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“Quiero inspirar a la gente»

“Quiero inspirar a la gente»
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  • Publishedmayo 8, 2026



Víctor Assenov No habla de motivación como alguien dice una frase aprendida. Él la entrena. Está sudando. Esto se transforma en desniveles, frío, kilómetros y noches de insomnio. En Bulgaria, donde el Giro de Italia ha encontrado hoy una salida diferente, luminosa y popular, Su historia se cuela al margen de la carrera y acaba contando mucho más que una etapa. Assenov Es joven, ciego y el único ultraatleta ciego en Bulgaria y uno de los pocos en el mundo. Cada año participa en más de diez grandes eventos, escalando montañas, corriendo ultradistancias y recorriendo cientos de kilómetros en bicicleta. No está haciendo esto para rellenar un CV imposible.. Lo hace porque su forma de estar en el mundo es tocar sus propios límites hasta darse cuenta de que casi siempre estaban un poco más lejos.

El año pasado puso su nombre en una frontera muy poco transitada. Se convirtió en la primera persona ciega en realizar un Everestel desafío internacional que consiste en acumular, en una sola ascensión, el desnivel positivo equivalente al Everest. Primero lo hizo a pie: 46 horas de esfuerzo, sin dormir, contra la noche, el cansancio y ese enemigo invisible que no es la oscuridad, sino la tentación de detenerse. Luego participó en la primera Campeonato del Mundo de Everesting, Sicilia, esta vez en bicicleta tándem. Víctor no parece hecho para ganarse la vida con sus propias hazañas. Este domingo, en Sofía, coincidiendo con el final de la etapa del Giro, tendrá que afrontar otro reto de enorme significado simbólico: andar en bicicleta normal, sin la protección del tándem, sin un corredor delante, sin esa referencia física inmediata que, en el ciclismo adaptado, suele marcar la diferencia entre avanzar y exponerse al vacío.

La meta estará a unos nueve kilómetros de distancia, y miles de personas se concentrarán en el centro de la capital búlgara antes de la llegada de los corredores de la Corsa Rosa. Nueve kilómetros puede parecer poco en el excesivo lenguaje del ciclismo profesional, donde hablamos de etapas de 200 kilómetros, pasadas encadenadas y diferencias medidas al segundo más cercano. Para Víctor AssenovEstos nueve kilómetros son otra montaña. El que no aparece en el cuaderno de bitácora y tiene más pendiente que muchos picos. La tendencia a dejarse llevar, a confiar en el oído, en el equilibrio, en la memoria del cuerpo, en cada pequeña señal que pasa desapercibida para los demás.

El Giro suele contar historias de campeones, favoritos y maillots rosas. el de Ganador pertenece a otra clasificación. No compite por ganar la etapa ni por entrar en una clasificación general. Su victoria, si consigue superar el reto, será completar este tramo con una bicicleta convencional y hacerlo delante de una ciudad que, hoy, mira la bicicleta con nuevos ojos. Para Bulgaria, el Gran Partenza Ya es uno de esos eventos que no se olvidan. Para él, quizás sea algo aún más íntimo: una forma de demostrar que la bicicleta también puede ser una herramienta de libertad.

Nueve kilómetros hasta la meta

“Quiero inspirar a la gente a creer que todo es posible” Dijo Asenov mientras presentaba su próximo desafío. La expresión podría sonar cansada si no viniera de alguien que lo puso a prueba durante 46 horas sin dormir, en carreras de montaña, en pruebas de ultrafondo y en desafíos que comienzan mucho antes de la línea de salida. En su caso, la inspiración no proviene de una epopeya prefabricada, sino de un simple hecho evidente: cada desafío conseguido amplía el territorio de los demás.

Por eso su historia encaja tan bien en el Giro. EL Córcega rosa Siempre ha habido una especie de viaje interior, una carrera sentimental, un camino abierto a lo inesperado. En Sofíaantes de que pasen los profesionales, antes de que el pelotón cierre otra etapa, Víctor Assenov Intentará hacer su propio Giro. Sin ver la meta, sabiendo perfectamente hacia dónde se dirige.



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