No es momento para despedidas
Cuesta creer que «Medina Azahara» esté viviendo sus últimos capítulos. Y no lo piensa solo quien firma estas líneas: los 1.400 asistentes que llenaron hasta la última butaca del Teatro de la Laboral tampoco parecen dispuestos a aceptar que el final llegue en 2026. En primer lugar, porque dejarían huérfano a un estilo icónico al que solo ellos han sabido dar forma, con esa mezcla de rock cañero y cadencia andaluza, letras que tocan la fibra y una voz, la de Manuel Martínez, que aún se mantiene en plena forma. Tal vez la presión de un supuesto adiós, o la sensación de estar asistiendo a algo irrepetible, hace que todo suene todavía más intenso y preciso.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>En lo sonoro, destacan esos teclados y sonidos lead ochenteros a cargo de Manuel Ibáñez, nombrado en múltiples ocasiones –con toda justicia– como uno de los mejores teclistas de España y Europa. A su lado, Paco Ventura, con sus solos en la Flying V, tocando incluso con los dientes, desata la locura del público en canciones como «Córdoba» o «En el vaivén del aire». Momentos especialmente brillantes se viven en «Solo un camino», donde los fraseos limpios de los teclados debaten con las distorsiones de la guitarra en un duelo brutal. La banda, sencillamente, está en plena forma.
[–> [–>[–>El repertorio recorre distintos temas emblemáticos, incluyendo «Necesito respirar», hasta desembocar en uno de los instantes más emotivos de la noche con «Solo y sin ti», que Martínez dedica a su hijo fallecido. El teatro entero se pone en pie en una ovación larga y sincera. Entendemos que este sea uno de los motivos para colgar los hábitos y lo respetamos; sin embargo, no creemos que vaya a llevarse a cabo. Si Medina Azahara nació en 1979, lo lógico sería esperar al menos a 2029 para celebrar medio siglo de historia. Ahora no es el momento.
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