufre tras meses de escándalos de corrupción y acoso sexual. Ahora, el equipo del presidente del Gobierno no va a desperdiciar la oportunidad de intentar sacar de la agenda mediática los temas que más le molestan. Por eso, Moncloa ya ha reactivado el «señuelo» de la política exterior. Si todo el mundo habla de Venezuela, es hora de hacer política con Venezuela.
El plan, explican las fuentes consultadas, es similar al que siguió el líder socialista con la guerra en Gaza. Sánchez quiere liderar en Europa y América Latina la oposición a Donald Trump y lo que significa políticamente la Administración estadounidense, lo que Sánchez vincula a una ola reaccionaria que en España encarna el PP y Vox. Fuentes socialistas con décadas de experiencia internacional admiten que la «beligerancia» de Sánchez, que exhibió en una carta a la militancia socialista, «responde a la coalición de gobierno». [de izquierdas] y a su papel como líder de la Internacional Socialista. «Es necesaria una declaración de condena de lo sucedido. Y hacerlo con los presidentes de izquierdas que quedan en América Latina no es un error», explica un destacado socialista en referencia al duro comunicado que España firmó junto a Chile, Brasil, Colombia, México y Uruguay.
El presidente es consciente de que la cuestión venezolana levanta fuertes pasiones en España. No es casualidad que Madrid se haya convertido en refugio de muchos de quienes decidieron abandonar Venezuela en busca de libertad. «El foco, hoy, en la política internacional afecta estructuralmente a la Unión Europea. Por lo tanto, es Estados Unidos contra la UE. Y eso da al presidente Sánchez una bandera que izar a nivel español y europeo. En las próximas reuniones en Bruselas veremos a varios países, como Dinamarca, Holanda, los países nórdicos, etc., levantar esa bandera. La Unión Europea no puede seguir como hasta ahora», reconoce una fuente gubernamental.
Sánchez intentará de nuevo reforzar su papel de némesis de Trump en el mundo, sobre todo desde que lidera la Internacional Socialista, para contrarrestar su débil situación interna. Porque esa es la gran ambición del presidente del Gobierno: ser un referente en su campo ideológico.
Ya en mayo de 2023, cuando convocó las elecciones generales del 23 de julio tras el fiasco de las municipales y autonómicas, el equipo de propaganda de Moncloa repitió hasta la saciedad el mantra de que el PP y Vox son discípulos del «trumpismo».
El líder socialista logró aguantar en esas elecciones debido a su advertencia sobre esa «ola reaccionaria» que podría marcar el futuro de España si ambos partidos llegaran al poder. Y salió la jugada. Ahora espera que vuelva. Sánchez quiere aprovechar sus conexiones fuera de España para dejar su huella en el PSOE a nivel ideológico. El núcleo duro de Moncloa se percibe como la piedra angular de la «nueva socialdemocracia», casi como el motor de la socialdemocracia occidental: «Es hora de actualizar el socialismo democrático», explican fuentes de la más estricta confianza del presidente. Sánchez ha reclutado gente ajena al partido para alimentar su particular fábrica ideológica: la fundación Avanza que dirige Manuel Escudero. Y, para ello, ha decidido iniciar un período de choque institucional permanente entre el PSOE, su izquierda y todos los nacionalistas y separatistas, por un lado; y el PP, Vox y otras pequeñas formaciones de centroderecha, por el otro.
Sánchez necesita una némesis ideológica global que le permita alimentar la idea de que los progresistas necesitan su proyecto político. Y ese será, una vez más, Trump, con quien el presidente del Gobierno tuvo varios enfrentamientos el año pasado por la negativa de Madrid a destinar el 5% del PIB a Defensa, como se comprometieron el resto de países de la Alianza Atlántica. La carta que el presidente envió el domingo a la militancia del PSOE, a la que pidió lealtad, deja claro que Sánchez se considera un faro en la oscuridad. Busca la confrontación y, por eso, internamente, ondea banderas de política exterior como estrategia de movilización de votantes de izquierda.
En cualquier caso, hay una parte de los socialistas que lamenta que el presidente sea incapaz de elevar la intención de voto con los resultados macroeconómicos y tenga que recurrir a este tipo de artimañas para agitar las calles y politizar asuntos de Estado, como la agenda exterior. Mientras tanto, el Gobierno ataca a la oposición por la postura que ha adoptado frente a la crisis venezolana. Moncloa estima que el ariete externo podría durar varias semanas. Es más, anticipan que puede jugar a su favor de cara al próximo ciclo electoral autonómico que llevará a Aragón y Castilla y León a las urnas en el primer trimestre de este año. Todo vale para resistir.
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