Otra vez la energía
La historia energética de Europa es, en realidad, una historia de dependencia. Y, por desgracia, también de repetición. En 2022 fue Rusia. Hoy es Oriente Próximo. Y entre medias, una constante: cada crisis geopolítica vuelve a sacudir nuestros precios, nuestra industria y nuestro crecimiento. La semana pasada, en el Parlamento Europeo, hemos vuelto a tener ese debate. El comisario de Energía, Dan Jørgensen, lo dijo sin rodeos: llevamos décadas repitiendo el mismo patrón. La pregunta que quedó en el aire –y que nadie supo responder del todo bien– es cuándo vamos a aprender.
[–>[–>[–>Los ataques en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, han bastado para disparar el barril hasta rozar los 120 dólares y tensar de nuevo los precios del gas. Desde el inicio del conflicto, la factura de importación de combustibles fósiles de la UE ha crecido en unos 14.000 millones de euros en apenas un mes. Europa ha reaccionado con medidas de emergencia necesarias, pero el propio comisario Jørgensen advirtió de algo que conviene no olvidar: «Aunque la paz llegara mañana, no volveríamos a la normalidad en un futuro previsible». Lo que no hemos resuelto es la dependencia estructural de mercados volátiles que no controlamos. Para Asturias, esto no es un debate abstracto. Según el Observatorio Regional de BBVA Research de este mes, ninguna otra comunidad autónoma gasta tanto en energía por cada mil euros de PIB industrial: 25 euros en Asturias, frente a los 3 euros de Madrid. Es la radiografía de nuestro modelo productivo: una industria intensiva en energía que sostiene empleo y territorio, pero que nos hace especialmente vulnerables cuando los precios se disparan. No es casualidad que nuestras previsiones de crecimiento para 2026 se sitúen en el 2%, por debajo del 2,4% de la media nacional. Es estructura económica. Y es ahí donde deben centrarse las políticas públicas.
[–> [–>[–>A eso se añade otro gran asunto pendiente. Empresas, administraciones y agentes sociales fueron unánimes hace unas semanas en una jornada en Gijón: el sistema energético actual no está preparado para lo que viene. El diagnóstico fue contundente: las redes eléctricas son hoy el principal cuello de botella de Asturias. El anillo central sigue sin plazos claros. Las conexiones en el Occidente, imprescindibles para la eólica marina, no avanzan. Sin una infraestructura más potente y flexible, la transición energética corre el riesgo de quedarse en papel mojado.
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Hay, eso sí, un matiz que merece señalarse. Según el último barómetro de AEGE las renovables han actuado como amortiguador y la industria electrointensiva española ha aguantado mejor esta crisis que la alemana, aunque peor que la francesa. Pero cuando se suma al precio de mercado la carga de los servicios de ajuste –más de 20 euros por megavatio hora que Francia y Alemania no pagan–, más los peajes de transporte y distribución y la fiscalidad sobre la electricidad, la ventaja se evapora. Nuestra industria acaba pagando una factura muy superior a la de sus competidoras europeas. Lo que necesitamos no son parches que caducan en junio: son reducciones estructurales de peajes e impuestos, como llevamos tiempo reclamando desde el Partido Popular.
[–>[–>[–>En Bruselas está abierto además un debate que afecta directamente a nuestra industria: la revisión del ETS, el sistema de comercio de emisiones que pone precio al carbono. El mecanismo ha sido eficaz para reducir emisiones en el sector energético, pero la industria reclama cambios urgentes. Con los derechos de emisión rozando los 93 euros por tonelada y una reducción progresiva de los derechos gratuitos hasta su desaparición en 2034, sectores como el acero o el zinc asturiano soportan un coste enorme que sus competidores fuera de Europa sencillamente no pagan. Por eso resulta razonable que los 38.800 millones de euros recaudados por el ETS en 2024 se orienten de forma efectiva a apoyar la transformación industrial, con un marco de reglas claras, estables y predecibles, y no a engrosar presupuestos nacionales. Porque la incertidumbre hoy ya está paralizando decisiones de inversión.
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Asturias tiene industria, tiene talento y tiene historia. Tiene el diagnóstico completo. Y sabe lo que hay que hacer. La pregunta es si vamos a hacerlo a tiempo.
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[–>Lo que necesita la tierrina son condiciones para competir: energía asequible, costes justos, redes modernas y un marco regulatorio estable. Cuando Europa hable de transición energética, no puede olvidar lo que hay en juego para regiones como la nuestra. Porque si no aprendemos de esta crisis, no será la última.
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