Por qué los Bancos Centrales están equivocándose (otra vez) – Rubén Manso
Vivimos en tiempos extraños esquizofrenia económica. Mientras los precios de la energía oscilan al ritmo de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y el mercado laboral, marcado por una escasez demográfica estructural, intenta encontrar su nuevo equilibrio, la bancos centrales Parecen haber decidido que la solución universal es activar la misma palanca de siempre: la del tasas de interés. Esta es una respuesta que, bajo un análisis riguroso, no sólo es ineficaz, sino profundamente perjudicial para la capacidad productiva de nuestras economías.
El error de diagnóstico
La teoría monetaria, en su faceta más técnica y honesta, diferencia claramente entre lo que es un ajuste de precios relativos y lo que es un ajuste de precios relativos. una espiral inflacionaria generado por un exceso de demanda como consecuencia de la abundancia de crédito anormalmente barato. Lo que estamos presenciando hoy no es una economía sobrecalentada por un consumo excesivo, sino una economía que sufre verdaderos cuellos de botella en sus factores de producción: energía y trabajo.
Al aumentar las tasas, el Banco Central Europeo (BCE) ola Reserva Federal (FED) Están tratando un problema de oferta con herramientas de demanda. Es, usando una metáfora gráfica, como intentar apagar un incendio forestal negando oxígeno a todo el ecosistema. Aunque el fuego disminuirá, lo hará a costa de devastar lo que, en condiciones normales, aún estaría vivo. Estamos luchando contra lo que no nos gusta: el aumento de los costos empresariales. deprimir artificialmente el mercado.
Efectos de segunda ronda
La justificación oficial es el temor a los llamados efectos de segunda vuelta. La narrativa instalada es que, si no desaceleramos la economía, los salarios subirán sin control y los precios se desvincularán de los objetivos de inflación fijados por esos mismos bancos centrales, dando lugar a subidas como remedio a las previsiones de subidas que se anticipan. Sin embargo, esta visión ignora una realidad incontestable: La escasez de mano de obra es en gran medida un hecho demográfico de largo plazo. a lo que tendremos que adaptarnos o remediarlo de otras formas. ¿Es inflación cuando los salarios aumentan cuando hay menos gente capacitada para trabajar? O, por el contrario, ¿se trata simplemente de un ajuste de mercado necesario en una economía que debe volverse más productiva, es decir, con más capital y conocimiento, si quiere mantener lo conseguido?
Crisis de deuda en el horizonte
Aquí es donde la reflexión se vuelve crítica. Al aumentar las tasas de interés para combatir shocks que son inherentemente reales y no monetarios, los bancos centrales Encarecen el servicio de una deuda pública que ya es insostenible en muchas economías occidentales. Estamos en un escenario donde el coste de la financiación ha dejado de ser un detalle menor y se ha convertido en el factor determinante de la solvencia de los Estados.
Si la política monetaria continúa utilizándose como una «bola de demolición» para ocultar ineficiencias estructurales, el resultado final no será la estabilidad de precios, sino una crisis de deuda soberana impulsado por una política que asfixia el crecimiento necesario para pagar esas mismas deudas.
Es urgente abandonar esta insistencia en el control monetario de los problemas reales. Necesitamos reformas medidas estructurales que aumenten la productividad, faciliten la inversión en diversas energías y adapten el mercado laboral al invierno demográfico. Mientras sigamos confiando en que el botón de los tipos de interés puede corregir los desequilibrios estructurales, estaremos condenados a un ciclo de estancamiento donde el costo del capital impide las soluciones que la economía necesita desesperadamente.
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