Por primera vez hay perspectiva de presencia humana continuada en la superficie de la Luna
Después de más de medio siglo—desde 1972—la La NASA regresa a la Luna con la misión Artemis II. No habrá alunizaje, pero sí constituye un hito simbólico y técnico: la nave rodeó la cara oculta del satélite, realizó una observación durante unas siete horas a unos 6.545 kilómetros de distancia y ahora inicia su regreso a la Tierra.
jose corbellacomunicador científico y periodista de ‘La Vanguardia’, enmarca la misión como un punto de inflexión: «Inaugura el inicio de una nueva etapa espacial«Y añade: «Por primera vez, existe la perspectiva de una presencia humana continua y frecuente (no permanente) en la superficie de la Luna».
La decisión de no pisar la Luna responde a una estrategia deliberadamente gradual. «Cuando se canceló el programa Apolo, se desmanteló todo», explica Corbella. «Y con el programa Artemis tuvimos que empezar prácticamente desde cero: construir un nuevo cohete, una nueva cápsula, nuevos módulos de alunizaje, nuevos trajes.Por este motivo, subraya, «se ha optado por una estrategia de ir paso a paso: una primera misión sin tripulación, una segunda misión para probar la cápsula que llegaría a la Luna y, si todo va bien, dentro de dos años una misión que aterrizará en la Luna».
Respecto a la posibilidad de una base lunar, evita concretar plazos cerrados: «No hay calendario». Y matiza: «La NASA acaba de cambiar su estrategia para ir a la Luna hace menos de un mes. El objetivo ahora es una primera misión en 2028. Si se cumplen los plazos, aterrizar en la Luna y despegar de nuevo y, de cara a la próxima década, la de 2030, empezar a construir una base lunar».
Esa base, advierte, no será permanente en un principio: «No estará continuamente habitada, pero sí se irá, pasará un tiempo allí y regresará a la Tierra». A más largo plazo, «Quizás en la década de 1940 podría haber una presencia humana permanente en la Luna, como la que hay ahora en la Estación Espacial Internacional».
Marte parece aún más lejos. A la pregunta de cuándo podría llegar una nave tripulada al planeta rojo, Corbella es tajante: «Nuestra generación no lo va a ver. Tú y yo no lo veremos», en referencia a Antonio G. Ferreras. Y explica por qué: «No es sólo una cuestión de dinero, es también que las tecnologías para ir a Marte aún no están listas.«. Enumera los desafíos: «No sabemos cómo garantizar la supervivencia de los astronautas en el viaje, no sabemos cómo aterrizar de forma segura en Marte, no sabemos cómo sobrevivir en la superficie ni cómo despegar de Marte y regresar a la Tierra».
Pero, más allá de lo técnico, introduce una duda fundamental: «Hay otra cuestión conceptual que tarde o temprano se planteará: por qué ir a Marte». Y concluye con una reflexión que cambia el foco: «Con lo bien que está la vida en la Tierra… vivimos en ecosistemas. Nuestro cuerpo está adaptado a vivir en el ecosistema de la Tierra, no en el de Marte. «Entonces, antes de que queramos ir a Marte, tal vez deberíamos preocuparnos por proteger mejor la Tierra».
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