Pelayo Gayol traslada la lucha contra el narcotráfico a la Semana Negra de Gijón
Hay historias que parecen escritas para la Semana Negra incluso antes de convertirse en un libro o en una serie, la de Pelayo Gayol es una de ellas. Durante casi treinta años ha vivido en el lugar donde terminan las investigaciones y empiezan las decisiones que duran apenas unos segundos. Inspector del Grupo Especial de Operaciones (GEO), pasó buena parte de su carrera enfrentándose a algunos de los escenarios más complejos de la Policía Nacional. Primero fueron los años del terrorismo de ETA, después llegaron las operaciones contra el crimen organizado y el narcotráfico. Ahora, aquella experiencia ha tomado forma en «Pelayo. Más allá del límite».
[–>[–>[–>Presentado por el periodista y escritor Carlos Quílez, Gayol no acudió a Gijón a relatar operaciones espectaculares ni a alimentar la imagen romántica de las unidades especiales. Su intervención fue más bien una reflexión sobre el miedo, la responsabilidad y un conflicto que, cuanto más se observa de cerca, menos admite respuestas sencillas. Por ello, el viaje que propone la serie tampoco empieza con un alijo interceptado en un puerto europeo ni con una redada policial. Empieza miles de kilómetros antes, en Colombia, entre montañas cubiertas de cultivos de coca y pueblos donde el Estado apenas tiene presencia. Allí fue Gayol para comprender qué hay detrás de una mercancía que termina recorriendo medio mundo.
[–> [–>[–>«Lo que me viene a la cabeza es la niebla», confesó cuando Quílez le preguntó qué recuerdo conservaba de aquella experiencia. La imagen resume bien la sensación con la que regresó, cuanto más descendía al origen del narcotráfico, más difícil resultaba encontrar respuestas, cada explicación llevaba a otra más compleja y cada responsable aparecía condicionado por una realidad mayor. Porque, según explicó, detrás de la cocaína no siempre aparecen hombres armados ni grandes organizaciones criminales. Muchas veces aparecen agricultores o campesinos que cultivan hoja de coca porque no tienen otra forma de alimentar a sus familias. Personas que plantarían cualquier otro cultivo si pudieran vivir de él.
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En muchas zonas de Colombia los campesinos que cultivan hoja de coca porque no tienen otra forma de alimentar a sus familias. Personas que «plantarían cualquier otro cultivo si pudieran vivir de él», aseguró. El Estado nunca llegó a ocupar poblaciones que terminaron llenando los grupos armados, ellos ofrecen seguridad, controlan el territorio, imponen sus normas y convierten la cocaína en la principal fuente de financiación de toda la población. Por eso rechazó cualquier visión simplista del problema. «No son mala gente», afirmó al referirse a quienes trabajan en esos cultivos.
[–>[–>[–>La conversación regresó después a España y al trabajo cotidiano de un GEO. Quílez planteó una pregunta inevitable, qué siente alguien que sale de casa sabiendo que quizá no vuelva. Gayol negó que esa idea forme parte de su rutina. «No puedes levantarte cada mañana pensando que vas a morir. Sería imposible vivir así», dijo. Lo que existe «es una confianza absoluta en el entrenamiento, en los protocolos y, sobre todo, en el equipo», explicó. En ese momento apareció otra de las palabras que atravesó toda la conversación, el miedo. Lejos de presentarlo como un enemigo, Gayol lo describió como una herramienta imprescindible. «El miedo avisa, obliga a mantenerse alerta y recuerda la gravedad de cada situación, el verdadero riesgo es dejar que te domine», explicó. El miedo más profundo es «fallar a los compañeros», continuó, porque el GEO, insistió, «nunca trabaja desde el individualismo».
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La charla volvió de nuevo a Colombia para abordar una cuestión especialmente delicada hoy en día como es la corrupción. Gayol evitó establecer comparaciones fáciles con España y reconoció que en cualquier cuerpo policial existen casos aislados que representan una parte mínima de la profesión. Sin embargo, explicó que «juzgar con los mismos criterios la realidad colombiana resulta mucho más complicado». Relato como conoció a miembros de unidades especiales que habían perdido a padre, hermanos o asesinados por organizaciones criminales que trabajan bajo amenazas constantes.
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[–>En los minutos finales Carlos Quílez abandonó el papel de entrevistador para mostrar su visión personal del cuerpo, asegurando que, mientras existan servidores públicos como Pelayo Gayol, «los ciudadanos podrán sentirse un poco más tranquilos». El inspector recibió el elogio con la misma humildad y discreción que marcó toda la conversación. Agradeció la invitación de la Semana Negra y confesó sentirse orgulloso de compartir espacio en «su tierra» con escritores y lectores. Quizás porque, después de escucharle durante más de una hora, resulta evidente que la historia que quería contar nunca fue la suya.
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