Pérez de Castro, inédito
En los últimos encuentros en los que le serví de bastón me recordaba las numerosas academias de las que formaba parte. José Luis Pérez de Castro era un nombre familiar en casa, por su vieja amistad con mi padre y tíos. Se le tenía en alta estima, además, por su personalidad rica y brillante, capaz de tocar con soltura distintos palos, desde el profesional hasta el cultural, pasando por el periodístico. José Luis tenía una mirada lista, y una locuacidad que captaba de inmediato la atención por su suave acento occidental, su gracia y erudición. Era un genio contando anécdotas, una tras otra. Y le gustaban en especial las picantes y las que provocaran carcajadas. Pérez de Castro llenaba el espacio donde estaba, y su curiosidad era innata. Cuando tuvo el detalle de acompañarnos a dar tierra a mi padre le vi anotar en una pequeña libreta aquello de Nuberu sobre enterrar la pena en el chigre tras hacerlo con un ser querido. Se lo dije entre lágrimas. A su muerte, el Colegio de Abogados me pidió una nota necrológica institucional, que no me costó demasiado porque hasta lo tuve de incisivo abogado contrario en juicios, de modo que conocía al personaje por alguno de sus costados.
[–>[–>[–>Cuatro años después de su partida, el RIDEA ha tenido el enorme acierto de publicar medio millar de páginas que guardaba en un cajón este prodigioso Goethe de Figueras. Responden todas ellas a su carácter polímata e inquieto. Por ahí desfilan desde figuras históricas a sagas familiares, pasando por minerales sagrados, las higueras, el lino o los libros, otra gran pasión suya en la que se detiene con primor, reparando hasta en su olor o en la amenaza de los que llama bibliopiratas, solo conjurables, dice, permitiendo leer los textos en tu propia casa.
[–> [–>[–>Sobre Eva Canel, la ilustre escritora coañesa, subraya su talante antifeminista pero defensora de la mujer de valía. Y su patriotismo hispanista nada nacionalista, un regionalismo también poco antiespañol, sino entrañado en su alma. Desvela datos biográficos y desmiente otros, recorriendo su intensa peripecia vital por América y España. O su profunda amistad con José Martí, que le hablaba maravillas de su obra al tiempo de censurar la de Clarín, Palacio Valdés o Campoamor.
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Del poeta de Navia, Pérez de Castro da cuenta de dieciséis cartas que alberga su archivo, la mayoría para recomendar a gente. Y remarca que nunca tuvo la menor pasión por su terruño natal, al que no volvió ni para asistir al funeral de su madre. Lo mismo que sucedió con Oviedo, teniendo el feo detalle de no acudir ni a inaugurar el teatro que lleva su nombre.
[–>[–>[–>El pintor gijonés Urbano Cortina; el Feijóo que renunció al episcopado en América para quedarse en el Principado; el sobrino protegido de Campomanes; la asturianidad de Alejandro Mon; el altruismo de los Jardón de Ortiguera o la semblanza del ejemplar religioso avilesino José F. Menéndez componen otras piezas de este rico mosaico, que cada una daría para una publicación independiente.
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Con todo, el mayor valor de la obra se contiene en el millar largo de refranes y dichos del Eo-Navia, y, sobre todo, del desternillante anecdotario asturiano que incluye, buena parte protagonizado por amigos suyos. Ese prodigio de ingenio no puede uno leerlo sin troncharse de risa en cada párrafo. Como el de un matrimonio que tenía tres hijos a los que en su pueblo llamaban el FBI, porque uno era fato, el otro bueno y el tercero inteligente. O el del tipo popular al que un policía municipal sorprende defecando en los soportales del Ayuntamiento y advierte que «voy a dar parte al alcalde», a lo que aquél responde sin inmutarse que, «por mí puedes llevarle toda». O la clienta de la óptica que acompaña a su hija a que le miren «la ratina». Tal vez estamos ante una de las mejores antologías del talento costumbrista asturiano jamás escritas.
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[–>Si la vasta obra publicada de Pérez de Castro merece la pena, no le va a la zaga esta otra hasta ahora inédita preparada por su hija Ramona, sugerida una vez más por Ramón Rodríguez, que escribe en ella un impecable prólogo.
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