PAÍS VASCO REARME | La industria vasca de defensa afronta el cambio de paradigma europeo desde la especialización

La industria de defensa del País Vasco encara el desafío de la Unión Europea para alcanzar su soberanía militar con un sector fragmentado, pero también reforzado por sus capacidades tecnológicas, lo que la sitúa en una posición privilegiada en campos como el aeronáutico o el espacial. Desde empresas vascas salen motores para tanques, pero también los propulsores del Eurofighter -el caza europeo-, fuselajes de otros aviones y helicópteros de defensa o avanzados satélites para la observación terrestre.
El sector del armamento cuenta en esta comunidad con una larga tradición, simbolizada durante años en gran parte por las empresas que se establecieron en localidades como Eibar o Placencia de las Armas, que junto con su denominación en euskera, Soraluze, conserva el nombre de la industria que ha marcado su historia desde siglos atrás. Las antiguas fábricas de cañones desaparecieron hace mucho tiempo y las compañías de armas tradicionales han retrocedido ante el empuje de la especialización y las nuevas tecnologías aplicadas en el campo de la defensa y la seguridad. Hoy, el tejido de las empresas de la región vinculadas a esta actividad está formado por decenas de empresas, en su mayor parte de tamaño menor, pero entre ellas destacan también algunos referentes nacionales, como ITP Aero, Sapa, Sener o Aernnova.
¿Cómo está situada esta comunidad respecto al resto del país para competir en el mundo que viene y que primará la seguridad? Descifrar estas claves es el objetivo de este serial de radiografías elaborado por periodistas de distintos diarios y áreas del grupo Prensa Ibérica.
En el País Vasco, el impacto global en el PIB de las empresas de defensa y seguridad fue de 756 millones de euros en 2023, sólo por detrás de Madrid, Andalucía y Cataluña, según un informe elaborado por PwC para la Asociación de Empresas Tecnológicas de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio (TEDAE). Esa cifra representa algo más del 7% del total nacional de 10.609 millones que el documento atribuye al sector. El dato, calculado como aportación directa, indirecta e inducida, representa el 4,93% del PIB industrial vasco.
Además, las empresas que forman parte de la TEDAE emplearon en 2023 a 8.732 personas en el sector de la defensa y la seguridad en la comunidad autónoma, la cuarta por empleo en esta industria, por detrás de nuevo de Madrid, Andalucía y Cataluña.
Ahora, el cambio de escenario inducido por la amenaza de Rusia y el viraje de EEUU con el segundo mandato de Donald Trump se percibe desde hace meses en este sector, que ha visto cómo en este tiempo las administraciones han dirigido la mirada sobre ellas.
El pasado mes de febrero, en un evento de Nueva Economía Fórum, el vicelehendakari del Gobierno Vasco, el socialista Mikel Torres, subrayó la «oportunidad» que supone el desarrollo de actividad armamentística, que en su opinión va a tener en el futuro un «crecimiento importante», aseguró el apoyo del Ejecutivo autonómico a esta industria e instó a «no tener miedo» de hablar de esa apuesta. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, inauguró también en febrero en Zamudio (Vizcaya) un nuevo centro de fabricación aeroespacial avanzada de la empresa ITP Aero, una compañía que dedica una parte de su actividad al campo de la defensa en el ámbito de la aeronáutica. Y allí, el jefe del Ejecutivo destacó el proyecto como «garantía de futuro tanto para la defensa europea como para la economía de Euskadi y España«.
El presidente del gobierno, Pedro Sánchez, durante su visita al nuevo centro de la compañía ITP Aero. / EFE
La tecnología impulsa a los líderes del sector
ITP Aero es, precisamente, uno de los ejemplos de fortaleza de la industria de defensa. Esta firma concentra la mayor parte de su negocio en el ámbito civil, pero fabrica también los motores del Eurofighter, así como de aviones de transporte y helicópteros militares. Además, participa en el desarrollo de los propulsores del proyecto FCAS, el Futuro Sistema Aéreo de Combate europeo.
La empresa, que logró en 2023 unos ingresos récord de 1.305 millones de euros -un 25% más que en 2022- y emplea a casi 6.000 trabajadores en España y otros países, es propiedad del fondo estadounidense Bain Capital, pero cuenta con participación nacional a través de Indra. La compañía española, controlada por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que aspira a seguir creciendo como el gran referente nacional en tecnología y defensa, tiene en su cartera el 9,5% de la firma vizcaína. La presencia pública se completa, además, con el 6% que atesora el Gobierno Vasco a través de su fondo de inversión.
Aernnova, que al igual que ITP Aero encuadra su actividad en el campo de la aeronáutica, obtiene también la mayor parte de sus ingresos de sus proyectos civiles, pero destaca a la vez por su aportación en el sector de la defensa. Esta empresa con sede en Vitoria, que facturó 875 millones en 2023, un 18,2% más que en 2022, fabrica componentes para el Eurofighter y para aviones de transporte de Airbus o helicóperos. Dispone de centros de trabajo en diferentes partes del mundo y cuenta con una plantilla de casi 6.000 personas.
Helicóptero Airbus Tiger, para el cual Aernnova fabrica fuselaje trasero y componentes del estabilizador horizontal. / Airbus
En el panorama de la industria vasca destaca también Sener, un grupo especializado en ingeniería y tecnología con sede en Getxo (Vizcaya), que también opera tanto en el campo de la defensa y la seguridad como en el civil. Esta firma, que diseñó el sistema de césped retráctil del estadio Santiago Bernabéu, desarrolla tecnologías avanzadas en el sector, como satélites y sistemas de guiado de misiles, además de programas comunicaciones o de navegación autónoma. Su volumen de negocio en 2023 fue de 529 millones y tiene en plantilla a cerca de 4.000 trabajadores en una veintena de países.
Otra de las empresas emblemáticas del sector en el País Vasco es Sapa. Desde su nombre, Sociedad Anónima Placencia de las Armas, esta firma que ahora tiene su sede en Andoain, también en Guipúzcoa, exhibe una dilatada trayectoria que ha ido adaptándose con el paso de los años a las nuevas necesidades. Hoy se focaliza en la fabricación de sistemas de transmisión para vehículos blindados y ha participado proyecto del Dragón 8X8 para el Ejército de Tierra. Sapa, que en 2023 facturó 54,5 millones de euros, un 16% más respecto al año anterior, cuenta además con una importante participación en Indra, que el año pasado alcanzó el 7,94%.
Pero en la constelación de ese sector también hay que tener en cuenta a actores emergentes como Satlantis, una joven compañía que desarrolla satélites de observación terrestre con aplicaciones en el campo de la defensa. Esta empresa vizcaína anunció hace sólo unos días un beneficio neto de 5,3 millones de euros en 2024, casi el triple que el ejercicio anterior, y una facturación de 26,3 millones de euros, un 48% más, lo que le permitió reivindicarse en un comunicado como «la nueva empresa espacial más rentable del mundo«.
Ahora, con los vientos de cola que llegan de Europa, esta industria, envuelta muchas veces en un manto de discreción, parece llamada a erigirse en protagonista del cambio de escenario del proyecto europeo para situarse, a la vez, a la vanguardia del desarrollo económico e industrial.
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