Narcometástasis de México
En México, cada tanto emerge de su espesura la metástasis del narcotráfico para recordarnos su poder telúrico, capaz cimbrar todas las capas de una sociedad que convive desde hace muchos años con este Leviatán moderno, en una habitación tan pequeña, como la propia capacidad de asombro ante el poder que ejercen los cárteles en nuestra vida. Cuando el domingo pasado se terminó con la corta y terrible historia de Nemesio Oseguera Cervantes «El Mencho» (apodo relacionado una apariencia de menso, bobo, tonto) se volvió a repetir la historia de tantos líderes regionales que han sabido suplantar la capacidad del Estado Mexicano, arrinconándolo como un torturador a su presa. «El Chapo» Guzmán, Armando Carrillo «El Señor de los Cielos», «La Tuta», los hermanos Beltrán Leyva, y un largo etcétera, han hecho de México y Estados Unidos una región de alto poder tanto delictivo como económico, consecuencia de nuestro sistema socioeconómico de hiperconsumo en el que las drogas se han convertido en los amargos dulces evasores de nuestros fracasos, realidades y destinos.
[–>[–>[–>Pero las drogas solo han sido el negocio visible (la razón social) de los llamados cárteles, sus múltiples actividades (secuestros, extorsiones, trata de personas, robo de combustible, blanqueo de capitales a través de cantantes regionales, etcétera) han provocado una connivencia estructural sin precedentes en México con gobiernos, jueces, fiscalías, policías, ejército y la propia población, siendo prácticamente imposible dimensionar el alcance de tales organizaciones delictivas. Se teoriza en México que el gobierno no deseaba vivo a «El Mencho» para evitar un juicio que abriera una caja de pandora sobre sus relaciones empresariales y políticas, por ello su muerte durante el traslado a la Ciudad de México deja ciertas suspicacias dignas de atención.
[–> [–>[–>Lo cierto es, que la saña de este personaje (asesinó a un gobernador de Jalisco, atentó contra el actual secretario de seguridad nacional, eliminó a gran cantidad de candidatos políticos a elección como a funcionarios públicos, policías de la Guardia Nacional y miembros del ejército) ameritaba una acción de captura proporcional, que ha dejado un saldo dramático, hasta hoy, de cuarenta bajas tanto del Ejército Mexicano como de la Guardia Nacional. ¿Qué sigue? La historia nos dicta un solo relato: en algunos años volverá a cimbrarse el país con otra captura espectacular de otro capo más eficaz, más sanguinario y más peligroso. ¿Quién va a cambiar la historia? ¿Cómo saldrá México de la metástasis del narcotráfico? ¿Cómo rescatar a una sociedad capturada? Pareciera que las respuestas se ahogan por la misma realidad. Solo avizoro una luz de esperanza muy lejana pero posible por simple: inversión en educación, educación y más educación. n
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