Palestina e Israel innovan en Barcelona en plena guerra
Mientras Oriente Próximo vuelve a arder y los bombardeos marcan la agenda internacional, Barcelona ultima los preparativos del Mobile World Congress, la mayor feria tecnológica del mundo, que este año celebra su vigésimo aniversario en la ciudad. Una cita que no solo exhibe los últimos avances en conectividad, inteligencia artificial o dispositivos inteligentes, sino que también anticipa algo más profundo: el tipo de mundo que queremos habitar en los próximos años.
[–>[–>[–>Este año esa idea adquiere un significado literal. Once empresas emergentes, fondos de capital riesgo y aceleradoras empresariales palestinas participarán por primera vez en el certamen paralelo de emprendimiento, 4YFN. Compartirán espacio con startups israelíes. El criterio del Mobile es conocido y solo excluye a los países con sanciones internacionales formales, como Rusia o Corea del Norte. El resto participa. En tiempos de polarización extrema, sostener ese principio y acoger a emprendedores de ambos territorios no es irrelevante.
[–> [–>[–>Reconforta que incluso en territorios devastados por la guerra y marcados por la inestabilidad, como Gaza y Cisjordania, exista tejido innovador. Que haya ingenieros, desarrolladores, diseñadores y emprendedores que siguen trabajando, preparando presentaciones, afinando algoritmos y buscando inversión es, en sí mismo, una afirmación de futuro.
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En un momento en que la lógica dominante invita a dividir el mundo en bloques irreconciliables, permitir esa participación conjunta no equivale a ignorar el conflicto ni a practicar una equidistancia cómoda. Es evidente que la devastación no se detiene con un stand en una feria tecnológica. Pero impedir que exista ese espacio compartido tampoco aliviaría una sola herida. Es más, significaría aceptar que el derecho a imaginar un futuro puede suspenderse en plena guerra o depender del lugar donde has nacido. Cuando todo se fractura, sostener un espacio común no es ingenuidad. Es una forma de esperanza. Y el mundo que queremos habitar empieza también por ahí.
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