PROGRAMA SOCIAL | Hacia un modelo de vida plena
Siota llegó al Hogar y Clínica San Rafael al cumplir los 18 años en un momento en el que necesitaba un entorno seguro que le permitiera desarrollarse y ganar confianza en sí mismo. Hoy, con 36 años, vive de forma semiindependiente en un piso comunitario del centro, trabaja y mantiene una vida social activa con su familia y amistades.
[–>[–>[–>Desde el centro recibe los apoyos justos que precisa a través del programa Viver, una iniciativa puesta en marcha el pasado año que promueve la inclusión desde un modelo alejado de la institucionalización y orientado a la participación en la comunidad. “Entré en 2008 en este centro y en estos años la vida me cambió totalmente, para mejor. Estoy muy orgulloso de estar aquí”, afirma Siota.
[–> [–>[–>Agustina, integradora social, es la persona de referencia de Siota y coordina este proyecto mediante el acompañamiento en los procesos vitales desde el respeto a los ritmos, decisiones y objetivos personales. El camino no siempre es fácil, tal y como explica Siota sobre su primera oportunidad para ir a vivir al piso comunitario: “La aproveché, solo que aún era, como quien dice, novato. No tenía mucha experiencia y tuve que volver a la residencia, pero me sirvió para reflexionar y darme cuenta de que me tenía que centrar porque en la vida hay responsabilidades. Me puse a trabajar en esos aspectos que debía mejorar”.
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«La oportunidad del piso ha sido como una bocanada de aire fresco que llegó a nuestras vidas”
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Las personas que lo han acompañado desde el centro a lo largo de todos estos años comparten que Siota “ha mejorado mucho en todos los objetivos que se establecieron para que pudiera alcanzar sus metas. Es una persona muy trabajadora y responsable, que necesitaba que le orientáramos para alcanzar su objetivo personal, pero el trabajo lo ha hecho él”.
[–>[–>[–>Agustina Menéndez. Es integradora social y coordina el programa Viver. / Cedida
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Cuando Agustina le pregunta sobre cómo está yendo ahora, desde que hace casi tres años ha vuelto a vivir en el piso comunitario, y qué diferencias hay con respecto a la residencia, Siota responde: “Es muy distinto. En el piso hay más autonomía, libertad, responsabilidad… Hay que hacer las tareas y todas esas cosas relacionadas con la limpieza, la higiene”. También explica que son cuatro los compañeros que comparten el piso y se ayudan en la cocina. “Y si algún día hay algún problema o cualquier cosa, pues hay que sentarse, hablarlo y llegar a una conclusión”, dice con total naturalidad.
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Alcanzar la vida independiente al 100% es su próximo objetivo. Por ahora, sigue contando con los apoyos que necesita, aunque cada vez son menos, dentro del programa Viver. Agustina quiere saber su opinión al respecto. Siota medita su respuesta: “La verdad es que no sé cómo describirlo. El piso ha sido como una bocanada de aire fresco que llegó a nuestras vidas”, dice visiblemente emocionado. Ella no le interrumpe y le deja su tiempo y su espacio. “Tú y Ainara nos estáis ayudando muchísimo tanto a mí como a mis compañeros”.
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[–>Agustina sonríe y le agradece sus palabras: “Para eso estamos. Simplemente es una forma de acompañar para que podáis tomar vuestras decisiones, porque es muy importante poder elegir y decidir”. Esta filosofía, que impregna el modelo de atención de San Juan de Dios, implica que Siota, al igual que sus compañeros, tiene acceso a todos los aspectos relacionados con su vida y el piso que comparten.
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“Acompañar para que la persona pueda tomar sus propias decisiones porque es muy importante poder elegir y decidir”
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Él explica que en este proceso ha aprendido mucho, desde contabilidad hasta ir solo al médico, si hace falta: “Hasta me sorprendo a mí mismo de las cosas que conseguí y jamás pensé que lo iba a conseguir”. Entre esas cosas está el trabajo. Siota decidió formarse a nivel profesional y, gracias a la asociación Aceesca, en Poriño, consiguió su título y un trabajo en una empresa de limpieza.
[–>[–>[–>Pero, como le recuerda Agustina, después de permanecer allí varios años, él decidió cambiar de empresa. “¿Por qué?”, le pregunta. Él cuenta que cada vez se le hacía más cuesta arriba el trayecto en autobús de ida y vuelta desde Vigo, además de que «estaba saturado, tanto física como mentalmente. Bendito ese día en que me animaste a apuntarme a dos ofertas de trabajo, porque yo estaba como bloqueado”. Agustina le recuerda que el trabajo lo consiguió él, pero Siota insiste: “Sí, ya, pero necesitaba ese, ya sabes, ¡venga, Pepe, espabila!”.
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El respeto y la complicidad se entrelazan durante todo el tiempo en su conversación. Se nota que se aprecian de forma sincera por el trabajo que ella realiza y, a la inversa, por el empeño que él pone en todo lo que hace.
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También hablan sobre los planes de futuro y Siota lo tiene claro: “Vivir de forma independiente del todo. Tener mi propia casa o piso y vivir con mi pareja. Seguir teniendo trabajo y, si Dios quiere, si tengo esa suerte, me gustaría casarme”.
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José Siota González. Llegó al Hogar y Clínica San Rafael de Vigo hace 18 años. Hoy tiene 36 y vive de forma semiindependiente en un piso comunitario del programa Viver. Gracias a su esfuerzo y motivación, se ha formado y crecido a nivel profesional y trabaja en el sector de la limpieza.Agustina Menéndez. Es integradora social y coordina el programa Viver, impulsado el año pasado en el Hogar y Clínica San Rafael de Vigo. Acompaña en los procesos vitales de las personas adultas con discapacidad desde el respeto a sus ritmos, decisiones y objetivos personales.
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